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06 de Apr de 2020

Redacción Digital La Estrella

Opinión

‘Búscame un arbolito y les quemo el Tívoli’

El presidente de Panamá, Roberto Francisco Chiari, notificó al presidente de EE. UU., Lyndon B. Johnson, en una áspera comunicación, la ...

El presidente de Panamá, Roberto Francisco Chiari, notificó al presidente de EE. UU., Lyndon B. Johnson, en una áspera comunicación, la ruptura diplomática de Panamá con EE. UU. El Lic. Miguel J. Moreno, pronunció un vibrante, patriótico y emotivo discurso ante la OEA y la Sociedad Internacional condenaba la agresión.

Oscilaba los trece años de edad, cuando se dieron los hechos sangrientos del 9, 10, 11 y 12 de enero de 1964, que dejó como recuerdo esa lucha de miles de panameños por alcanzar la soberanía de nuestro país, en la Zona del Canal —territorio panameño ocupado por EE. UU.

Aproximadamente a la 7 de la noche, —9 de Enero de 1964— un sujeto apodado ‘Mayo’ llegó a la Bajada del Ñopo —calle 12 Este—, gritando que los gringos estaban matando a estudiantes en la 4 de julio —hoy Avenida de los Mártires.

Ajenos a lo que había transcurrido en horas de la mañana, cuando un grupo de estudiantes del Instituto Nacional trató de izar nuestra bandera panameña en el Balboa School de la Zona del Canal, esa noche dejamos de hacer lo que estábamos haciendo, hablar en una esquina como los jóvenes de cualquier barrio y nos sumamos a los miles de jóvenes, adultos y ancianos de ambos sexos, que en esos momentos enfrentaban al coloso del Norte, a punta de pedradas a cambio de balas que disparaban los gringos desde las colinas del Cerro Ancón y de los alrededores del Hotel Tívoli.

Algunos padres de familia, correa en mano, buscaban a sus hijos, pero el mío, Marcelino Rodríguez Oses, (sordo), no estaba por ningún lado, por lo que me sumé a abastecer de piedras de todos los calibres a los manifestantes que se encontraban por los alrededores del Palacio Legislativo.

La cantera eran los patios y matorrales del barrio El Marañón, así como de otros sectores de Santa Ana y Calidonia.

Posteriormente un joven, atrincherado en el edificio la aerolínea norteamericana Pan Am (hoy BDA), frente al Palacio Legislativo, me exigió con voz de mando... ‘Búscame un arbolito para quemar el Tívoli’, (refiriéndose al Hotel Tívoli dentro de la Zona del Canal).

Incursioné nuevamente en el viejo barrio de El Marañón, donde logré encontrar dos arbolitos bastantes secos, que arrastré hasta el Palacio Legislativo, donde el valiente joven los prendió, pero las rápidas llamas del árbol seco no dieron oportunidad ni siquiera de que el desconocido joven pasara la 4 de Julio, mucho menos intentar cruzar la cerca que separaba la ciudad de Panamá con la Zona del Canal.

La Zona del Canal, posición geográfica que dividía a Panamá en dos partes, donde estaba instalado ‘otro Estado norteamericano’ con bases militares, policías, correos, escuelas, tribunales de justicia, entre otras estructuras que la hacían un protectorado de EE. UU., dentro de nuestro territorio: Panamá.

AgotadoS, nos retiramos del lugar de los hechos —10 de enero de 1964—, aún habían gente en todas las esquinas de los barrios de San Felipe y Santa Ana, hablando de los sucesos, quisimos exponer nuestra participación como parte del orgullo de haber hecho algo por nuestro país, pero el agotamiento nos obligó a buscar cama, por lo que logramos conseguir espacio en el cuarto que mi padre Marcelino, madrastra Rebeca y mis tres hermanos, Eduardo, Gerardo y Cirilo, compartíamos con el tío Ricardo y otros familiares de mi madrastra, ya que el que llegaba tarde, dormía en el balcón de la casa 3-46, cuarto 1, Bajada del Ñopo, por falta de espacio físico.

Al día siguiente —11 de enero de 1964— desperté temprano, los vecinos aún hablaban sobre los sucesos, inclusive aseguraban que aún cientos de personas enfrentaban a los soldados norteamericanos en diferentes partes de las ciudades de Panamá y Colón, mientras que los noticieros radiales anunciaban las cantidades de muertos y heridos en el Hospital Santo Tomás.

Sin importarle a nadie, ese día, me sumé nuevamente a los cientos de personas que en diferentes trincheras intentaban mostrar que los panameños no somos cobardes, pero en esta ocasión me correspondió, junto con otros jóvenes, intentar quemar la empresa norteamericana ‘Good Year’, un depósito de llantas a un costado de la parte posterior del Cementerio Amador.

Pero en esta ocasión, apareció mi padre Marcelino, quien se encontraba limpiando algunas fosas del camposanto, donde laboraba como sepulturero.

Un rejazo, con un zambrón que utilizaba mi padre para sujetarse su pantalón, motivó el retiro de mi participación de la gesta patriótica, por lo que me limité a escuchar los sucesos a través de la radio y la participación del pueblo en el Parque Santa Ana.

Un grupo de jóvenes se instaló en el Parque Santa Ana, lugar donde se leyeron proclamas, contra la agresión que sufrieron los panameños, distribución de panfletos y luego la noticia fatal, se informó que los muertos superaban los 20 y los heridos saturaban los cuartos de urgencia de los hospitales de Panamá y Colón, entre estos el Hospital Santo Tomás.

Aún ese arbolito, sus llamas, están vigentes en mi pensamiento, para que la presente y futuras generaciones, lleven como consigna que a la Patria no se le ponen condiciones.

¡Viva la gesta patriótica del 9, 10, 11 y 12 de Enero de 1964!

PERIODISTA.