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04 de Apr de 2020

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Mireya Lasso

Columnistas

Más de uno por día

'Se registra más de una víctima por día; el mal es ya endémico, según las estadísticas oficiales'

Son cifras escandalosas, pero nos estamos acostumbrando a aceptarlas como una maldición social irremediable, aunque injusta. Se registra más de una víctima por día; el mal es ya endémico, según las estadísticas oficiales. Un proyecto de ley aprobado en primer debate, que establecería la semana de educación vial en octubre de cada año, es buena idea para sensibilizar a la población. Pero no es suficiente. Es oportuno insistir en levantar nuestra voz para exigir que se establezcan —y se implementen— sanciones enérgicas y coherentes para disminuir la cantidad de víctimas por accidentes de tránsito.

Según cifras del Instituto de Estadísticas de la Contraloría, en los seis años comprendidos entre el 2008 y el 2013 hubo un total de 80 138 víctimas; entre ellas, cerca de 2500 fatales. Así, el promedio anual de muertes durante ese período fue algo más de 416; pero según declaraciones recientes de Operaciones de Tránsito de la Policía Nacional, el total de muertos en el 2014 fue mayor a ese promedio anterior, al registrarse 426 víctimas fatales. Y las noticias revelan que en los primeros 130 días del presente año ya han fallecido 170 personas en calles y carreteras en todos los rincones del país. Otra vez, siempre más de uno por día. Ayer y hoy.

Las causas son harto conocidas: exceso de velocidad, alcohol, condiciones mecánicas defectuosas de los vehículos, mal estacionamiento u obstrucción del tráfico, imprudencia del peatón, infraestructura vial insuficiente e inadecuada. Solo en los cuatro primeros meses del presente año, se impusieron más de 180 000 boletas por variopintas infracciones, de las cuales cerca de la tercera parte corresponde a exceso de velocidad, embriaguez comprobada o intoxicación por estupefacientes o aliento alcohólico, uso de celulares mientras se conduce, falta de luces adecuadas, manejo sin licencia.

El régimen vigente desde el 2006 castiga el mero exceso de velocidad con B/.50.00 y las regatas con multas de B/.2500.00 a B/.5000.00. Si el conductor es únicamente sorprendido con aliento alcohólico la sanción es de B/.1500.00, mientras si es solo por embriaguez comprobada (sic) es de B/.150.00 a B/.600.00; sin embargo, si el conductor en ese último caso causa un accidente, la multa se eleva hasta B/.2500.00. En todos los casos la primera y segunda transgresión incluirá la suspensión temporal de la licencia de conducir, mientras que la tercera reincidencia conlleva la cancelación definitiva.

Llama la atención la desproporción entre ciertos castigos por transgresiones igualmente peligrosas, aunque no ocasionen accidentes en el momento, como la sanción por regatas (B/.2500.00) y por el manejo en estado de embriaguez (solo hasta B/.600.00); ambas violaciones convierten el vehículo en un arma igualmente peligrosa. No tiene mucho sentido tampoco sancionar más severamente el solo manejo con aliento alcohólico, que el manejo en estado de embriaguez comprobada: el riesgo de accidente puede ser mayor en un caso que en el otro.

Es oportuno resaltar la conveniencia de un proyecto de ley sometido a la Asamblea que pretende introducir medidas para sensibilizar a conductores y peatones sobre el problema. Sería conveniente aprovechar la oportunidad para hacer más coherente y efectivo el sistema de sanciones, porque no debe perderse de vista que en buena parte el problema puede residir en la pasividad, venalidad o lenidad en la aplicación de las sanciones que correspondan.

Los peatones, los conductores, las autoridades encargadas de la infraestructura vial y las encargadas del tránsito deben desempeñar fielmente la función que le corresponde a cada cual. La educación vial puede ayudar, pero también las rigurosas sanciones implacablemente aplicadas. De no hacerlo se seguirá registrando más de una víctima por día. Como hasta ahora.

EXDIPUTADA