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27 de Jan de 2021

Redacción Digital La Estrella

Opinión

Un problema electoral

La democracia, aunque el mejor sistema que conocemos, tiene enormes problemas en su funcionamiento. El primer problema es que el voto de...

La democracia, aunque el mejor sistema que conocemos, tiene enormes problemas en su funcionamiento. El primer problema es que el voto de un profesional, enterado de los problemas nacionales, capaz de analizar y evaluar las necesidades del país, cuenta igual que el voto de un analfabeta y desconectado de la temática nacional. Esa gran debilidad hace que muchas veces no se elija al mejor, sino al más popular o quien más regale a sus electores. Por supuesto que los defensores del sistema argumentan que lo que se requiere es capacitar y educar al electorado, aun cuando en los Estados Unidos por décadas solo votaban los que escribían y leían, y solo desde mediados de los 30 del siglo pasado empezaron a votar las mujeres, bajo el entendido de que eran amas de casa y no sabían de la problemática nacional.

En nuestro país, el problema ha sido explotado por los gamonales de la política hasta el 68, recuerdo la anécdota de aquellos peones de una finca que los bajaban en camiones a votar y al llegar les pedían las cédulas, sin bajarse, y luego se las regresaban tras haber ‘votado’, cuando preguntaban al patrón por quién habían votado les decían que el voto era secreto. Era la época de los paquetazos, que vivimos hasta en 1984, cuando vimos mesas de las comarcas donde las votaciones eran 400 a 0, bajo el pretexto de que los indígenas votaban como ordenaba el cacique.

Hoy, el problema es diferente, pero sigue siendo grave. Una población donde el analfabetismo ha casi desaparecido, donde las comunicaciones penetran hasta el último rincón del país, pero donde un gran sector de la población ha caído en la apatía política. Y, sobre todo, me preocupa la juventud. Más del 40% de los votantes en el 2014 serán menores de 35 años y en ese segmento, en particular los menores de 25, el interés político es casi nulo. Con un elevado porcentaje de la población apática, podrían darse tres situaciones: que no vayan a votar y sean menos los votantes porcentualmente, que voten sin mayor conocimiento de la importancia de su selección, que al no ir se puedan alterar las actas bajo el supuesto de que siempre vota en nuestro país más del 72% de la población. Las otras opciones no favorecen a la elección del más calificado o mejor candidato a la Presidencia de la República, alcaldías y diputados.

El tema es que los directivos de los políticos y los aspirantes a candidatos no hacen nada para educar al electorado, su interés está en proyectarse ellos o sus partidos buscando el voto con todos los trucos conocidos, bolsas de comida, bloques, becas, regalos, simplemente vendiendo la teoría de que ellos los ayudan y les darán más si son electos. Inclusive en la Reforma Electoral no se hace nada para capacitar a los votantes, los partidos buscan con la capacitación vender su teoría política y no concientizar electoralmente al electorado.

Solo hay que ver las últimas elecciones, donde diputados y hasta ministros de Estado salieron de los medios de comunicación, solo por su proyección nacional, unos regalando objetos a familias necesitadas, otros bailando y una criticando. Pero, ¿llenaban el perfil de un buen diputado, un alcalde o una ministra? Difícilmente. Pero en el caso particular, por ejemplo, del ministro (diputado) Ferrufino, aun hoy vemos su popularidad y como lo reciben en las comunidades, donde las frases van de ‘qué guapo’ a ‘qué bueno es’, pero nadie ha ni siquiera analizado su trabajo en el ministerio que dirige. No importa escándalo que se denuncie en el MIDES, sigue marcando como el mejor ministro actual.

Creo que la sociedad se merece mejores dirigentes y a falta de un electorado con el criterio correcto, solo resta tomar las providencias en las leyes. No podemos seguir creyendo que las condiciones para ser presidente sea ser mayor de 35 años, panameño de nacimiento y no haber sido condenado, o diputado solo por nacionalidad y edad, o alcalde por nacionalidad. Es necesaria una revisión que establezca el perfil correcto para los cargos de lección, inclusive para los cargos por designación.

Pero, ¿estarían los diputados dispuestos a aprobar algo que de hecho eliminaría a muchos de ellos? Solo así evitaremos diputados sin moral, o aquellos que utilizan el dedo medio para insultar, o aquellos que se jactan de su sexualidad, etc. Y quizás lleguemos a tener una Asamblea Nacional de Diputados donde la población se nutra escuchando sus discursos e intervenciones y no tengamos los padres que prohibir a hijos y nietos de oír la Asamblea por radio.

La democracia original era de una elite, no la totalidad de la población. Hoy, si no corregimos nuestra democracia vamos hacia peores días políticos, donde nos avergonzamos de nuestros políticos, donde cada proyecto de ley es un susto a la clase pensante por las locuras que se escuchan en el debate. Un paso adelante serían los diputados nacionales, aun cuando quedamos en manos de los partidos para proponerlos, ya hemos visto la baja calidad de los miembros del Parlacen en muchos casos, electos como se erigirían los nacionales. Al final del camino, primero tenemos que elegir correctamente la dirección de los partidos para que sean ellos los que tomen las providencias de reglamentar adecuadamente sus primarias y propongan sus mejores cuadros al electorado. No es ser mal copartidario el decirle a quien no está calificado que no aspire, que mejor se prepare para la próxima.

INGENIERO Y ANALISTA POLÍTICO.