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25 de Nov de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

La Asamblea Nacional de Diputados

El claro mandato que el soberano ha dado a la nueva Asamblea Nacional de Diputados, nos permite afirmar que este Órgano del Estado debe ...

El claro mandato que el soberano ha dado a la nueva Asamblea Nacional de Diputados, nos permite afirmar que este Órgano del Estado debe tomar otro rumbo en el cumplimiento del deber para con el soberano que lo llevó al sitial político por excelencia.

Allí vivirá la voz colectiva de todo un pueblo pendiente de que se aprueben los proyectos que surjan del Ejecutivo y que constituyen el cumplimiento del programa de gobierno del presidente electo de la República, Ricardo Martinelli Berrocal, y desde luego de su equipo por el cambio.

Son muchos y diversos los proyectos que llegarán a la Asamblea Nacional de Diputados, entre los que de seguro entrarán primero los de orden social, del transporte, educación, salud, seguridad, etcétera.

Son muchos los entuertos que hay que corregir, muchas las botellas y garrafones que habrá que romper para con estos fondos, darle paso a los proyectos importantes que harán el cambio.

Ahora que el nuevo gobierno contará en la Asamblea Nacional de Diputados con una gran mayoría, se reestructurarán los altos salarios de miles de funcionarios entre los que saltan visiblemente los de los cónsules, diputados etc. El reglamento interno de la Asamblea Nacional debe ser revisado para reestructurar tantas prebendas existentes en dicho órgano.

Una ley que se debe aprobar con singular importancia consiste en evitar la politiquería barata e indiscriminada en dicha Asamblea, estableciendo la prohibición absoluta durante los cuatros primeros años de ejercicio constitucional. El Estado no los eligió ni les paga para que se dediquen a obstaculizar los buenos proyectos o para vocinglerías de barrio e irrespetos a la majestad de la patria.

No he dicho que se prohíba el juego libre y armónico de las ideas. El libre juego de las ideas, en una democracia es vital, pero debe hacerse con altura, con elegancia, en donde haya docencia, en donde la elegancia de la oratoria y el sustento profundo de los conceptos le devuelvan a nuestro parlamento el derecho perdido de ser considerado como en los tiempos de nuestra naciente república, como la edad de oro de nuestro parlamento.

¿Cuántos prohombres de aquella época hicieron temblar con su verbo vibrante los cimientos mismos de la nación? Muchos fueron los oradores que pasaron por nuestro parlamento dejando huellas imborrables por lo cadencioso de su voz, por lo profundo de sus exposiciones y en donde la moral era condición indispensable para poder calar en la conciencia de todo un pueblo.

No tuve la dichosa oportunidad de escuchar a los oradores de aquella época, pero en épocas más recientes el verbo sonoro y profundo de Carlos Iván Zúñiga, se hizo sentir como los grandes de la Grecia inmortal, ese grande hombre que ha poco levantó el vuelo hacia lo ignoto en ese recorrido final que no tiene retorno.

La nueva Asamblea Nacional de Diputados tiene una deuda con ese hombre que fue adalid de nuestra democracia, le corresponde por tanto un reconocimiento, que no se pierda en el tiempo y que perdure en el recuerdo de los panameños.

El arte de la oratoria debe ser cultivado para que aquellos tiempos retornen a nuestro parlamento. Quiera Dios que volvamos a esos tiempos y que nos inspiremos en esa pléyade de hombres que dejaron huellas imborrables en nuestro devenir histórico político.

Así son las cosas.

-El autor es empresario.juramor777@hotmail.com