• 01/02/2024 00:00

¿Qué país tendremos en el 2029? (II)

[...] el año 2024 viene cargado de presagios poco alentadores. Importante será que los candidatos y candidatas no inviertan tiempo en propuestas intrascendentes ni vagas

Las pensiones y la crisis del agua son los temas que anclarán el debate nacional por varios años, por su magnitud y por la urgencia de encontrarles vías de solución en meses, si no en semanas. Pero, además, como se requerirán inversiones multimillonarias de recursos públicos, que no se sabe de dónde provendrán y cómo las pagaremos, a todos nos deben preocupar en grado sumo; pero especialmente a quienes aspiran a gobernar.

El Estado, para financiar su funcionamiento, depende de los ingresos que recauda al ejercer su potestad para imponer tributos, tasas y contribuciones; de la explotación de sus recursos naturales o de las ganancias que, como el canal, generan las empresas públicas o semipúblicas.

Para el año 2024, con base en su comportamiento histórico, se esperaba contar con mayores ingresos tributarios, mayores ganancias de la operación canalera y, además, con los réditos de la concesión minera. Todas esas expectativas se han desvanecido: 1) los ingresos tributarios para el 2023 fueron inferiores a los calculados y lo mismo ocurrirá con los originalmente estimados para el 2024; 2) la Autoridad del Canal ha anunciado que por haberse reducido los tránsitos se percibirán 700 millones menos; y 3) tampoco se podrá contar con los otros 700 millones que debía pagar la minera.

Pero, adicional a que de la minera no se recibirán las sumas proyectadas, a la columna de los pasivos habrá que agregar los gastos, aún desconocidos, que causará el cierre de la mina y los que puedan resultar de las demandas, la ya anunciada por un monto que ronda los 800 millones, de uno de los accionistas de First Quantum, y las otras que vendrán con toda seguridad.

Con sentido realista, pero principalmente obligado por la contundencia de las cifras negativas, el gobierno tomó la decisión de reducir las proyecciones de los ingresos y, en consecuencia, de los gastos en el Presupuesto para el 2024, que ahora navega en un mar de incertidumbres; aumentadas por las inestabilidades que agrega el proceso electoral en curso, durante el cual, como suele ser una constante, aumentan las cautelas, por llamarlas de alguna manera, del capital y se ralentiza la actividad económica, pendiente de sus resultados.

En síntesis, el año 2024 viene cargado de presagios poco alentadores. ¿Cómo lo enfrentarán el gobierno que termina y el que asumirá el 1 de julio? El actual Órgano Ejecutivo tiene poca o quizá ninguna capacidad para ensayar algo de trascendencia y una vez se desate la campaña electoral, es previsible que su voz baje de tono y que sea su candidato, que no tiene otra alternativa que “venderse como el continuador de un gobierno exitoso”, el que trate de dar las notas altas. Los candidatos de los partidos opositores y los de libre postulación, en ese aspecto, tienen una tarea más sencilla: “venderse como los redentores”. Pero si sus campañas se basan en el simplismo tradicional de solo pregonar el cambio o la sustitución de los actuales detentadores del poder, rápidamente percibirán que la aspiración de la mayoría de la ciudadanía va más allá de desbancar al actual gobierno, pues lo que reclama es que se le convenza de que él o la próxima gobernante tendrá la capacidad, pero principalmente la posibilidad de dirigir el gobierno que el país necesita.

Un consejo sano a todos los aspirantes es que comiencen por jerarquizar los problemas de acuerdo a su envergadura y la importancia que les asigna la ciudadanía, y que pongan sobre la mesa, es decir que las hagan públicas y las sustentes coherentemente, sus propuestas para resolver la crisis del sistema de pensiones y la crisis del agua, y cómo y de dónde esperan agenciar los recursos para financiar esas soluciones, de las que dependerá el país que tendremos en el 2029.

Un segundo consejo, igualmente sano y hecho desde la perspectiva de los ciudadanos y ciudadanas que votaremos el 5 de mayo, es que no se diluyan en temas que, aunque importantes, pero por no tener la misma prioridad, pueden abordarse en etapas posteriores del quinquenio gubernamental.

Importante, por ejemplo, será que los candidatos y candidatas no inviertan tiempo en propuestas intrascendentes ni vagas. Si no tienen propuestas concretas, guardar silencio es lo más prudente. Y que entiendan que a los ciudadanos y ciudadanas que votaremos el 5 de mayo, lo que nos preocupa, ante todo, es que el resultado del veredicto electoral sea un buen gobierno y que para escoger tomaremos en cuenta: Qué proponen los candidatos; pero aún más importante, cómo y con quienes se acompañarán para construir el país que merecemos tener al término del próximo mandato presidencial.

El autor es abogado
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