Una velada para agasajar el cuerpo y el alma

Alma es el nombre del nuevo skybar del hotel JW Marriott. Vistas panorámicas, cocteles únicos y una completa propuesta gastronómica

No deja de haber algo de magia cuando se ingresa a una habitación de hotel. Esa nitidez sin el esfuerzo que nos corresponde en casa, de inmediato nos pone de buen humor. Y la sensación crece cuando se trata de unas acomodaciones de buen nivel.

Recientemente tuvimos la oportunidad de atender una invitación de parte del hotel JW Marriott, ubicado en Punta Pacífica, para conocer sus recién renovadas habitaciones y conocer de primera mano la propuesta gastronómica de su nuevo skybar, Alma.

Ceviche de pulpo.
Las vistas de la ciudad son sobrecogedoras.

La hora del check in nos permite un espacio para recorrer la suite que nos hospeda. El hotel cuenta con unas 320 habitaciones de las cuales 40 son suites. Estas han sido reinterpretadas bajo una estética contemporánea que combina materiales nobles, texturas delicadas y una iluminación cuidadosamente diseñada para generar armonía y calma. Los balcones nos ofrecen excelentes vistas tanto a la ciudad como al mar que nos acompaña en el fondo. De bienvenida, unos bombones y vino espumoso, buena forma de empezar la tarde de viernes.

El mobiliario y la decoración apuestan por materiales naturales: madera, corcho, mármol. El resultado es elegante y cálido.

La renovación trae consigo mejoras estructurales y tecnológicas que reducen el consumo eléctrico hasta en un 70-80%. La propiedad cuenta con la certificación internacional Green Key, estándar líder de excelencia en responsabilidad ambiental y gestión sostenible dentro del sector turístico, e incorpora soluciones orientadas a optimizar el consumo energético y de agua.

Cae la tarde y empezamos a prepararnos para una velada de cocteles en Alma, skybar ubicado en el piso 66 del hotel, el nivel más alto del edificio más alto de Centroamérica. Al atardecer, la hora dorada, la ciudad de Panamá se viste de gala para ser admirada por locales y visitantes. La vista nos lleva a recorrer la bahía, desde la entrada del Canal de Panamá, la calzada de Amador, la cinta costera 3 que bordea el Casco Antiguo y el skyline de la ciudad que se extiende hasta el área de Costa del Este y Santa María. La brisa, que en estos días de mucho calor hemos dejado de sentir, nos acompaña permanentemente.

Coctel La Taja

La propuesta de bebidas de Alma destaca por su enfoque en ingredientes locales. El menú incluye cocteles Signature, versiones contemporáneas de clásicos, los llamados Atemporales; refrescantes spritzes, vinos y destilados premium y la colección Zero, diseñada para quienes desean disfrutar de una experiencia sin alcohol.

La propuesta gastronómica está liderada por Marco Herrera, chef ejecutivo de JW Marriott Panama, cuyo enfoque se basa en el uso de ingredientes frescos, preparaciones elaboradas artesanalmente y la aplicación de técnicas culinarias de diferentes culturas, integradas con productos locales que resaltan la riqueza gastronómica de Panamá.

Para Alma, ha desarrollado una carta diseñada para complementar la propuesta de bebidas y pasar una velada en la que se pueden compartir sabores. No se trata de un menú extenso pero es muy variado.

Tacos de brisket.
La degustación

Iniciamos con La Taja, coctel signature elaborado con ron claro, cordial de tajadas, tónico pelletier de toronja, Jerz tío pepe y solución salina al 10%. ¿Se imagina un coctel con sabor a tajada? El resultado es inesperado: dulce y salado a la vez y con untuosidad. Muy placentero.

El chef Herrera nos da la bienvenida y revela que ha preparado una degustación para que podamos probar una diversidad de platos. Iniciamos con un carpaccio de salmón con un toque asiático. Los trozos del pescado son recubiertos con alga nori en polvo y se llevan a congelar. Una vez congelados, se cortan las delgadas láminas y se colocan en el plato. Se acompaña con un puré de edamame, hongos portobello deshidratados y soya aromatizada con ají trompito y jugo de limón. A la vista, es un carpaccio, el gusto nos lleva a los sabores que podríamos encontrar en una barra de sushi.

Continuamos con un ceviche de pulpo al carbón. Luego de hervir el pulpo, el chef lo marina con salsa de ostras y luego pasa al grill con un aceite aromatizado con ají chombo, ajo y romero. La leche de tigre es hecha con salsa de ostras y se sirve con un gajo de naranja que refresca el plato. El resultado es ligero y a la vez pleno en sabores.

Churros de langosta.
Coctel La Villa.

El siguiente tiempo, un queso Brie apanado. Su exterior crocante contrasta con su interior fundido. Se acompaña de una mermelada de tomate cherry dulce y ligeramente ácida que equilibra la untuosidad del queso.

Llega a la mesa un plato combinado: bao de pollo y un taco de entraña, que comparten plato pero que son dos creaciones completamente independientes. Iniciamos con el bao: el pan de harina de arroz al vapor es muy suave y delicado mientras que el kaarage pollo destaca por su crocancia. Se acompaña con una salsa agridulce que contiene ajo negro, que aporta profundidad y con una mayonesa cremosa, el plato es ligeramente dulce y picante.

La tortilla del taco de entraña es negra, el color lo hereda de las cenizas del maíz que además de color aportan un toque ahumado. La entraña se prepara al grill y luego se deja reposar, se trocea y se acompaña de una salsa demi glace. El toque de frescura lo aportan trocitos de chayote, que hacen las veces del pico de gallo. El bocado se completa con un toque de aceite picante.

Bao de pollo.
Créme Brulée de mandarina.

Es momento de probar otro coctel. En esta ocasión probamos La Villa, con bourbon, cordial de nance y saril. El nance está presente de una forma sutil. El saril tiene un poco más de presencia tanto en sabor como en su hermoso color rojo. El coctel es ligero y brillante.

Continuamos con unos Lobster Churros, y no, no son churros rellenos con langosta. Los churros tienen la labor de enjugar la delicada salsa que envuelve a los trozos de langosta presentes en el plato. La langosta es pochada con mantequilla, un toque de jugo de limón y ajo. Cuando llega a su punto de cocción se emulsiona con mantequilla, crema y queso parmesano. Termina siendo una especie de salsa termidor. El sabor de la langosta se intensifica con huevas de salmón, aceite de clorofila y se termina con flores comestibles.

Seguimos con unos bocados con sabores más panameños: un chicharrón crujiente y jugoso, que pasa en salmuera 24 horas para luego ser horneado y, más adelante, cortado y frito.

Tarta bretona tropical.

Se acompaña con un cremoso de aguacate y tomates perla, cebollas encurtidas y limón con tajín; una carimañola abierta, para ello le pido que imagine una canasta hecha con yuca que contiene trocitos de brisket cocido lentamente. Su textura es melosa, la carne es tierna y con profundidad en su sabor. Finalizamos los platos salados con una tacita de sancocho ahumado, muy placentero.

Completamos la degustación con dos postres: una créme brulée de mandarina: crema de vainilla con caramelo crujiente y mandarina grillada que aporta notas tostadas y cítricas. Por último, una tarta bretona tropical de base crujiente con cremoso de maracuyá y mango, fresco y ligeramente ácido. Sobre el cremoso, una teja de coco que aporta textura y dulzura.

La noche ha avanzado, La música es alegre y la ciudad muestra todas sus luces. Para algunos, la actividad continúa, a mí me espera en mi habitación un baño de tina con sales y una almohada perfumada. Buenas noches.

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