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03 de Jun de 2020

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Guillermo A. Cochez

Columnistas

La transparencia en las Embajadas

Al llegar a Washington, encontré una Misión de la OEA muy ordenada y tirios y troyanos hablaban de la buena gestión de Arístides Royo

Cuando llegué a servir como Embajador de Panamá en la OEA en Washington, el 3 de julio de 2009, había realizado una excelente transición con mi antecesor, mi ex profesor de Derecho Penal y amigo, doctor Arístides Royo. Hasta el gobierno anterior de Martín Torrijos, al enterarse que sería designado en ese cargo, me invitó a la Asamblea General de la OEA celebrada en junio en San Pedro Sula, Honduras, donde pude familiarizarme con los pormenores iniciales del cargo que posteriormente ejercería hasta el día de mi destitución el 17 de enero de 2013, simplemente por denunciar ‘lo enfermo de la democracia venezolana’ ante la juramentación inconstitucional de Nicolás Maduro ese 10 de enero, cuando Chávez —quizás muerto para entonces— debía asumir su mandato.

Al llegar a Washington, encontré una Misión de la OEA muy ordenada y tirios y troyanos hablaban de la buena gestión de Arístides Royo. A las pocas semanas de mi llegada, asumió como Embajador en Washington el también colega, Jaime Alemán, con quien coordiné de inmediato las acciones de ambas representaciones diplomáticas, con aquello de que representábamos el mismo país. Los comentarios sobre su antecesor, Federico Humbert Arias, también relevaban lo positivo de su gestión y la disciplina como manejó la sede. Alemán, era una máquina trabajando y en más de una ocasión le comenté que podía darle algo por la forma tan a pecho como tomaba su cargo . Incansable como era nunca escuché que se perdiera algún compromiso y que en su Embajada no fuera objeto del respeto de sus subalternos y de los que se relacionaban con la sede a él confiada. Salió del cargo con la frente en alto porque le trataron de imponer directrices que él consideraba inapropiadas para su gestión y su dignidad personal. Una especie de terremoto se dio al conocerse la salida de tan valiosa unidad. Fue reemplazado semanas después por Mario Jaramillo, compañero de INCAE del Presidente, a quien conocía desde niño.

La armonía entre las dos sedes diplomáticas desapareció y el país, como parece que era antes, volvió a tener una especie de guerra fría entre la Embajada y la Misión de la OEA. Como si se representara a dos países distintos. Escuchaba, eso sí, los comentarios negativos que se hacían de su gestión, tanto de funcionarios como de la misma Cancillería, y del desorden reinante, pero nunca hicieron nada al respecto. Actuaba como si fuera un intocable.

El pasado 16 de mayo, el Diario El Panamá América titula una de sus noticias: ‘Encuentran irregularidades en Embajada en Washington’. Reportan que Jaramillo ‘no pasó la auditoría de campo que realizó el Depto. de Auditoría interna de la Cancillería a su primer año de gestión’. ¿Qué encontrarán hasta el final, no sé?

Fondos de Jaramillo ‘se mezclaron con la cuenta corriente de Embajada’; ‘alquileres irregulares de auto de lujo’; ‘remate de bienes del Estado sin cumplir con debido proceso’; ‘compra de bebidas alcohólicas’, ‘aumento de salarios no autorizados’, ‘cuentas excesivas de celular’, ‘compra de pasajes de Panamá y Washington’, me imagino no autorizados. Como se ve, no soy quien para emitir juicios sobre lo que hizo o no hizo mi ex colega en Washington. Lo que sí digo es que como trabaje allá es necesario decir que no viajaba a ningún lugar sin pedir permiso a Cancillería; no autorizaba gastos, todo lo que hacía lo consultaba con mis superiores. A mi salida pedí una auditoría, la cual si se practicó, no se encontró nada indebido, porque cuando se cumple la ley no hay nada que esconder.

Creo que esta noticia impone más trabajo a la nueva Canciller Isabel de Saint Malo, que tendrá que investigar esta Embajada y algunas otras también. La representación de nuestro país en el exterior debe ser transparente e idónea. Los cargos diplomáticos no deben ser premios para amigos, aunque los mismos carezcan de los más elementales principios de la preparación, la cordura y la responsabilidad.

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