• 28/04/2021 00:00

La sapiencia del general

“Hoy, más que nunca, es importante que, en lo referente al Canal de Panamá, nuestro pueblo mantenga la unión de propósitos que desde 1903 ha distinguido a cinco generaciones de panameños”

En el devenir de nuestro recorrido histórico del Siglo XX, destaca el proceso de 97 años que inicia un 3 de Noviembre de 1903 y concluye al mediodía del 31 de diciembre de 1999, hora y fecha en que el Gobierno de los Estados Unidos de América transfiere al Gobierno de la República de Panamá “el Canal de Panamá, junto con los inmuebles conexos, las mejoras inamovibles ubicadas en los mismos, el equipo relacionado con el manejo, operación y el mantenimiento del Canal de Panamá, y los activos en efectivo correspondientes de la Comisión del Canal de Panamá”. En ese momento culmina un camino recorrido por cuatro generaciones de panameños, durante el cual Estados Unidos de América construyó y operó el Canal de Panamá, al amparo de la perpetuidad impuesta por la Convención del Canal Ístmico de 1903 (Tratado Hay-Bunau Varilla), lográndose sucesivas revisiones de ese Tratado, mediante los Tratados de 1936 (Arias-Roosevelt) y 1955 (Remón-Eisenhower), y su derogación definitiva con la ratificación por ambas naciones del Tratado del Canal de Panamá de 1977 (Torrijos-Carter), con su ordenado proceso de transición y planificación, que incluye el Título XIV introducido a nuestra Constitución Nacional, en lo referente al Canal de Panamá.

Al general Omar Torrijos Herrera se le alinearon los astros, y tuvo la sapiencia para aprovecharse de la coyuntura histórica que supuso el surgimiento y constitución del bloque de Países No Alineados; los trágicos sucesos de enero de 1964, con su secuela de sangre derramada por los mártires; la Declaración Conjunta de 1965 y el proyecto de Tratados Tres en Uno (1964-1967), cuyos avances sirvieron de base y dejaron la mesa servida con el contenido medular formalizado por los Tratados Torrijos-Carter; y la elección de James Earl Carter, Jr. como trigésimo noveno presidente de los Estados Unidos de América, por el período 1977-1981.

Quienes vivimos la etapa final de este proceso histórico, hemos sido testigos de la transformación que significó para nuestro país la reversión iniciada a partir de 1977, cuyo legado incluye la conversión de antiguas áreas militares en puertos, que hoy día hacen de nuestro país el más importante centro logístico marítimo de la región; la Ciudad del Saber, con sus centros educativos, de innovación, y oficinas regionales de ONG y organismos multilaterales, destacando entre estas los distintos programas de las Naciones Unidas, hoteles, aeropuertos, terminales de conectividad terrestre, el centro comercial más importante de la región, un nuevo centro de convenciones en la ribera del Canal, el puerto de cruceros y marinas privadas, el Área Económica Especial Panamá-Pacifico, el puente Centenario, la futura Línea 3 del Metro, ofertas de soluciones residenciales, que abarcan el amplio espectro de las distintas clases |sociales panameñas, campos deportivos, parques boscosos, que son el deleite de propios y extraños, y tantos otros adelantos, que quizás hoy los damos por sentado, sin valorar o comprender el sacrificio que conllevó a cuatro generaciones la incorporación de estos bienes y áreas al activo nacional.

Es por ello que llaman poderosamente la atención las voces del neopopulismo regional que repican sus adláteres criollos, apuntando hacia la Autoridad del Canal de Panamá (ACP) y el Canal de Panamá, bastiones de nuestra maltrecha institucionalidad nacional. Seguro los mueve su intención de replicar en nuestro istmo su fracasado modelo político social implantado en otras naciones hermanas, con su secuela de destrucción social generalizada, ante la cual ya han sucumbió Pdvesa en Venezuela y Pemex en México, hoy día meros cascarones de su otrora grandeza, víctimas ambas de la rapiña política.

En persecución de su avieso propósito, nuestros neopopulistas afirman, sin el mínimo rubor, su cantaleta de que “el Canal debe ser para el pueblo”, obviando lo evidente, que ya nuestro pueblo es dueño del Canal de Panamá, gracias al empeño y norte de cuatro generaciones de panameños. Conviene recordarles a estos demagogos que como país hemos ampliado y seguimos modernizando el Canal de Panamá, transformado hoy en una institución comercial de primer mundo, que ha incrementado su aporte anual al Estado de 100 millones en el año 2000 al umbral de los 2000 millones para este 2021. Estos fondos se asignan en su totalidad a programas de beneficio social directo, mediante partidas incluidas en el Presupuesto General de la Nación.

En su momento, el general Torrijos supo “tragar sapos”, reconocer y advertir que el Tratado del Canal de 1977 nos colocaba bajo “el paragua del Pentágono”, en evidente referencia a la Reserva De Concini, introducida por el Senado de los Estados Unidos de América como condición a su ratificación. Esta condición contractual establece que “si el Canal fuere cerrado o sus operaciones fueren obstaculizadas, los Estados Unidos de América y la República de Panamá tendrán el derecho de tomar las medidas que cada uno, actuando independientemente, considere necesarias, de conformidad con sus procedimientos constitucionales, incluido el uso de la fuerza militar en Panamá, para reabrir el Canal o reanudar las operaciones del Canal, según fuere el caso”.

Los dramáticos sucesos vividos en la ruta del Canal de Suez hace escasas semanas, a consecuencia del accidentado tránsito del megaportacontenedores “Ever Given”, aunado a grandes retos que afronta la humanidad en materia de cambio climático, preservación de los recursos hídricos del planeta, y la transformación de la producción comercial y energética mundial, entre otras consideraciones, hacen resonar en mi mente la atinada advertencia del general Torrijos. Hoy, más que nunca, es importante que, en lo referente al Canal de Panamá, nuestro pueblo mantenga la unión de propósitos que desde 1903 ha distinguido a cinco generaciones de panameños.

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