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La importancia de la pintura histórica para afianzar la identidad nacional
- 18/05/2026 00:00
La pintura histórica tiene la capacidad de fijar en el imaginario colectivo episodios decisivos que marcaron el destino de las naciones. En Panamá, hay ejemplos importantes para la memoria nacional como los frescos con escenas del nacimiento de la nación que decoran algunas estancias del Palacio de Las Garzas, obra del reconocido pintor Roberto Lewis, o los murales de la rotonda del edificio de la Administración del Canal, que muestran esa ingente obra de ingeniería, cuya autoría responde al estadounidense William B. Van Ingen.
Otra obra emblemática, y una de las que mejor representan este encuentro entre arte, historia e identidad, es ‘El Negocio del Trueque’, del maestro panameño Horacio Rivera, una monumental pieza que recrea uno de los primeros contactos comerciales entre españoles e indígenas durante el siglo XVI.
La pintura, realizada entre 1983 y 1984, retrata el momento en que los conquistadores europeos canjean objetos de bisutería y mercancías desconocidas para los pueblos originarios a cambio de oro. Más allá de la escena comercial, el cuadro revela el encuentro de dos culturas con intereses, valores y visiones del mundo profundamente distintos. Según el profesor y crítico de arte Pedro Luis Prados (1941-2021), la pintura histórica en Panamá constituye un puente entre la memoria, la identidad y el patrimonio cultural, al recrear los momentos que definieron el encuentro entre las culturas originarias y el mundo europeo.
Horacio Rivera logra transmitir en su pintura la tensión y la curiosidad que caracterizaron aquellos primeros encuentros. Las expresiones de los personajes, los detalles de las armaduras, los atuendos indígenas, los caballos introducidos en este territorio por los españoles y los elementos de la cultura Coclé evidencian un riguroso trabajo de investigación previo.
En su composición destacan indígenas portando brazaletes y pectorales, símbolos de una civilización avanzada en la orfebrería y la cerámica. Mientras los españoles muestran fascinación por el oro, los nativos parecen más interesados en las armas y objetos desconocidos traídos por los extranjeros. Esa diferencia de intereses expone el profundo problema de comunicación entre dos universos culturales que apenas comenzaban a conocerse.
El propio tratamiento histórico de la escena confirma el carácter académico de la pintura. En una entrevista, Horacio Rivera nos explicó en una entrevista que para afrontar esta obra realizó extensas investigaciones, apoyándose incluso en estudios de la reconocida antropóloga panameña Reina Torres de Arauz. Cada detalle, desde las vasijas hasta las chozas y armaduras, fue concebido con minuciosidad.
La obra, pintada al óleo sobre lienzo tratado y montada en bastidores de caoba y cedro espino, posee además una dimensión monumental: mide aproximadamente un metro y medio de alto por más de tres metros de ancho.
A primera vista, el cuadro parece un caos organizado de figuras humanas, animales y movimientos. Sin embargo, en el centro emerge una fogata que funciona como símbolo del encuentro entre ambas culturas durante una negociación. El espectador presencia así un momento de acercamiento y desencuentro simultáneo.
La creación de ‘El Negocio del Trueque’ surgió durante la administración de Rafael Arosemena como gerente general del Banco Nacional de Panamá. El proyecto consistía en encargar una serie de pinturas que describiesen episodios fundamentales de la historia económica y comercial del país.
Sin embargo, una vez concluida la obra, los acontecimientos políticos y económicos del país alteraron su destino.
La crisis que desembocó en la invasión estadounidense de 1989 y la captura de Manuel Antonio Noriega provocó que el proyecto se frustrara. Según relatos vinculados a la obra, incluso Noriega mostró interés en el cuadro, lo que obligó a mantenerlo resguardado en las bodegas del Banco Nacional durante años.
Posteriormente, gracias a gestiones del propio artista, la pintura fue trasladada al Museo del Canal, donde permaneció exhibida durante largo tiempo y se convirtió en una de las piezas más comentadas por visitantes y especialistas. No obstante, desacuerdos sobre las condiciones de exhibición llevaron finalmente a su retiro.
Más que una pintura de gran formato, ‘El Negocio del Trueque’ constituye un documento visual sobre el instante en que dos civilizaciones entraron en contacto por primera vez en territorio panameño. La obra combina valor artístico, histórico y pedagógico, convirtiéndose en una referencia para comprender el proceso de conquista y el nacimiento de nuevas dinámicas culturales y comerciales en América.
Como asegura el historiador Castillero Calvo, Panamá no puede entenderse únicamente como un territorio de tránsito, sino como un espacio en el que se encontraron múltiples culturas y se transformaron mutuamente a lo largo de la historia.