Panamá,25º

19 de Feb de 2020

Jaime A. Jácome de la Guardia

Columnistas

Corrupción e impunidad

Columna de opinión

No me cabe ninguna duda de que una inmensa mayoría de panameños aspira a que terminen de una vez y por todas la corrupción y la impunidad. Pero ¿entendemos bien la magnitud del problema? En primer lugar, la impunidad es un producto de la corrupción. Es más, es uno de sus elementos más importantes, como su columna vertebral, incluyendo la médula espinal. No puede haber corrupción sin impunidad. Sin embargo, corrupción e impunidad no son lo mismo y, por no serlo, deben enfrentarse de distinta manera.

La pregunta es ¿cómo enfrentar la impunidad y la corrupción; qué enfrentar primero, o hacerlo con más énfasis?

Para que exista corrupción tiene que haber impunidad; evidentemente. Si hubiera certeza del castigo, no habría tantos corruptos, porque la mayoría de ellos estaría purgando condenas. Pero para que haya impunidad, no es necesario que haya corrupción. Puede haber, y habrá más o menos, alguna sociedad culta, educada, próspera, honrada, ética, en donde, a pesar de las debilidades de las leyes y las instituciones de justicia, el comportamiento de los ciudadanos sea correcto.

¿Cómo acabamos con la corrupción?; de muchas maneras: 1. Educando al ciudadano; 2. Adoptando leyes que cierren los espacios a la discrecionalidad; 3. Eligiendo funcionarios sin cuestionamientos; 4. Ejerciendo una activa participación cívica; 5. Penalizando severamente; 6. Ejemplificando las conductas éticas; 7. Rechazando públicamente a los deshonestos; y etc. Todas medidas de largo plazo.

No cuestiono la construcción de moral, ética y civismo, sin duda es una tarea necesaria y permanente. Pero a la vez que cambiamos esa cultura ciudadana, tenemos que cambiar las instituciones, solidificarlas y blindarlas para que sea muy difícil o imposible debilitarlas en el futuro, tal como hicimos con el Canal.

Hace unos meses nos visitó Fernando Sabater y entre todo, recuerdo que dijo que los panameños no somos distintos a los suizos, que somos iguales, la diferencia es que, si allá no son corruptos, es porque allá se les castiga y acá no, tan simple como eso.

En un reciente escrito el amigo José Chen Barría explicaba que la elección de un contralor o procurador íntegro e independiente no es lo que va a cambiar la realidad de la corrupción. Coincido en que mientras no revisemos a profundidad nuestras instituciones, no cambiaremos gran cosa y en todo caso los cambios serán tan temporales como los gobiernos.

Estamos acostumbrados siempre a proponer soluciones a los problemas y no a identificar y eliminar las causas de los problemas. A determinar cuál es esa condición que cambiándola, no maquillándola o escondiéndola, va a producir por inercia los nuevos patrones de conducta. Se trata de enfoque. Y la causa de los problemas NO somos los panameños.

Si queremos ser efectivos, dediquémonos a esto, analicemos, comparemos, compartamos e identifiquemos ese interruptor que va a generar inmediatamente que la casa se alumbre. Creo que el secreto está en la separación y el balance de los poderes públicos, y hay propuestas específicas que pueden dar lugar a ello, como:

1. Una Asamblea Nacional, una asamblea semibicameral, en donde ¼ de la cámara sean diputados provinciales y 1/4 nacionales (3/4); donde los proyectos sean prohijados por los diputados nacionales y aprobados por el pleno. Una Asamblea que solo legisle y fiscalice la gestión de los funcionarios, en el cumplimiento de las metas de los planes estratégicos y que no pueda ejecutar o promover promueva obras comunitarias.

2. Un Poder Judicial integrado por una Corte Suprema y una Corte Constitucional, con magistrados con mínimo de 25 años de ex periencia y sin término de tiempo en el cargo que acceden a la magistratura, dejando atrás y para siempre todo interés particular.

3. Contralor de la Nación, magistrados y procuradores cuya ratificación o designación requiera el consenso que garantiza 2/3 del Poder Legislativo, que sea producto de un proceso de selección transparente y participativo.

4. Con un sistema educativo regentado por un consejo ciudadano, y no en un gabinete político, en donde los maestros sean bien remunerados, pero también se les demande alta calidad didáctica y formativa, en donde el énfasis esté orientado al emprendedurismo y a las ciencias aplicables a la producción y a las humanidades.

5. Un Gobierno eficiente, administrado con normas comunes, simples y transparentes, con planificación estratégica, gestión por resultados, rendición de cuentas institucionalizada, participación ciudadana efectiva y con una carrera administrativa sólida y estable.

Solo cinco objetivos concretos, todos realizables y con experiencias pragmáticas, verificables y medibles muy cerca, que cambiarían toda la dinámica social, política y económica de esta nación, que alejaría a los corruptos del poder, que lograría convertir a la función política en una acción DE SERVIR Y NO DE SERVIRSE.

ABOGADO