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- 05/04/2026 00:01
Existen palabras y conceptos japoneses que son difíciles de traducir a cualquier idioma, por ejemplo Aiaigasa —concepto romántico de dos personas que comparten paraguas—, shirinyoku —permitir que los cinco sentidos absorban la esencia relajante de un paseo por el bosque—y la que hoy nos ocupa kawaii, haremos lo posible por levantar el velo de misterio, aunque sea un poquito.
Una búsqueda en diccionarios nos da vocablos como “tierno”, “bonito”, “adorable”, “lindo” entre otras, sin embargo, estas no logran expresar la esencia del kawaii. Por ejemplo, una madre amamantando a su bebé es algo tierno, una flor es linda, pero ninguna de estas imágenes es kawaii.
No importa a cuántas personas se les pregunte esta palabra-concepto, las respuestas siempre serán diferentes. Su etimología tampoco ayuda mucho, ya que se dice que kawaii viene de kao hayushi que podría traducirse como sonrojarse, la cual para nosotros podría implicar una sorpresa agradable o que hemos metido la pata hasta el fondo.
En Makura no Sōshi —El libro de la almohada— de Sei Shonagon (966-1025) nos presentan varias listas y entre ellas se encuentra una de “cosas bonitas que le maravillaron”. Conscientes de la dificultad del vocablo decidimos preguntarle a un mejor y mayor conocedor del Japón que este servidor, Marc Bernabé, quien respondió: “Es complicado de definir, equivaldría un poco al mono del castellano español. Por mi experiencia con el idioma japonés diría que tiene connotaciones de achuchable —abrazar cariñosamente con fuerza—, y responde a algún producto llamativo dirigido a chicas jóvenes.”
Y concordamos con él, la cultura kawaii desde la década de los sesenta estaba dirigida a preadolescentes con peluches de animales y muñecas Licca-chan —el equivalente a la Barbie estadounidense— con la diferencia de que su rostro era más juvenil, tenía ojos grandes como los de las animaciones y su ropa era juvenil con faldas, lazos y colores llamativos. No solo eran las muñecas, había revistas llenas de animalitos simplificados con caras de bebés y vestimenta como la de Licca. Fue la cantante Seiko Matsuda —nombre real, Noriko Kamachi— quien le dio vida propia al estilo de vestir kawaii en sus conciertos, pues daba impresión de inocencia que generó entre sus fanáticas el deseo de imitar y vestir la misma moda que ella.
El epítome de la cultura kawaii se disparó con la llegada de Hello Kitty, ícono que según Nobuko Kobayashi: “encarna el concepto japonés de kawaii, sugiriendo algo tierno y apreciado por su inocencia”, las rorita fasshon —moda lolita— en su versión dulce lolita, las Decora Kei con sus enormes cantidades de accesorios y las Fairy Kei con sus colores pasteles y aires nostálgicos surgieron como representantes del concepto en la vestimenta.
Diversas compañías aprovecharon el tirón comercial, Sanrio, por ejemplo, siguió diversificando personajes, creó un parque de atracciones de Hello Kitty, y el gobierno sigue utilizando mascotas que representan desde estaciones de policía hasta ministerios, como manera de acercar y educar sobre su trabajo al público. Como dijimos en Mascotas del Japón, todas las prefecturas cuentan con su yuru-kyara para promover el turismo.
Para los que tienen la dicha de poder visitar Japón y quieren conocer más sobre este fenómeno, les informo que el centro neurálgico del mismo son los distritos de Harajuku y Omotesando, en ambos se puede encontrar todo lo que se busca o se desea experimentar, desde comida, restaurantes gourmet, tiendas de ropa o de accesorios, cafeterías, confiterías, tiendas con las últimas tendencias de la moda y anticuarios, con exponentes de todos los estilos caminando a sus anchas por las calles del lugar.
Para los amantes de los personajes de Sanrio, del color amarillo y con hambre, el lugar a visitar es la cafetería Pompompurin donde la mayoría de la comida tiene la forma del personaje, además las bebidas vienen en vasos impresos con el personaje o su rostro. No se trata solo de disfrutar la comida, el lugar con sus tonos amarillos, ocres y pasteles exuda energía ‘pompompurinística’ capaz de avasallar hasta al más rudo con su aura kawaii. Para los que buscan mercancías propias de los diversos personajes existe Kiddy Land, un edificio que cuenta con cuatro pisos de juguetes, accesorios y hasta utensilios del hogar. Allí encuentra personajes nacionales y extranjeros como, por ejemplo, Snoopy o Paw Patrol. Si las caminatas le abren el apetito y usted es más de golosinas, Candy a go go es el lugar preciso por la cantidad infinita de gomitas, caramelos, confites o pastillas. La tienda se precia de tener más de ciento cincuenta variedades en colores alucinantes. Las chicas que atienden están vestidas de un rosadito pastel meloso y el lugar será las delicias para los amantes del azúcar, pero una verdadera pesadilla multicolor para los diabéticos.
A quienes gustan de la moda, el área cuenta con cientos de almacenes, aunque si Harajuku es su moda, lo mejor es visitar SPINNS, esta tienda se dedica exclusivamente a la moda para damas de marca propia, pero además tienen ropa de segunda tan de poco uso, que parece nueva. El único problema surge con las tallas pues sus clientelas son en su mayoría adultas jóvenes muy estilizadas.
La cultura de la inocencia representada en lo kawaii probablemente siga siendo la gran incomprendida por los extranjeros pero estamos seguros de que con su gran diversificación y alcance mundial perdurará por mucho tiempo.
Rolando José Rodríguez De León es doctor en Comunicación Audiovisual y vicedecano de la Facultad de Arquitectura y Diseño de la Universidad de Panamá.