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- 24/04/2012 02:00
Bajo el paraguas de la corrupción
M eses atrás Panamá se presentaba como el país ejemplo de América, crecimiento económico alto, grado de inversión, una capital moderna y ágil, con un centro de transporte aéreo, centro de distribución portuaria, excelentes comunicaciones, un pueblo acogedor y amable, donde inversionistas, jubilados y turistas afluían atraídos por el país y sus cualidades. Pero la burbuja, sorpresivamente, explotó.
De pronto, la bella Panamá, pasó a la corrupta Panamá. Nuevamente fuera y dentro empiezan a sospechar que nuestras inversiones esconden narcolavado, que los grandes proyectos y grandes licitaciones solo se ganan con coimas y sobreprecios, que la justicia tiene precio. Panamá, gracias a un confuso negociado con empresas italianas, se ha dado la gran exhibida.
Entre lo que dicen indagados en Italia, publicaciones locales e internacionales, nada está claro. Lo que sí parece estar es que en las compras que se estaban gestionando con firmas italianas los empresarios mantenían sobreprecios para o bien cubrir exigencias de funcionarios o allegados, o bien simplemente robárselas los propios promotores extranjeros, aduciendo que eran para funcionarios. La verdad al final no se sabrá. Todos negarán participación en ilícito alguno. Y con un sistema bancario globalizado, imposible detectar a dónde fueron a parar los dineros mencionados.
Como el caso de David Murcia Guzmán, quien, por el dinero que derrochaba y ostentaba, fue visto como exitoso empresario antes de destapar su pirámide cuestionada, igualmente, ahora los italianos Mauro Velocci y Valter Lavítola, supuestamente representando uno al gobierno italiano y otro a una prestigiosa empresa, lograron acercarse al presidente, ministros y allegados del gobierno, recibiendo todo tipo de atenciones oficiales. Pero, como siempre pasa, al convertirse en reos italianos, ahora uno es un drogadicto irresponsable y el otro un simple conocido. Pero el drogadicto y el desconocido mantuvieron excelentes relaciones con miembros del gobierno y al más alto nivel, las fotos y los rostros en las fotos lo dicen todo. Lo triste es que una investigación por corrupción en Italia, ahora manche igualmente a Panamá.
Con mucha pena y vergüenza ajena leí un titular italiano, ‘Italia es corrupta, pero no tanto como Rumania y Panamá’. No sé cómo será Rumania, pero hoy tengo que reconocer que en nuestra nueva democracia hemos recorrido un largo camino corrupto. Desde las denuncias en el gobierno de Endara, de venta de frecuencias, las armas Mini-Max, las armas a Yugoslavia, los alimentos italianos tras el terremoto de Bocas del Toro; pasando por el gobierno del Toro con Speck, Castrellón Henao, visas a chinos; Mireya, donde se le acusó, sin probarse aún nada, en el caso Durodólares, el helicóptero HP-1430, el CEMIS; Martín que convivió con el CEMIS, la remoción de la fibra de vidrio, Murcia Guzmán; y, ahora Martinelli, con Juan Hombrón, Paitilla, los radares, helicópteros, compras directas, compra de simpatizantes, y finalmente Lavítola.
Decía el presidente en CNN (Cala), palabras más, palabras menos, ‘en todo gobierno hay corrupción, en estos momentos en mi gobierno alguien está haciendo algo corrupto, eso es inevitable, pero al que agarremos, lo sancionamos’. Algo de esto es cierto, es muy difícil acabar la corrupción, pero lo que sí podemos acabar es la percepción de corruptos, lograr que la corrupción sea la excepción y no la regla. Hoy, el panameño está convencido de que hay coimas en las licitaciones, coimas en los contratos con el Estado, uso indebido de los fondos para obras comunitarias, uso político de los fondos del Estado para el proselitismo, justicia al mejor postor. Una clase política corrupta y oportunista, buscando enriquecerse y no servir al país. El ejemplo a la juventud es catastrófico, lentamente hemos creado una sociedad donde nadie creerá en nadie.
La cereza del pastel ha sido el caso Lavítola. Ese caso terminó, sean culpables o no los funcionarios panameños, de convencer al panameño de que no importa que tan rico se es al llegar al gobierno, no importan todos los discursos que se digan antes de elegirlos, todos son iguales. Todos los gobiernos sucumben ante la tentación de la corrupción. El pecado del gobierno Martinelli es muy parecido al de la presidenta Moscoso. Ante las denuncias, la respuesta siempre ha sido negar culpas y nadie responsable, ni investigado. Mireya Moscoso me decía que ella no podía separar de un cargo a una funcionaria por solo ser denunciada, tenían que comprobar su culpa y la destituiría. Lo malo de eso es que deja la imagen de que se está encubriendo a la posible culpable, lo correcto sería separarla mientras se investiga. Hoy, Martinelli comete el mismo error, todas las denuncias han sido desechadas como políticas y no ha habido ninguna investigación.
Cierto que Mireya reaccionaba así tras haber visto la actitud de su predecesor, que arrestó injustamente a Miller, Araúz, Amado III y otros, por actuar con no solo separación de funciones sino arresto inmediato, para luego ser encontrados todos inocentes. Un gobierno que a los únicos acusados que se les ha juzgado han sido policías (caso Srta. García, pescadores, Cárcel de Menores), pero a los funcionarios electos y por designación se les ha protegido totalmente. La imagen de un país corrupto, con una clase política que se ha autodestruido, aun hoy los discursos políticos son siempre para desprestigiar al adversario y en esas campañas la más efectiva es acusar de corrupto al partido contrario. Al final, el electorado ha acondicionado su mente para aceptar que los políticos son corruptos, que los designados y electos van a hacer negocio en sus cargos, que van a aprovecharse de sus posiciones, y por eso en las encuestas no marca como un problema la corrupción. Pobre país.
INGENIERO Y ANALISTA POLÍTICO.