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17 de Jan de 2021

Edilia Camargo

Columnistas

Verdaderamente, ¿dan asco?

Sé efectivamente que llamar a una mujer ‘abuela' en este país equivale a un insulto

Mi bisabuelo Francisco Céspedes Alemán, el gran educador, estará muy triste en su tumba cuando le lleguen los ecos de la tanda de insultos que hoy se vehiculan vía Internet, en nuestro país y a nivel mundial. Desde ‘el hijo de la cocinera' hasta los (as) encumbrados (as) señores (as) diputados (as), electos (as) dizque por el voto popular. Es pues, el ejercicio pleno de la democracia y de sus ciudadanos/clientes, vengan de donde vengan.

Reporta Flor Mizrachi en su columna Tal Cual —Consejos— La Prensa, 14 de mayo del presente, las encendidas respuestas que la señora diputada, envejecida de unos veinte y tantos años, Kathleen Levy, le cuelga a una ‘abuela', envejecida un poco más que ella...

Sé efectivamente que llamar a una mujer ‘abuela' en este país equivale a un insulto... y la cereza del pastel cuando la envejecida de 20 y tantos años, señora Levy, le suelta a la ‘abuela' ‘me das asco'. Lavándole la cara con el ‘cebo' que ha hecho por su vida.

Soy consciente y, sin intención de ofender a los que hacen su oficio buscando los más altos estándares de credibilidad, del poco valor medular que en muchísimas ocasiones tiene la prensa escrita y televisiva en este país. Hemos presenciado los enfrentamientos mediáticos entre personajes inflados por los medios, aunque sean en realidad de verdad unos estruendosos fracasos, acentuando el trabajo de sabotaje a los cimientos institucionales del país... Blogueros que hablan a nombre de prestigios diarios internacionales, por el simple hecho de insertar una nota... Entrevistas chuecas y totalmente sesgadas para soltar improperios y seguir el trabajo de guerra institucional entablado... Y... ¡paso!

Sin embargo, quiero dar crédito a la señora Mizrachi y reacciono a las citas que ella hizo públicas, del desdichado tuit. Entiendo que la andanada de golpes fue provocada por el llamado de atención de la ‘abuela' pidiéndole a la Sra. que trabajara y se dejara de tantas poses narcisistas... No tiene la diputada Levy el privilegio del narcisismo en nuestro país. Esto lo sabemos. Cantidad de ‘artistas' y otros ‘intelectuales', dirigentes deportivos, ‘reconocidos' a nivel mundial, hacen alarde de ello y pasean y hacen pasear invocando su ‘merecido prestigio'. ¡Y no solo ellos!

¿Qué trabajo hacen las diputadas? Ciertamente, no el mismo no remunerado que siguen haciendo las abuelas en este y en la mayoría de los países, criando hijos, nietos, atendiendo la casa, dando de comer y haciendo vivir. Ninguna ley les da ningún tipo de protección ni seguridad ni en su juventud, y menos en su vejez. Las divorciadas, en su mayoría, quedan en la más absoluta indefensión, desde el momento en que el Estado panameño no obliga a los maridos a darles reconocimiento por el trabajo de procreación y el de ‘ama de casa' —tengan o no trabajo remunerado—. Ecuador está sometiendo una ley para cubrirlas con seguridad social. ¿Qué ‘cebo' fabrican estas mujeres de sus vidas? Sencillamente habría que preguntárselo a ellas.

A diferencia de las ‘honorables', las ‘abuelas', para quienes no hay ni días feriados ni vacaciones ni gasolina y compra de carros sin impuestos, partidas circuitales y otros tantos regalitos que salen de nuestros impuestos, las ‘babickas' (en checo), ‘brujas' en algunos países (Tanzania), son sometidas a abusos y maltratos tanto físicos como verbales —el caso del famoso tuit— y no solo de sus propios familiares, sino del imaginario común y justamente de las personas que estarían llamadas a legislar para brindarles acceso pleno a sus derechos y libertades fundamentales.

La OEA —desprestigiada y prostituida, Fidel Castro dixit— acaba de rehacerse una virginidad, al adoptar vía su Consejo Permanente y su Comisión de Asuntos Jurídicos y Políticos, la Resolución 3309/rev. 1 de 8 de mayo de 2015, Proyecto de Resolución para una Convención Interamericana sobre la Protección de DDHH de las Personas Mayores.

En su Artículo 9: ‘Derecho a la seguridad y a una vida sin ningún tipo de violencia'. ¡Al fin tipifican la parte oculta de las conductas violentas ‘dulces'! —esas que llevan a una muerte a fuego lento, porque no se encuentran definidas en los códigos penales—: abusos financieros y patrimoniales, maltrato físico, sexual psicológico, explotación laboral (el caso de las amas de casa, justamente), la expulsión de su comunidad (las desplazadas), y toda forma de abandono o negligencia (en los servicios de salud, educativos, etc.) que tengan lugar dentro o fuera del ámbito familiar o unidad doméstica, o que sea perpetrado o tolerado por el Estado o sus agentes (la señora diputada, en este caso) donde quiera que ocurra.

¿Hasta cuándo esta sociedad seguirá tolerando este tipo de maltrato y abuso engendrado por el propio Estado y sus agentes/instituciones? ¡Hablemos, pues de asco, Señora Diputada!

FILÓSOFA Y ESCRITORA.