• 02/02/2015 01:01

Solo queremos justicia

Esa preocupación siempre hay que tenerla al momento de que alguien te haga un planteamiento que huele o se siente a delito

Desde el inicio de los tiempos la mayoría de los gobernantes se han beneficiado por el uso y abuso del poder, ellos y sus más cercanos allegados. Gobierno tras Gobierno durante los últimos 25 años tiene cuentas pendientes sobre la transparencia de sus gestiones y, si los anteriores nos indignaron, estos, los que acaban de salir, han establecido la marca que creo será difícil superar.

Queda uno pasmado con solo pensar en la cantidad de personas (círculos ‘0’ y otros varios círculos alrededor de ese cero), que pareciera han cometido delitos que los lanzaría a la cárcel si la justicia atendiera las investigaciones hasta las últimas consecuencias y hasta el último de los involucrados, por comisión u omisión. Pensaríamos que alguien se hubiera preocupado por sonar las voz de alarma desde adentro de esos círculos. Esa preocupación siempre hay que tenerla al momento de que alguien te haga un planteamiento que huele o se siente a delito.

Los políticos sabios (y de esos hay pocos en este país) también deberían conocer, por ejemplo, todos los encausamientos a figuras de alto nivel —e incluso gobernantes latinoamericanos— que se han dado en los últimos 10 años. Por lo menos debemos asumir que el primer mandatario de la nación tenga a bien, en su estructura intelectual, los desafíos que han experimentado sus similares alrededor del mundo en materia de trasparencia y rendición de cuentas. Y como historia reciente, el caso Watergate, es materia obligada que les debió haber ayudado en el caso de las grabaciones de adversarios políticos.

Es un ejercicio obligatorio para cada político, el conocimiento de la historia política y los desafíos de gobernar ante las tentaciones. (Pareciera difícil para los empresarios que solo piensan en hacer dinero y los tecnócratas que fallan a cada rato en sus cálculos y evaluaciones sobre el entorno). Y es obligatorio que conozcan sus limitaciones, sus más íntimas debilidades como ser humano y sus taras personales; controlarlos para no enredarlos en las cosas del manejo del Estado.

Richard Nixon perdió las elecciones de 1964 por un estrecho margen. Ricardo Martinelli perdió las del 2004 con el 5.3 por ciento de los electores. Nixon ganó su segundo mandato con más del 60 por ciento del voto, Martinelli llegó a la Presidencia con igual margen en el 2009.

A Nixon poco le interesaban los asuntos domésticos de los Estados Unidos, a pesar de lo difícil de los cambios sociales y el rechazo a la guerra de Vietnam. Creía que su legado se lograría en los asuntos de carácter mundial (la apertura con China, sus negociaciones con la Unión Soviética para el tratado SALT 1 (Strategic Arms Limitation Talks) para el control de armamento estratégico nuclear y, entre otros asuntos, sus relaciones con Latinoamérica (Nixon consideraba seriamente la negociación para un nuevo tratado con Panamá que le devolvería la soberanía sobre todo su territorio y entregaría el Canal a Panamá en un tiempo perentorio).

Para Martinelli a nivel internacional la cosa era hacer negocios. En su primer discurso en la ONU en septiembre de 2009 finalizó diciendo ‘We are open for business’. Prefirió la confrontación diaria y los dimes y diretes con cualquiera en la calle, las redes sociales y en los medios. Nixon era un diplomático de educado vocabulario en público pero, como lo revelaron las grabaciones secretas que hizo durante su presidencia, era un boquisucio a cabalidad. Martinelli es un boquisucio. Nixon no debió haber sido perdonado por el presidente Ford. Martinelli debe entregarse a la justicia panameña.

Watergate fue un evento muy complejo que puso en evidencia un sinnúmero de delitos de Nixon y sus colaboradores. Y puso en evidencia ese mundo fantasioso en que se sumergen los que creen tener poder. Si nos molesta el aparente robo incontrolable de los recursos del Estado, lo que lo empeora para mí es la burla, el sarcasmo y la desfachatez que nos retuercen los corruptos en la cara a cada rato, incluso ahora que la marea ha tornado en su contra.

Nixon mostró constricción. En una entrevista con el periodista británico David Frost, admitió que había ‘defraudado al país’ y que ‘me derroté a mí mismo. Les di una espada y la clavaron. Y lo retorcieron con gusto. Supongo que, si yo hubiera estado en su posición, habría hecho lo mismo’. Nosotros solo queremos justicia.

COMUNICADOR SOCIAL.

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