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08 de May de 2021

Redacción Digital La Estrella

Opinión

El buen ciudadano

H ay libros que te buscan y llaman, que esperan por ti, pues su texto ansía un lector apasionado que se enamore de su trama. Y eso me oc...

H ay libros que te buscan y llaman, que esperan por ti, pues su texto ansía un lector apasionado que se enamore de su trama. Y eso me ocurrió con la magistral obra de William Ospina En busca de Bolívar. He leído muchísimos ensayos y biografías en torno al ‘Buen ciudadano’, pero ninguno me ha emocionado como la lectura poética, metafórica y humana del autor de Ursúa y El país de la canela.

Y es que su estilo te seduce, descubres al hombre detrás de la leyenda y el mito, de sus desgracias y triunfos, de sus debilidades y aciertos. El vértigo se encarnó en él. Al leer En busca de Bolívar sentí una conmovedora cercanía con el hombre que vivió grandes fuegos existenciales.

Francisco Herrera Luque me conmovió con su libro Bolívar de carne y hueso, ahora con William Ospina sufro y lloro, río y sueño, mi alma es un torbellino de sentimientos en contrapunto.

En sus 253 páginas dialogo con otro Bolívar, el de todos los días, el hombre común, sin artificios ni maquillajes, de delirios y pesadillas, de claudicaciones y de enterezas titánicas, siempre galante y enamorador, odiado y amado, de una inmensa ternura por su negra Hipólita y su leal José Palacios.

Su encuentro con Simón Rodríguez, Humboldt, Napoleón, Francisco Miranda, Pío VII, José de San Martín, Manuelita Sáenz, Fernando VII, Pablo Morillo, Boves, Sucre, Páez, Santander, Petion, son imágenes inolvidables, de un Bolívar que nos asombra con su capacidad para reinventarse ante cada infortunio.

Bolívar es el héroe del Romanticismo, el Quijote de carne y hueso de Cervantes, el Hércules admirado por Lord Byron, el incomprendido por Marx, el cantado por Neruda y narrado por García Márquez, el Emilio de Rousseau, el visionario de la Carta de Jamaica, el profeta de esa América que es otro mundo.

En busca de Bolívar confronta al hombre implacable, estoico en las penalidades, impulsivo y colérico, incansable en las campañas, audaz y sagaz tanto en el combate como ante los peligros incesantes a su integridad física y moral.

El Libertador tuvo que aprenderlo todo desde la adversidad, derrotado y humillado una y otra vez, nunca desmayó ante la traición y la ignominia, superó todos los imposibles, cruzó los Andes con un ejército de fantasmas, su vida es un drama cósmico, una odisea inédita, el misterio de su energía vital.

El estadista que fundó cinco repúblicas, que liberó a millones de seres humanos de la servidumbre colonial, que luchó por la libertad de un continente, ese hombre de las mil dificultades sigue viviendo en cada ciudadano que reclama sus derechos, que es radical en sus principios, es el contestatario que rechaza las concesiones burocráticas.

Bolívar, como nigromante, se liberó de las estatuas y de los mármoles, de las academias y homenajes retóricos, hoy camina con los campesinos e indígenas, lucha contra la discriminación y por un hábitat humanizado, levanta la bandera de la justicia social, de la democratización de la enseñanza, combate la corrupción de los actuales mantuanos, lucha contra los imperios y trasnacionales que globalizan la miseria, su espada se opone a los totalitarismos de izquierda y derecha, su obsesión es la unidad continental como garantía de nuestra independencia. Ese Bolívar está más vivo que nunca.

Referencia Bibliográfica. Ospina, William. En busca de Bolívar/Bogotá: Editorial Norma, 2010. 253p.

Recomiendo la lectura de ‘Bolívar y sus lecturas’ en Los rostros del tiempo de Ricardo Arturo Ríos Torres.

*DOCENTE Y ESCRITOR.