Temas Especiales

08 de Aug de 2020

Redacción Digital La Estrella

Opinión

Comunicación y opinión pública

En el avance tecnológico todo está sucediendo muy rápido. No nos debe extrañar que en este instante se estén produciendo megafusiones mi...

En el avance tecnológico todo está sucediendo muy rápido. No nos debe extrañar que en este instante se estén produciendo megafusiones millonarias entre grandes corporaciones y compañías dedicadas a diferentes ramas de la comunicación como empresas de telefonía, de TV por cable, de radio, de publicidad y comunicación, periódicos, revistas, televisión abierta y muchos etcéteras. Quienes controlan el poder económico saben desde hace mucho tiempo lo que nos deparaba el futuro ya presente. Este fenómeno ha dado origen a cambios dramáticos.

La comunicación se produce a una velocidad tan impresionante que la vida privada de los hombres más poderosos del mundo queda crudamente al descubierto, dejándolos simultáneamente expuestos a la audiencia de millones de personas que a través de lo que sienten hacen un juicio de valor. A través de la televisión hemos asistido a comparecencias y virtualmente presenciado la circunstancia en que el mismísimo presidente de EE.UU. pedía perdón públicamente ante aquel escándalo ligado a Mónica Lewinsky por haber mentido acerca de haber tenido relaciones inapropiadas. ¿Cruel, intrusivo, lacerante? Pero cierto.

Cuando el espectador, lector o radioescucha se da cuenta de que algo está en todos los medios y que la misma información se repite en todos, empieza a creer que la noticia es una verdad importante y le presta atención hasta convertirse en una intoxicación informativa.

La gente empieza a comentarlo y discutirlo y la bola de nieve cobra fuerza y crece; a base de repetir que es importante cobra importancia. Repentinamente todo termina y alguno de los medios decidirá que el tema aburre, se lanza tras otro tema que se convertirá en el nuevo acontecimiento de actualidad y así se repite el ciclo una y otra vez. Cuando aparecen en pantalla personas que orientan errónea y audazmente sin experiencia ni idoneidad comprobable no hay mayores consecuencias que guiar a los más cándidos a perder tiempo y gastar dinero, pero cuando lo que se difunde a la gran masa de ciudadanos tiene la seriedad de lo trascendente y convence repitiendo verdades a medias, los daños pueden resultar irreparables.

Decidimos de acuerdo a lo que sentimos no con lo que pensamos; los medios lo han identificado claramente y lo explotan muy bien. Antes los medios se remitían estrictamente a los hechos comprobables que presentaban con frialdad conceptual.

Hoy la televisión ha cambiado el modo de presentar las cosas; da más cabida a los espectáculos de violencia, sangre y muerte, dándole más cabida a las emociones que al razonamiento para lograr el objetivo, porque ‘si la emoción que sientes es verdadera, la información es verdadera’.

Pero ¿quién forma la opinión pública? ¿Qué es concretamente la opinión pública? La opinión pública se ha convertido en una criatura todopoderosa, capaz de pesar en las decisiones más delicadas de los hombres más importantes del mundo. Es una inteligencia con tal poder de influencia que va más allá de muchas formas de pensar que, en alianza con los medios, los sondeos de opinión y las encuestas, trazan la ruta que recorre la toma de decisiones.

Es muy fácil llegar a mentir con tal de lograr la atención del receptor. El sector político y del entretenimiento son testimonio de esto, por ello la ética profesional debe estar más vigente que nunca en todos aquellos que quieran dedicarse o se dediquen de una manera u otra a intentar crear opinión pública.

Hoy más que nunca es importante la Imagen Pública de Panamá. Tenemos que esforzarnos el doble para, desde todos los sectores, colocar los principios morales y valores humanos por encima de toda conveniencia política o económica.

CONSULTORA DE IMAGEN PÚBLICA PERSONAL Y CORPORATIVA - AICI