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17 de Apr de 2021

Redacción Digital La Estrella

Opinión

Incertidumbre

Nadie puede predecir el destino que como fuerza sobre natural actúa sobre los seres humanos antes los sucesos personalísimos que deben e...

Nadie puede predecir el destino que como fuerza sobre natural actúa sobre los seres humanos antes los sucesos personalísimos que deben enfrentar durante todas su vida terrenal. Estos eventos son inevitables. Los arlequines nos pueden entretener con barajas, o escuchar las predicciones de los anacoretas o simplemente atender a desgañitados profetas que saben que si por casualidad aciertan, entonces con la fama que alcancen esquilman al resto de la humanidad. Nos dicen los sabios que nosotros podemos controlar el 90 por ciento de las cosas que nos pueden ocurrir, pero nos ahogamos en ese diez por ciento restantes en el que está la muerte.

Medimos las reglas de las probabilidades y estadísticas, pero erramos los cálculos, porque nos quedamos con el beneficio de la duda, excepto que se trate del negocio de los seguros, que suben las primas cuando por regla matemática aumentan los riesgos. Imagínese la probabilidad de que le caiga un rayo y busque un seguro, no de parar rayo, más bien de cobrar una suma (el beneficiario) si muere fulminado por un fogonazo. (Ver las leyes de Mendel). A veces puede más el ego que la prudencia y como todo lo que brilla no es oro, podemos o nos hacen creer que las cosas andan bien, cuando es todo lo contrario.

El ego es como una instancia psíquica que se reconoce como ‘yo’ en los estudios de Freud. La prudencia en cambio es una virtud de actuar en forma justa, de manera adecuada y explicita, pero si caemos en la curiosidad. Nos puede embargar la evidente fisgoneo en muchas especies de animales como un comportamiento inquisitivo, pero dicha exploración la ejerce para la investigación y el aprendizaje. Lo incierto es la forma de probar el arrepentimiento, pieza clave en el perdón judicial. Lo importante es que todo esto danzó alrededor de quien se moría a distancia con un aparente manto de sanidad, en donde lo psíquico y lo físico se conjugaron bajo una recia personalidad convertida en un mito explayado en una leyenda que hoy dudamos que esté muerto y menos de un infarto como ocurrió de repente.

Me siento atónito ante esta magra historia oculta en el misterio estratégico de la gobernabilidad, que pasó frente a los ojos del mundo y la incredulidad de los bandos. Ayer pude ver al hombre lleno de energía, bien maquillado de salud que promovían las drogas medicinales, pero que seguramente desencadenaban el avance de la mortal invasión. Ya sabíamos del mal que lo aquejaba y del gran esfuerzo que hacia la ciencia para atajar la maligna enfermedad progresiva. Bailaron varios ‘eureka’ dentro de la danza política con el publicitado anuncio sobre esa forma mágica de atajar el mal; si de atajar la muerte, algo notablemente comprensible si detrás estaba un equipo médico bien entrenado con los mejores expertos isleños y destacadas eminencias soviéticas y de otro más allá del mundo occidental, más las consultas ante verdaderos gurús del conocimiento, en esos macabros trapecios de las enfermedades incurables.

Hoy seguimos ese trillado camino de la incertidumbre solapada, ante ese volcán de emociones domésticas, extendido al mundo privilegiado de los beneficios externos que sobresaltan ante la magnanimidad de la inagotable fuente de suministro ante el zapateo impagable de millones y de los otros egos que se harán presentes para rociar con el calor de la fama. Muchas veces esos liderazgos surten beneficios después de recibir el beso de la muerte, pero por ahora, todo camina bajo la inconmensurable ola de los seguidores obnubilados por el evento, carentes de toda racionabilidad y bajo la hipnótica creencia pública que muerte no puede matar las ideas, los logros que seguirán incólumes, aunque emanen de una cripta en donde los retos físicos permanezcan momificados como una repetida costumbre egipcia, pero esta vez, a la luz pública como una nueva modalidad funeraria.

En este dilema tenemos dos bandos muy bien definidos entre los que asienten y disienten. Hace muy poco hubo una muestra electoral en donde prevaleció apenas un 10% sobre los que aprobaron y contra los que reprobaron. Es muy claro que se ha producido un espacio dedicado a la despedida. Esta especie de armisticio aplaudido por los observadores debido al respeto funerario de recalcitrantes opositores, extendidos a siete días más de capilla ardiente a partir del funeral de Estado, dará un extendido respiro, antes que se empiecen con los nuevos ajetreos de campaña, debido a los 30 días que la Constitución venezolana permite para que se realicen las nuevas elecciones. El extinto CHÁVEZ no pudo de ninguna manera tomar posesión del cargo porque primero, la enfermedad lo agravó de tal manera, que no fue posible presentarlo en público y como tampoco habló, dijeron que por una cánula insertada en la traquea para que respirara mejor, una contradicción con relación a las aseveraciones de que estaba consciente y que gobernaba desde su lecho en Cuba. Bueno, hay tantas cosas que se deben aclarar, porque se tienen que escribir en esta historia.

Como ningún muerto es malo, ahora el hombre no fue ‘enemigo’ sino ‘contrario’, pero lo que sí debemos reconocer es el vació que deja, la falta que hará a sus correligionarios a quienes costará suplantarlo. No hay nadie que pueda ocupar su lugar. En esta nueva campaña electoral, se conocerá en detalles todos los errores cometidos y seguramente que se tratará de seguir con la filosofía del populismo, pero es que hay tantas emociones encontradas en un país inmensamente rico, frente a una sociedad extremadamente empobrecida. Y evidente, al contraste, necesita un gobierno con una característica que lo aleje de doctrinas que no encajan en la Región. El pueblo venezolano tiene la palabra.

ABOGADO Y DOCENTE UNIVERSITARIO.