La exmagistrada colombiana habla sobre el rol de contrapeso del periodismo, el derecho al olvido, reformas constitucionales y los desafíos de nuevas tecnologías...
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Agrega La Estrella en Google ↗️Las grandes rutas migratorias ya no se anuncian en mapas ni se organizan en terminales. Hoy comienzan en una pantalla, bajo la apariencia inocente de un video, una cuenta anónima o un mensaje que promete lo que nadie puede garantizar: una frontera dócil, un trayecto seguro, una llegada sin obstáculos. La mentira está cuidadosamente construida. Tiene imágenes, instrucciones, contactos y precios. Parece información. En realidad, es la puerta de entrada a un negocio que convierte la desesperación en mercancía y a los migrantes en clientes de una ruta que puede terminar en el mar, en la selva o frente a un muro. Ceuta volvió a mostrar el alcance de estas convocatorias digitales. Panamá conoce bien el mismo mecanismo. Durante años, el Darién fue ofrecido como un atajo posible, casi administrado, mientras las mafias borraban del relato los ríos, el barro, los robos, las violaciones, el hambre y la muerte. Niños y mujeres, familias enteras murieron en la travesía. No es solo desinformación. Es captación organizada. Es tráfico de personas adaptado al lenguaje de las plataformas, con publicidad, intermediarios y cobros. Los gobiernos suelen reaccionar cuando la multitud ya llegó a la frontera. Las plataformas tampoco pueden alegar neutralidad mientras sus algoritmos amplifican mensajes que empujan personas hacia el peligro. Migrar no es delito. Engañar y lucrar con la necesidad ajena sí. Y debe tener consecuencias reales.