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19 de Feb de 2020

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Marco A. Gandásegui, Hijo

Columnistas

El eje Pekín - Berlín del futuro

Columna de opinión de Marco A. Gandásegui (Hijo) del 23 de octubre del 2014

El eje Pekín - Berlín del futuro
El eje Pekín - Berlín del futuro

En el horizonte se perfila un nuevo eje hegemónico global en el desarrollo del sistema capitalista que se construye entre Pekín y Berlín, pasando por Moscú. Esta triple alianza uniría la gran masa euro-asiática en un solo sistema capitalista mundial. Reemplazaría o competería con el pacto nor-atlántico que ha sido hegemónico por más de 250 años. La pregunta es en el caso de la consolidación de esta propuesta, ¿cuál será el papel de América Latina? ¿Seguiremos siendo una región marginal y exportadora de recursos naturales agro-mineros?

Las crisis periódicas del capitalismo tienden a acelerar los cambios en los procesos de acumulación y, al mismo tiempo, en la correlación de fuerzas políticas. En el caso de la ‘gran recesión’ de 2008-2010 —cuyos efectos aún se sienten— los indicadores económicos y sociales de los países capitalistas más avanzados se estancaron. Al mismo tiempo, en otros países —sobre todo China— las tasas de crecimiento sufrieron pequeños ajustes para continuar avanzando.

El problema que presenta China ya no solo es ideológico (socialismo) o político (expansión de influencias), es más que todo económico. Pekín está construyendo un nuevo eje que pretende convertir en su aliado estratégico a Berlín, capital industrial europea. El eje incluiría el resto de Europa. El factor más importante que impedía que esta alianza se convirtiera en realidad era Rusia. Este país relativamente subdesarrollado, como potencia capitalista, tiene enormes reservas que son de importancia estratégica tanto para China como Alemania.

EE. UU. ha desbloqueado la realización del eje Pekín-Berlín, pasando por Moscú, con su política de contención de China que pretende someter a Rusia convirtiéndolo en un Estado satélite de la OTAN o dividirlo en varios países que competerían con los ‘stan’ asiáticos y Bielorrusia. Entre los planes privilegiados de China se encuentra la llamada Ruta de la Seda. Es la culminación de la estratégica relación entre Oriente y Occidente soñado por los imperios mediterráneos hace uno y dos milenios. Proyecto que en aquel entonces fue rechazado por Pekín, ahora le toca a los actuales ocupantes de la Ciudad Prohibida presentar la versión moderna. La ‘ruta’, en sus cuatro variantes, pasaría por Asia Central, por India y el Medio Oriente, por el Océano Indico y África, uniendo a China con Europa.

China se ha convertido en el principal socio comercial y estratégico de los países de Asia Central, antes miembros de la Unión Soviética. Considera a la India su socio natural. El presidente Hu declaró que ‘China es el motor productivo del mundo y la India es el administrador de ese mundo’. Actualmente, es el principal consumidor del petróleo que sale de las entrañas de los países del Medio Oriente. África se ha convertido en el país con más inversiones directas.

Para contrarrestar la evidente ofensiva económica de China, EE. UU. solo puede responder con fuerza militar. Controla militarmente a los yacimientos petroleros de Medio Oriente, ha movilizado a la OTAN para ocupar Europa Central y agita su bandera guerrera en el oriente europeo. En el Mar de China, Washington provoca situaciones en forma cotidiana que crean tensión entre Pekín y sus países vecinos. El Tratado del Pacífico pretende frenar la expansión económica de China en el Lejano Oriente, desde Japón hasta Singapur, pasando por Vietnam e, incluso, Australia.

La economía capitalista norteamericana ya no puede costear los altos niveles salariales de su clase obrera. Por esa razón continúa ‘externalizando’ su base productiva. La clase obrera norteamericana se está convirtiendo en lo que Marx llamó un subproletariado, cuya característica principal es su informalidad. Por el otro, las materias primas tienden a ser cada vez más escasas y, como consecuencia, más caras. Por último, el método mediante el cual EE. UU. logra mantener su hegemonía sobre las diferentes clases sociales —la democracia— se está convirtiendo en un ejercicio cada vez más costoso y menos eficaz.

La economía capitalista de China sigue creciendo. Quiere asegurar el salto cualitativo de sus territorios en la frontera occidental. También está decidida en convertir a Asia Central y Siberia en proveedores para su industria. Tiene inversiones en África. Su gran anhelo a mediano plazo es la alianza estratégica con Alemania. Crearía un escudo que los aliados de nor-Atlántico no podrían desestabilizar. Obviamente, podría cambiar todos estos proyectos geopolíticos si en los próximos veinte años logra establecer un pacto de amistad y desarrollo con EE. UU. Por ahora, este objetivo no está en los planes de Washington.

*PROFESOR DE SOCIOLOGÍA DE LA UNIVERSIDAD DE PANAMÁ E INVESTIGADOR ASOCIADO DEL CELA.