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03 de Dec de 2020

Ramiro Guerra

Columnistas

Corrupción y discurso falsario

¡Ojo! con esta argumentación. Es peligroso, porque al final no se investiga a nadie

En artículos de opinión anteriores, he sido categórico en señalar que el edificio del Estado panameño, sus cimientos y estructuras institucionales, están minados por el comején de la corrupción. La labor de recomposición demandará de un gran esfuerzo cívico-ciudadano movilizado, de tal suerte que las nuevas autoridades electas se armen del suficiente carácter y voluntad para no dar saltos al vacío, en esta cruzada contra la corrupción; que dicho sea, es un mal, del cual no escapa toda la sociedad.

Hoy, el concepto de ciudadanía deliberativa cobra una inmensa fuerza, como factor de control y fiscalización de la administración pública. La ciudadanía aprende, todos los días, que la democracia no se agota con el acto del sufragio y que los gobernantes son mandatarios, valga la redundancia de un mandato, dado un mandante que se llama el pueblo soberano, donde se reserva el derecho a fiscalizar y pedir rendición de cuentas.

En esta lucha contra la corrupción, hay que tener mucho cuidado con algunas argumentaciones que, a mi entender, consciente o no, tienden a mediatizar los esfuerzos ciudadanos para exigir que se investigue y, si hay delito, que se haga justicia. Por ejemplo: ‘Si se investiga la corrupción del anterior Gobierno, que se investigue también a los que le precedieron’.

¡Ojo! con esta argumentación. Es peligroso, porque al final no se investiga a nadie. No olvidemos que muchas de las fortunas que amasaron históricamente algunos de los clanes del poder económico en nuestro país lo hicieron desde el poder del Estado, sobre todo a inicio de la República.

Ahora bien, el que tenga conocimiento de un delito, sea antes o después, que haga la denuncia. El problema es que este flagelo de la corrupción ya hizo crisis y tiene a una institucionalidad en zozobra y hay que evitar que devenga en tragedia, con grave afectación para la democracia y la paz.

Otro argumento, del cual hay que tener cuidado es que no se trata de venganza y linchamiento, sino de justicia. Esos verbos rectores de vengar y linchar, a santo de qué aparecen en la jerga de la argumentación, sino a cambio de querer insinuar que estamos frente a persecuciones de naturaleza política. Esto no es cierto. Otra cosa, es el cumplimiento de las garantías fundamentales y en especial, la del debido proceso; pero hay que investigar, sí, que se investigue cuál es el calado o profundidad al que llegó está excecra de corruptela. Que caigan los plebeyos, algunos de ellos, tal vez prestan sus nombres, pero que también caigan, los cocotudos, que desde la administración, con el concurso cómplice de empresas millonarias, se prestaron para este pantagruélico escenario de robadera y rebusca.

‘Que Dios y el Pueblo salven la Patria’.

ABOGADO