El autor nicaragüense conversa, con este diario, sobre identidad, poder, censura y desarraigo, mientras revive los recuerdos personales y políticos que...
- 21/05/2026 00:00
Tras los sucesos de la tercera temporada de ‘The Mandalorian’ (Disney+), Din Djarin, mejor conocido como el Mandaloriano, adopta a Grogu y juntos se convierten en una dupla de cazarrecompensas que trabaja para la Nueva República, en busca de criminales eximperialistas que se esconden en distintos planetas de la Galaxia. La relación entre Mandalorian y Grogu se mantiene como de padre a hijo y adquiere más fuerza en la nueva cinta dirigida por Jon Favreau que llega hoy a cines nacionales.
Con la llegada de ‘The Mandalorian & Grogu’ se marca una nueva dirección para el dúo, más allá de ser padre e hijo, son un equipo que trabaja sincronizadamente para desmantelar organizaciones criminales y atrapar villanos (vivos o muertos) en nombre de la Nueva República. Desde los primeros minutos, la cinta nos lleva de cabeza a un ataque a una base del Imperio –que ya no existe, porque recordamos que los eventos de El Mandaloriano se basan en los años posteriores a la caída del Imperio Galáctico– para arrestar a un gobernador corrupto con información sobre el resto de cuevas donde se esconden otros criminales en la Galaxia.
No hay segundos de descanso cuando Mando (Pedro Pascal) y Grogu están en escena, con peleas excelentemente coreografiadas que nos hacen sentir parte de la batalla, algo que mantiene la calidad de la serie de televisión, pero a una mayor escala. Mando es un soldado que sabe anticipar golpes, estrategias y disparos, pero en esta aventura vemos su lado más vulnerable mientras es transformado por la paternidad y el impulso de mantener a Grogu a salvo a toda costa.
Y pese a que Grogu sea aún joven para su especie –y terriblemente adorable–, muestra una gama de poderes que son explorados a través de toda la aventura, con cada escena convirtiéndose en una mirada a su personalidad fuera de su compañía con Mando y dándole mayor independencia como personaje único, sin establecer su presencia como un accesorio. Grogu recibe tiempo para ser quien es, mostrar que sabe lo que hace –sea por aprendizaje con Mando o por pura intuición– y está hambriento por explorar su poder con la Fuerza (además de estar hambriento por todos los snacks).
La película sigue una historia sencilla, pero que mantiene la esencia de la serie original: un viaje por la Galaxia donde Mando y Grogu se encuentran entre la espada y la pared, logrando sobrevivir a sus enemigos casi por obra de magia, y fortalecen su relación con amigos y nuevos aliados inesperados. Para los fanáticos acérrimos de la franquicia de Star Wars, ‘The Mandalorian & Grogu’ podrá parecer un intento de unir toda una temporada en un bloque de dos horas, como aquellos episodios especiales que estrenaban en televisión los sábados por la mañana, ya que los cameos son pocos y alejados uno de otro, el mundo donde se desarrolla la historia no se molesta en ser demasiado amplio, sino familiar y “acogedor”, apostando en la audiencia para sentirse ya introducidos a la estética de las diferentes locaciones por otras series como ‘Star Wars: Rebels’, ‘Ahsoka’ o ‘Andor’.
Favreau se preocupa más por dirigir la cinta como una historia autoconclusiva y ligera, clásico de estilos de cine veraniego, sin echar por tierra la historia y los efectos visuales, sino uniéndolos de forma que ver la película se hace disfrutable y sin contar las horas.
La magia de Star Wars se transmite a través de cada escena, desde Nat Hutta y sus pantanos hasta Nevarro y sus desiertos con atardeceres increíbles. Como es clásico de Star Wars, los efectos especiales y visuales son de alta calidad y logran encapsularnos en las situaciones en las que se desenvuelven como si estuviéramos junto a Mando disparando o navegando contra enemigos. Pese a la lluvia de cintas de Star Wars que han llegado en los últimos años, Favreau encuentra una manera de traer a los grandes y pequeños con una propuesta ligera y divertida, con un corazón basado en las relaciones familiares (aunque no sean de sangre) y en cómo el trabajo en equipo, la lealtad, la integridad y la valentía abren las puertas para seguir adelante.
Es conmovedor ver a Grogu junto a Mando a bordo de su nave cruzando la galaxia y también en momentos en los que el suspenso y las persecuciones suben a su clímax hasta hacernos sentir las mismas emociones que Grogu. Y mientras Mando mantiene sus expresiones serias e indescifrables, leal a su personalidad, Pascal –en su breve aparición de frente– logra transmitir sus pensamientos internos, preocupaciones y ansiedades ante el peligro, aun siendo un experto en salir vivo de situaciones en donde preferiría no saber las probabilidades de éxito.
Con la llegada de Sigourney Weaver como autoridad de la Nueva República, se elevan un poco más los diálogos junto a Mando, y la interpretación de Jeremy Allen White como Jotta the Hutt –heredero de las organizaciones criminales de Jabba the Hutt–, es una clase maestra en crear un personaje vulnerable y fuerte a la vez, tanto física como emocionalmente, capaz de forjar relaciones sólidas y ser el elemento inesperado en la trama, dejando a un lado sus raíces en pro de buscar su propio camino.
Pese a que existen algunos momentos débiles en la trama –con un conflicto predecible y que sigue una fórmula establecida–, ‘The Mandalorian & Grogu’ sabe lo que es y no pretender ser el magnum opus de Lucasfilms o de Disney, por alineación, sino una propuesta de cine familiar que sale de la caja del televisor para obligarnos, ya sea por ser fanáticos o simples curiosos, a pisar los cines y una vez más reclamar la inocencia de la maravilla y el humor desde una galaxia muy, muy lejana.