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26 de May de 2020

Redacción Digital La Estrella

Opinión

Derecho a vivir dignamente

H ace ya más de 30 años que se inició el giro hacia una desinstitucionalización de los derechos sociales, vinculados al Estado que la so...

H ace ya más de 30 años que se inició el giro hacia una desinstitucionalización de los derechos sociales, vinculados al Estado que la sociedad había venido fraguando fatigosamente desde finales del siglo XIX. La conquista de esos derechos no es algo que haya sido entregado, sino que ha supuesto una lucha para superar todas aquellas situaciones de alienación y opresión que humillaban, esclavizaban marginaban o discriminaban al ser humano.

Lo preocupante del tiempo que vivimos, desde finales de los años setenta al presente, es que, estamos asistiendo a una lucha descarada por parte del neoliberalismo para derrotar esos derechos y desconstruir las políticas del Estado del bienestar.

La globalización neoliberal ha emprendido directamente, como objetivo prioritario, la desconstrucción y reformulación de la idea de la dignidad humana. Esto significa que determinadas élites económicas, culturales y políticas, para allanar el camino hacia una acumulación ilimitada del capital, han pasado a hacer una guerra contra todo lo que sea límites jurídicos y políticos del Estado del bienestar.

Los neoliberales, admiten que las desigualdades, las injusticias, la cantidad de gente sobrante con problemas y carencias irremediables, son cosas consustanciales, que no se pueden compensar con sistemas de protección social. Todo es consecuencia del valor guía del modelo neoliberal: la competitividad. En este sentido, el éxito de quienes conducen el Estado, los gobiernos, pretenden medirse a partir de los niveles de crecimiento económico y del nivel de competitividad de las economías, aunque ello implique que las grandes mayorías padezcan indefensión en la satisfacción de sus demandas sociales.

La ‘libertad de mercado’ es la regla suprema, que detentan e interpretan a su arbitrio los empresarios. Ellos, en caso de conflicto, determinan qué derechos humanos deben ser sacrificados.

El mercado como centro del conjunto social aparece, como institución suprema frente a la cual los seres humanos aparecen como piezas subalternas de la misma. El derecho a operar en el mercado es el que se sobrepone a todos los demás derechos (económicos, ambientales, sociales, civiles o políticos).

La justicia, en este enfoque neoliberal, coincide con el cumplimiento de la legalidad, que viene dictada por la sociedad de mercado, en ella obediencia a las leyes de la oferta y demanda, el derecho de propiedad y la libertad contractual, no hay otras reglas. Lo que se hace en el mercado y se produce desde él, es justo por sí mismo. Por ello no es posible una crítica del mismo en nombre de sus resultados, aunque genere condiciones de muerte para muchos seres humanos y para la propia naturaleza.

Así, en Panamá, las muertes por envenenamiento con dietilenglicol y bacterias nosocomiales ante la falta de control sanitario en las instituciones que deberían velar por la salud de los panameños; la muerte y el peligro que corren estudiantes y educadores en los planteles educativos por el estado deplorable de la infraestructura escolar, que esta semana costó la vida de una inocente niña; la expulsión de comunidades y la destrucción de los recursos naturales ante la vorágine de los proyectos mineros, hidroeléctricos, turísticos y residenciales.

Si queremos seguir viviendo humanamente, no tenemos más alternativa que combatir la clasista y despiadada ideología neoliberal, hoy globalizada. Organizarnos para defender nuestro derecho a la vida digna, para garantizar un futuro de esperanza y de paz para todos.

El Frente Amplio por la Democracia (FAD), como verdadera alternativa política electoral de las mayorías del país, ha planteado la defensa irrestricta de todos los Derechos Humanos. En este sentido nuestros ejes programáticos apuntan a trabajar en lo económico ‘hacia una economía que garantice una Vida Digna y Decorosa para todos los panameños’; en lo social ‘hacia un Panamá Justo y Solidario’; en lo ambiental ‘por un Ambiente Sano, Seguro y a Favor de la Vida’; en lo cultural ‘hacia el rescate de nuestra Identidad Nacional’; y en lo político, ‘hacia una Democracia Verdadera, Ética, Respetuosa de los Derechos Humanos’.

SECRETARIO GENERAL DE CONUSI-FRENADESO.