• 25/03/2012 01:00

Escondiendo los defectos, se resaltan las virtudes

D espués de tanta polémica hubiese preferido no manifestar mi opinión sobre el tema de las hidroeléctricas; sin embargo, luego de leer a...

D espués de tanta polémica hubiese preferido no manifestar mi opinión sobre el tema de las hidroeléctricas; sin embargo, luego de leer algunas cosas que han despertado en mi un cierto grado de preocupación, he estimado prudente hacerlo; si no otro, para tratar de aclarar conceptos.

En efecto, lo primero que me preocupa sobre este argumento es que, aludiendo un pretendido ineludible factor de desarrollo, pareciera existir una sutil, insinuante, casi invisible, campaña tendiente a preponderar las bondades de la construcción de hidroeléctricas, omitiendo o minimizando sus inconvenientes, y en segundo lugar, y no por ello menos importante, como consecuencia, de lo que pareciera ser la implementación de una subliminal cruzada para demonizar a nuestros indígenas que luchan por salvar su hábitat.

Resulta evidente que cuando las hidroeléctricas se conciben conforme a los intereses de la población y de acuerdo a su adecuado impacto ambiental y social pueden constituir importantes instrumentos de desarrollo, pero resulta también innegable que, en muchos casos, esconden peligrosas consecuencias, por lo que, independientemente de las ambiciones de lucro, deben ser evidenciadas con la misma preponderancia.

Entre los factores de la operación en acto, por cierto muy bien orquestada, me parece intuir que se destacan algunos mitos, exageraciones o suposiciones tendientes a engañar la consabida ingenuidad de incautos sectores de la opinión pública con calculadas promesas de ilusiones para una más accesible y mejor calidad de vida y de progreso. Tal pareciera que saber proteger nuestros recursos naturales no fuese ya una demostración de avance.

El argumento más utilizado es el de que las hidroeléctricas son fuente de grandes beneficios para las comunidades. Aunque esta afirmación, en su intención prevé generación de mano de obra y de empleos, la creación de vías de comunicación, etc., con sus consecuentes provechos, esto no siempre es así.

Para conseguirlo es imprescindible una previa y seria planificación que facilite un manejo heterogéneo y comprobado de los recursos, cosa que generalmente no se efectúa. De experiencias comprobadas, ampliamente documentadas, se conoce que frecuentemente se verifican un traslado humano no requerido de la población existente; el establecimiento, comúnmente incontrolado, de nuevos asentamientos en el área, con la posibilidad de graves conflictos sociales; limitaciones de la población al acceso al agua y a los productos bióticos; cambios radicales en la agricultura habitual y en la pesca artesanal y el aumento de enfermedades como el dengue y la malaria a causa del estancamiento del agua, entre otras cosas.

Otras de las principales argumentaciones esgrimidas son que con la construcción de hidroeléctricas se conseguiría en nuestro país energía menos cara y que, de no hacerlo, ésta aumentaría de precio.

A todas luces, en el inmediato futuro, esto es difícil, pues en la actualidad en Panamá la oferta de los principales tipos de energía (hídrica y térmica) supera la demanda, razón por la que no existiendo una enorme disparidad entre la oferta de estas, ni entre el costo de ellas, no es mucha la diferencia en las licitaciones, por lo que no se justificaría un aumento del precio y dudamos que los oligopolios tengan la intención de bajarlos.

Pero, sobre todo, porque siendo en estos momentos muy atrayente el mercado internacional de energía, tal como opinan algunos conocedores de la materia, la gran mayoría de la energía producida con las nuevas hidroeléctricas no sería para bajar los precios locales, si no más bien para complacer la avidez de intereses no nacionales.

También el argumento de que Panamá corre el riesgo de quedarse en el próximo futuro sin la cantidad de energía requerida para sus necesidades es bastante forzado, porque existen otras fuentes que, o no han sido lo suficientemente aprovechadas o que son prácticamente vírgenes en nuestro país, tales como el potencial eólico, de las plantas solares industriales mixtas, de plantas mareomotrices o de la biomasa, solo por citar algunos ejemplos de potencial diversificado. Asimismo, cabe recordar que la mejor manera de abaratar los costos energéticos es el uso racional y equilibrado de la energía, cosa que en nuestro país sucede sólo raramente.

Por otra parte, resulta oportuno resaltar que en el mundo entero como consecuencia de la agricultura industrial, el riego por inundación, los vertidos tóxicos, la construcción de presas monumentales, la contaminación urbana y ambiental, la destrucción de humedades y bosques, etc., se registra una alarmante contaminación, desviación y vaciado de nuestras fuentes de agua dulce, que ponen en grave peligro la que es definida como nuestra ‘fuente de vida’, o sea, el agua.

De la misma manera, aunque expresando mi reticencia al uso de actividades ilegales o violentas como medios de protesta que se interponen a los derechos de otros, deseo comprender las razones de los indígenas en una época en la cual las acciones de resistencia pasiva parecen haber perdido su real significado, debido a la desigualdad económica y oportunidades proselitistas. Es explicable, entonces, debido a las mentiras, humillaciones, el incumplimiento de compromisos adquiridos y del muro de incomprensiones hacia su legítimo derecho de defender una causa que debería ser la razón de todos los panameños.

MÉDICO VETERINARIO. EXPERIENCIA DIPLOMÁTICA FAO, IFAD, WFP.

Lo Nuevo