• 31/10/2026 00:00

Neutralidad, algoritmos y seguridad internacional

La historia del Istmo de Panamá, ha estado intrínsecamente ligada a la geografía y a su servicio al comercio marítimo global. En este contexto el Canal, durante más de un siglo ha funcionado como un choke point (Hogan,1986); respaldado a su vez por un blindaje jurídico y político, tanto a nivel interior como exterior: La Neutralidad Permanente y la Ley 19 de junio de 1197. No obstante, en el siglo XXI, los desafíos de seguridad, ya no provienen en exclusividad de elementos visibles (embarcaciones militares o disputas territoriales). En la actualidad, la seguridad internacional experimenta una transformación silenciosa pero profunda, impulsada por la irrupción de las tecnologías disruptivas y la inteligencia artificial (SELA, 2024).

Por tradición, las políticas referidas a la seguridad nacional como internacional, respondían a estrategias o políticas, que funcionaban bajo esquemas de un enfoque reactivo; es decir los Estados reaccionaban ante las agresiones, transgresiones o amenazas, de una manera inminente, sin que se pudiera predecir tales eventos. Hoy día, con el advenimiento acelerado de modelos de predicción, basados en la IA; las reglas del juego en cuanto a seguridad han cambiado por completo. Mediante el procesamiento masivo de datos marítimos, patrones de navegación, comunicaciones digitales e indicadores financieros, los algoritmos ahora estiman probabilidades de riesgo antes de que cualquier incidente ocurra. Esta capacidad de anticipación promete optimizar la ciberseguridad y proteger infraestructuras críticas contra ataques cibernéticos o la delincuencia transnacional organizada.

Aun así, esta informatización de los análisis de riesgo provoca ciertos dilemas. Algunos analistas de la Seguridad Internacional advierten que cuando el acto de percepción de la amenaza es delegado a software informáticos, caemos en el riesgo de caer en lo que se denomina el miedo algorítmico (Márquez Espinosa, 2026). Los últimos, no son elementos neutrales, muy por el contrario, son diseñados por personas y entrenados con datos que pueden contener sesgos o imperfecciones. En entornos sensibles, como el tráfico marítimo de mercancías por las rutas marítimas de preferencias, un falso dato positivo generado por estas nuevas tecnologías entorno tan sensible como el tráfico, podría catalogar de manera errónea a un buque mercantil o a una delegación comercial: como una amenaza probable de ataque, desatando respuestas de excepción o alianzas militares injustificadas (Zuboff, 2019).

Para Panamá, este escenario plantea una interrogante crucial: ¿cómo garantizar la neutralidad ininterrumpida de la vía interoceánica cuando la guerra y la competencia entre potencias se han desplazado al ciberespacio y a la inteligencia artificial?

Las grandes naciones del hemisferio global compiten entre ellas por apoderarse de la mayor cantidad de recursos tecnológicos. En esa carrera titánica compiten agresivamente por el liderazgo tecnológico, buscando controlar las infraestructuras digitales, los centros de datos y las redes de telecomunicaciones que sostienen la economía mundial. Si el Canal de Panamá depende de sistemas algorítmicos desarrollados unilateralmente por bloques geopolíticos en conflicto, la propia percepción de neutralidad de la vía podría verse erosionada. La seguridad de la infraestructura canalera no se limita solo a resguardar sus esclusas de manera física; exige salvaguardar la soberanía digital y garantizar la transparencia de los sistemas inteligentes que monitorean su funcionamiento diario.

Por otro lado, la ausencia de una gobernanza global clara sobre el uso de la IA en la seguridad crea un vacío normativo peligroso. A pesar de los esfuerzos internacionales por promover un uso responsable de estas tecnologías, las principales potencias continentales continúan priorizando sus intereses unilaterales y estratégicos sobre los acuerdos multilaterales. Ante la ausencia de reglas internacionales efectivas, los países del Sur Global deben adoptar una postura proactiva sustentada en el constitucionalismo digital (Celeste, 2022): defender que la innovación tecnológica debe estar sujeta al escrutinio humano, a la protección de los derechos fundamentales y al respeto irrestricto del derecho internacional.

Con el Canal de Panamá se ha fortalecido un estilo de desarrollo dirigido a encubrir todo el país; por lo tanto, su blindaje determina una dinámica dual. De allí que su seguridad no solo encierre el dinamismo de las correlaciones de fuerzas derivadas de las tensiones entre las grandes potencias; sino que abarca desarrollar estrategias en función de una seguridad interna. En la era de la inteligencia artificial, dirimir esa bicefalia requerirá una diplomacia audaz que entienda las dinámicas de la tecnología moderna; pero a su vez también requerirá atender una serie de demandas sociales internas que garanticen la paz social anhelada. La neutralidad del siglo XXI exige capacidades propias de ciberresiliencia (Calder, 2022), una sólida auditoría ética sobre las herramientas algorítmicas de seguridad y la firmeza de no convertir nuestro paso interoceánico en un laboratorio de experimentación militar para la inteligencia artificial. Solo así garantizaremos que el Istmo siga siendo un punto de encuentro seguro, soberano y al servicio de todas las naciones del mundo.

* El autor es Docente de Relaciones Internacionales, UP
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