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- 19/03/2026 00:00
Panamá, el Escudo de las Américas y la Doctrina Donroe
Los últimos gobiernos de Panamá en su política exterior han demostrado muchas inconsistencias y decisiones erráticas en sus relaciones internacionales. Ministerio que ha sido ocupado por el amiguismo, el tráfico de influencias y no por diplomáticos que estén a la altura de Narciso Garay, Galileo Solis o Juan Antonio Tack. Recientemente el presidente Mulino, que también fue ministro de Relaciones Exteriores, participó en una reunión en Miami Florida, titulada “Escudo de las Américas”, convocada por el presidente Donald Trump. El encuentro, diseñado para fomentar la cooperación latinoamericana contra el narcotráfico, evidenció principalmente alineamientos ideológicos entre varios gobiernos latinoamericanos y Estados Unidos, mientras que la discusión sobre estrategias efectivas contra el crimen organizado quedó en segundo plano. Debemos recordar que Panamá se rige bajo el tratado de “Neutralidad Permanente” y por tanto, debe conservar su neutralidad como la mejor estrategia defensiva-ofensiva para el Canal de Panamá, el artículo II del tratado establece que: “Panamá declara la neutralidad del Canal para que, tanto en tiempo de paz como en tiempo de guerra, éste permanezca seguro y abierto para el tránsito pacifico de las naves de todas las naciones en términos de entera igualdad, de modo que no haya contra ninguna nación ni sus ciudadanos o súbditos discriminación concerniente a las condiciones o costes del tránsito ni por cualquier otro motivo y para que el Canal y consecuentemente el Istmo de Panamá, no sea objetivo de represalias en ningún conflicto bélico entre otras naciones del mundo”.
Este intento del presidente Trump de tener gobiernos satélites y presidentes marionetas, no se sustenta en un trato recíproco de respeto entre iguales de naciones libres, sino, de subordinación estratégica a los Estados Unidos, so pretexto, de combatir el tráfico de estupefacientes y el lavado de activos. En la reunión denominada por muchos como el “nuevo bloque de extrema derecha” de América Latina, ya que sin duda alguna el leitmotiv no fue el bienestar económico, ni el narcotráfico de haberlo sido, hubiesen invitados a tres de las mayores economías de América Latina (Brasil, México y Colombia) que igualmente enfrentan graves problemas de narcotráfico, pero ideológicamente gobernadas por líderes “progresistas” que no se someten a los caprichos de Trump. Por tanto, el “Escudo de las Américas es un alineamiento ideológico de gobernantes feudatarios, sin orgullo patrio que en sus rostros evidenciaron una gestualidad defensiva, en la que una sonrisa tensa y forzada operó como mecanismo de contención frente a la arrogancia y prepotencia imperial. Trump con su corolario Donroe, lejos de expresar cordialidad como anfitrión y guardar respeto a los mandatarios invitados, los humilló y las expresiones faciales de los invitados revelaban una subjetividad política marcada por el temor y una obediencia incapaz de articular una respuesta, frente al menosprecio insolente del presidente Trump, cuando señaló que no iba a aprender el maldito idioma español. Actualmente el idioma español lo hablan más de 600 millones de personas en el mundo y es el cuarto más hablado después del inglés, mandarín y el hindi; es cierto que es el lenguaje del colonizador, pero, más allá de su origen histórico, el español forma parte fundamental de la identidad de los pueblos latinoamericanos y constituye un patrimonio cultural de la humanidad. Durante el encuentro, los presidentes analizaron la posibilidad de establecer una coalición militar regional, cuyo propósito principal, según declaraciones de Washington, es contrarrestar la expansión económica y estratégica de China y otros actores externos en América Latina, en el caso de Panamá ya empezó este proceso no sólo con la expropiación de los puertos, sino, con lo simbólico como fue la demolición de un mirador en las cercanías del “Puente de las Américas”. Este “Escudo de las Américas” pretende reforzar la presencia económica, política y militar de Estados Unidos en sectores considerados claves para la competencia global de ahí que sus intenciones no sean comerciales sino de control, dominio y apropiación de recursos naturales estratégicos como: el litio, petróleo, cobre, oro, hierro y la producción alimentaria. En este orden de cosas, la agenda estratégica de la geopolítica estadounidense marcaba la pauta de acuerdo con sus intereses en las que trataron temas concernientes al control de rutas comerciales, redes de transporte marítimo global y cadenas de suministro, la cooperación en materia de seguridad regional (antigua política anticomunista) y la generación de condiciones favorables para incrementar la inversión estadounidense en países latinoamericanos, por eso en este “escudo de las América” hay que diferenciar lo aparente de lo real, el fenómeno del noúmeno como nos enseñó Immanuel Kant.