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16 de Apr de 2021

Redacción Digital La Estrella

Opinión

Discurriendo

Como si todo fuera tan fácil en este mundo, algunos actúan de modo calculado y por ello se toman el mando por cualquier razón, como para...

Como si todo fuera tan fácil en este mundo, algunos actúan de modo calculado y por ello se toman el mando por cualquier razón, como para imponer los más extraños caprichos y de esta manera someter a toda una sociedad para un beneficio particular, como lo de controlar por siempre a ese conglomerado, con los mismos deseos de crecer del usurpador; de mejorar en todos los sentidos, de alcanzar el éxito con el esfuerzo; de mejorar la calidad de vida; todo un proyecto que no eclosiona, puesto que en la realidad conocemos que son muy pocos los que gobiernan y muchos los gobernados y de este modo se cercena toda ambición lícita.

Esta gente montada en el corcel de la soberbia, a menudo se equivoca en sus apreciaciones y mide a los demás a su mezquina manera, porque ella, al disfrutar de las mieles del poder, se olvida de que los gobernados sufren las calamidades de los malos gobiernos, vestidos con la casi toga de la corrupción, que se adhiere como una lapa siglo, tras siglo desde siempre, pero cada vez más refinada. El ejemplo lo tenemos con la crucifixión del Cristo redentor.

Todos sabemos que el poder enriquece materialmente a los desalmados, quienes con las influencias abren las puertas más duras, a pesar de sus oxidados gonces ante la atónica mirada de los menos poderosos y cuando el poder se ejerce por la fuerza es otra cosa, el desbalance se muestra en la distancia, se pierde la esperanza de gobernar con la propia sapiencia de quienes alcanzaron recoger la voluntad popular. Seguro que la altura ensordece al ignorante que siente que la cúspide alcanzada es permanente y en ese columpio, se puede mecer sin que lo puedan alcanzar los constantes reclamos.

El filósofo práctico sabe en cambio, que la sabiduría libera totalmente, que la enseñanza eleva la capacidad humana para coexistir, para lograr la independencia que se alcanza con el conocimiento, pero que tal propiedad afecta el control de los que mandan y por ello nacen los obstáculos; y subyacen los ataques para mantener a raya a los que nada tienen para convertir a la necesidad en un rentable negocio. El cinismo los alienta a rogar que haya desgracias públicas para sacarle provecho mientras se publicita la ayuda.

Las grandes corrientes económicas para gobernar el mundo, se afanan en retorcer los caminos del progreso para impedir sus avances. Todo, absolutamente todo tiene que seguir los patronos trazados para engordar las arcas con las que se controla al inhóspito mundo de la pobreza. Que todo se haga medido para que no se mueran, pero mientras subsisten, mientras dispongan de un hálito de vida sientan las necesidades como gravámenes por sus apagados designios y que además se publique que están agradecidos, si los pobres no tiene iniciativa, no sueñan con esperanzas, simplemente se apagan en el mismo lugar en el que nacen, sin aplausos.

Muchos sienten que el arte o la música es su fuerte y luchan hasta el cansancio por destacar. Algunos sueñan con la gloria de los deportes y se afanan en alguna de las disciplinas que ni parecen deporte, como aquello de montar caballo en donde prevalece el tamaño, el peso y la destreza, pero del otro lado de la cuerda están los que apuestan. Qué engaño, qué absurdo aquello de confiar la plata en las cuatro patas de un animal arreado. Pero también tenemos que incluir al deporte del pico y las espuelas, un ‘deporte’ tan primitivo como resulta esa lucha a muerte de unos animales que irrespetan al extremos de llevarlos a la muerte sin ninguna piedad, Otros escogen el boxeo, el cual promete una corta vida pública, a algunos les parece el béisbol y otros el fútbol, lo importante es que hay mucha gente apegada a estos afanes con la esperanza de triunfar. Hay unos viciosos que creen que le ganarán al casino y se van por esa alcantarilla obtusamente hipnotizados, como fervientes ludópata, que sueñan con ganarle al casino. Que cosa más estúpida. Los muy pocos tiene la suerte de encontrar una pareja rica que les resulte de por vida, pero el resto navega por ese mar de obstáculo desde que nace hasta que muere.

Pero en la medida en la que crece la ciudad, los suburbios empiezan a ganar valor y en esa misma medida los desplazan generalmente a la fuerza. Los megaproyectos de grandes almacenes conjuntos, con las anclas suficiente para obligar al comercio y darle popularidad al entorno. Los que tiene el poder y la riqueza para construir, para proyectar grandes negocios que reediten lo suficiente. Que baste nada más una patente para explotarlo, sin que importe el abultado margen de ganancias. Nadie va a comprar huevo para vender huevos sin aumentar al costo la ganancia.

Hay muy poco que hacer, más que estudiar y de esta forma subir en el estrato social, puesto que dicho de otra manera, la estratificación social es la conformación de grupos horizontales, que los estudiosos apilan para sonsacar las diferencias verticales de acuerdo a criterios establecidos y reconocidos. La estratificación social, es un elaborado mecanismo para calcular la desigualdad social en un medio en donde la distribución de los bienes es completamente mezquina. Aquí se benefician unos pocos para precisamente mantener la desigualdad social, lo que es un gran negocio. La gente se desplaza horizontalmente cuando vaga por el mundo de la misericordia, aunque en el aspecto vertical, sube esa escalera del progreso con los triunfos producto de esa calidad de vida lograda por el estudio.

ABOGADO Y DOCENTE UNIVERSITARIO.