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16 de Jan de 2021

Redacción Digital La Estrella

Opinión

¿Políticos fuera?

EMPRESARIO. F recuentemente oímos quejas indiscriminadas contra los políticos en general y contra los legisladores en particular, lo qu...

EMPRESARIO

F recuentemente oímos quejas indiscriminadas contra los políticos en general y contra los legisladores en particular, lo que tiende a minar nuestra democracia. Al eliminarse las monarquías e instaurarse la división de los poderes, también se creó el sistema de partidos políticos, que no son otra cosa que grupos de personas que demuestran interés en administrar al Estado, porque ¿de qué valdría escoger a algún ciudadano sobresaliente para que nos gobierne si este rehúsa hacerlo debido a todas las molestas implicaciones y riesgos que ello conlleva?

Estamos claros en que los partidos políticos están muy lejos de ser perfectos, pues son obras humanas, pero su institución fue un gran avance para la sociedad si lo comparamos con las monarquías absolutas.

Winston Churchill decía, más o menos, que: ‘La democracia capitalista es un desastre, pero no existe otro sistema mejor’. En el mundo entero, y no solo en Panamá, los parlamentos son cuna de discusiones y controversias, porque son organismos estrictamente políticos en los que en un mismo recinto se enfrentan fuerzas opositoras; y eso es, precisamente, lo que hace funcionar la democracia.

Es obvio que todo en la vida puede ser mejorado, pero tengamos presente que los parlamentos no son más que el reflejo de lo que son los ciudadanos, quienes los escogemos, y a nosotros, los panameños, nos falta mucho por mejorar.

El principal problema panameño se originó cuando los militares, junto con sus aliados del PRD, sustituyeron las diputaciones provinciales, que funcionaban muy bien, por el demagógico y absurdo sistema de diputados por circuito, al que ninguna persona seria quería pertenecer, porque eran títeres del dictador, por ello quedaron tales diputaciones en manos de muchos insuficientemente capacitados y/o moralmente mermados. Esto debería revertirse a su condición original tan pronto sea posible; pues, es inconcebible que una persona que tenga la estatura moral y educativa como para dedicarse a hacer leyes serias e importantes para el buen desarrollo del país, esté duplicando la pérdida de tiempo en minucias propias de los representantes de corregimiento.

Los más opuestos a los parlamentos y a los políticos son, precisamente, los enemigos de la democracia, quienes aspiran a dictaduras izquierdistas, y que saben que para destruirla lo más fácil es achacarle todo mal.

Si eliminamos los partidos políticos y el parlamento, primero que todo entraríamos a un estado de anarquía en el que siempre vence la fuerza bruta, y, eventualmente, regresaríamos a una monarquía sui géneris, tal como la que tuvimos desde 1968, en donde un dictador incapaz y soberbio legislaba, mandaba y disponía de vidas y haciendas, a su antojo.

¿Queremos eso o aceptaremos a los políticos y al parlamento con todas sus virtudes y defectos? ¡Quien esté en desacuerdo con las ejecutorias de los políticos, en vez de dedicarse solo a criticar, que es muy fácil, que tenga la entereza de lanzarse a competir en próximas elecciones para entonces, desde adentro, hacer los cambios que desee.

Con esto no quiero decir que debemos descuidar las malas ejecutorias de algunos políticos, solo digo que no debemos exagerar convirtiéndonos en totalmente negativos, pues es imprescindible, para nuestra convivencia pacífica, mantener la tolerancia y el buen juicio al emitir nuestro voto futuro para saber escoger entre lo mejor, lo malo y lo peor.