La campaña para la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Colombia es la más áspera que recuerde el país, marcada por profundas divisiones...
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Agrega La Estrella en Google ↗️A plena luz, la inocencia fue acribillada. En las inmediaciones en una escuela, en el sector de La Locería (Betania), el rugido de una motocicleta y el estruendo de las balas silenciaron abruptamente el futuro de una niña de 10 años y la vida de su familiar. Este doble homicidio, perpetrado a sangre fría contra un vehículo donde viajaba una familia, no representa una simple estadística criminal; es el reflejo cruento de una violencia desbordada que ha perdido el más mínimo escrúpulo. La inseguridad en Panamá ha mutado trágicamente. El crimen organizado y la modalidad del sicariato, antes confinados a las sombras, hoy operan con alarmante impunidad en zonas residenciales y áreas escolares. ¿Qué mensaje envía un Estado cuando resulta incapaz de garantizar el derecho humano fundamental a la vida de los más vulnerables? Como sociedad, es inaceptable normalizar esta barbarie. La tolerancia cero frente a la criminalidad y la corrupción que le permite operar deben transformarse urgentemente en acciones inquebrantables. Exigimos a las autoridades de seguridad y de justicia resultados contundentes, no meros pronunciamientos de luto. El sistema falla cuando las calles se vuelven campos de tiro y la institucionalidad mira hacia otro lado. La justicia tiene la obligación ineludible de aplastar esta impunidad. Si el Estado no desmantela estas mafias y recupera el control de las calles, será la violencia la que termine dictando el destino definitivo de nuestra sociedad.