El entrenador panameño dio su perspectiva sobre lo que podrá hacer Panamá dentro de la Copa del Mundo
- 26/09/2013 02:00
‘Nada que ocultar’ de Gloria Young
Encuentra más de nuestra cobertura en los resultados de búsqueda.
Agrega La Estrella en Google ↗️Como una raíz que en lugar de hundirse en los abismos de la tierra húmeda buscara trepar por un tronco robusto hasta dar con el aire abierto e irrumpir en él, así las mujeres que confrontan la tragedia en Nada que ocultar, de la poeta panameña Gloria Young, son hierba de huerto, fruto de selva, humanísimas bordadoras del día a día, con sus tragedias, con sus proezas y amores constantes, nacientes, devastados.
Si las imágenes son huracanadas, la voz es tibia. Cuando se exaltan los sonidos y los secretos rugen, el acento poético recae en el hipo universal que provoca el dolor inevitable; cuando el vendaval de las palabras se enterca en la denuncia del agravio, el susurro de la ternura resurge en la animosidad de las madres históricas, las intrépidas hacedoras de caminos. Las figuras de este poemarios tan nocturno como una bóveda nublada y sin estrellas y tan diurno como una bandada de pájaros al amanecer son aéreas, remiten a vientos y torbellinos, hojarascas y lluvias, velas desplegadas. La fluidez del lenguaje, casi como si fuera el fiel de la balanza de un sinnúmero de musas, hermanas, madres, hijas, sobrinas evocadas, ofrece una emoción que se renueva y aviva la esperanza. Pocos versos conceden una supremacía a la crueldad del amor romántico; el tono desafía las convenciones.
Gloria Young es una de las voces femeninas de Centroamérica. Húmeda de trópico, su palabra es también política. Marítima, es también denunciante de las condiciones ecológicas de las bananeras y las selvas taladas, de la herida profunda de ese Istmo de Panamá que se convirtió en canal, herida suturada que vincula Asia con Europa, océano con océano, pasando por la carne sobreviviente de América. Por sus versos pasan las fayucas de vajillas y telas, las noches de amor, el deseo de construir otro mundo. Todo puede ser arrasado por una lluvia torrencial, todo puede renacer como monte, a la vez que todo permanece en el recuerdo que labra el futuro: ‘agua agua agua agua/ de todas partes el agua se confundía/ con el canto de las piedras muertas/ —el presente aflorando del pasado—’.
Como su amado Chiriquí Viejo, —río que se hace región, ciudad, territorio y refugio— las mujeres que sus poemas evocan atrapan frutas, envuelven esperanzas, son redondas gestadoras. Cultivan sus amnióticas estancias tanto como unos anhelos de fuga, en todo semejantes a empeños de libertad. Los mismos colores del amor, en ellas, se reflejan en puertos y ferias: Gloria Young no tiene nada que ocultar del conocimiento que ha ido construyendo de la complejidad femenina, de la palabra que interrumpe el monólogo de la cultura tradicional, tan aburridamente hecho de imágenes de fuerza viril y de hipervaloraciones de sus violencias. Las lánguidas orquestas de tiempos ardientes y pasados en sus palabras dan paso a casas, pozos y palmeras preñadas. Las codicias se vuelven empeños, las drogas que se trafican en el puerto de marineros fantasmas son derrotadas por el esfuerzo de mitos sorprendentes.
El aire que alcanza para todas, que se reoxigena en la selva e ilumina el aire tras la lluvia, es un aire a respirar a plenos pulmones cuando el amor se acaba y asfixia. Las imágenes de la pasión en este poemario rebelde y consistente, femeninamente constructivo, tienen una sonrisita maliciosa en la comisura de su decirse: ‘No dejo rastro de lágrimas/ ¿para qué?/ de todas formas las pipas se harán coco en las palmeras/ y las flores de la reina se abrirán lastimando la mirada/ con su destello amarillo/ incandescente/ Yo siempre alcanzo el mar/ por la persiana de mis ojos’. De todos los fracasos de la vida cotidiana la pulsión poética de Gloria Young recupera los instantes de luz, haciéndose tránsito, título de libro, vida despierta.
ESCRITORA E INVESTIGADORA SOCIAL ITALIANA.