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30 de Mar de 2020

Redacción Digital La Estrella

Opinión

Triste realidad

Ante el triste espectáculo de observar largas filas de compatriotas en espera del recibo de jamones y otros ‘regalos’ de los políticos, ...

Ante el triste espectáculo de observar largas filas de compatriotas en espera del recibo de jamones y otros ‘regalos’ de los políticos, me comentaba un buen amigo que era síntoma evidente de que los panameños hemos perdido nuestra dignidad. Nadie más que los actuales políticos con acceso a fondos del erario público han sabido aprovecharse de esta triste realidad. No son tontos, conocen nuestras debilidades, las cuales han aprovechado para institucionalizar el fenómeno de ‘clientelismo’.

Recibimos ‘subsidios’, que en realidad son regalos, donaciones, ya que no requiere esfuerzos o méritos alguno de quienes los reciben para obtener la ayuda financiera, salvo la promesa de voto. Un real subsidio es hacerle honor al adagio chino, tantas veces repetido por nuestros políticos criollos, pero nunca cumplido, que recomienda no regalar peces, sino cañas y en enseñar a pescar.

Un real subsidio es el que instituyo Lula da Silva en Brasil para estimular el desarrollo de la Agricultura Familiar. Ofreció ayuda financiera, técnica e insumos sujetos al compromiso del agricultor de aplicar las técnicas y su trabajo para lograr mejorar la alimentación familiar. El programa tuvo tal éxito que los huertos familiares iniciales se convirtieron en pequeñas empresas agrícolas con la venta de los excedentes de producción, contribuyendo así al éxito de Brasil en mejorar la alimentación y reducir la pobreza de su campesinado.

Lo más peligroso de nuestros ‘subsidios’, es crear una condición de dependencia del Estado. Fomenta el populismo, con sus consecuencias nocivas a nuestra salud social. Debemos evitar seguir el ejemplo dramático de Venezuela. Y, algo peor. ¿Existen estudios actuariales del costo a futuros gobiernos de estos ‘subsidios’? ¿Qué garantías existen de que serán sostenibles en el futuro? Es importante dar pública respuesta a estas preguntas. Pues, de no haberse efectuado dichos análisis, podremos exponernos a una futura explosión social. ¿Qué pasará cuando los que dependen en el subsidio para su subsistencia reciban la noticia de que se acabó la fiesta? Seguramente, peligrosa agitación social. Tanto la Beca Universal como los 120 a los 70 son programas de ayuda social que meritan su continuidad, pero eso requiere un serio estudio de reevaluación de sus objetivos y méritos, para obtener sus beneficios y sobre todo sus posibilidades de continuidad en el futuro y cómo lograrlo.

Pareciera que a los políticos y gobernantes de hoy, el panorama anterior no les interesa, viven bajo la ilusión de que esto no se acaba, que ‘la papa no se les va a acabar’ y ‘que siga el fiesto’; ‘panem e circus para la plebe y el que viene atrás, que arree’. Esta actitud de miopía política nos puede llevar a graves conflictos sociales en un futuro no muy lejano.

Vale la pena preguntarnos: ¿son los políticos y gobernantes culpables de nuestra triste realidad? Ni tanto. Los verdaderos culpables somos nosotros, al permitirles crear la situación que aludo, permitirles continuar sobornarnos a cambio de la venta de nuestras conciencias. Ante esta triste realidad, ¿cómo podemos exigirles mejor comportamiento?

Igual es válido, el comentario de mi amigo. Hemos perdido nuestro sentido de honor y prestigio. Pero, yo voy más lejos, me remonto a un concepto más profundo, a lo que los romanos de la Primera República llamaban: ‘Dignitas’, un concepto que va más allá del significado moderno que se la ha dado al vocablo ‘Dignidad’.

Para los romanos de la época de Marcus Tulius Cicero y Julius Caesar, el concepto de ‘Dignitas’ era un concepto más profundo que honor y prestigio. ‘Dignitas’ comprendía la suma total de la influencia personal de un ciudadano. Al valorar la ‘Dignitas’ de una persona en particular, se consideraban sus valores éticos y morales, su posición social y el respeto de los demás que merecía. Era su mayor activo y de gran importancia política. Hacia referencia a su buen nombre, a su reputación pasada y presente. Se evaluaban sus logros y su honor, la mayoría de los políticos estaban preparados para matar, suicidarse o exiliarse con el fin de preservar su ‘Dignitas’. Cuán lejano nos hemos apartados de nuestra ‘Dignitas’. Esta es la cualidad que debemos recuperar los ciudadanos y exigir de nuestros políticos y gobernantes. Se nos presenta una buena oportunidad en mayo. Aprovechémosla.

BANQUERO Y EXDIPLOMÁTICO.