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22 de Jan de 2021

Roberto Rolando Rodríguez

Columnistas

Juan Demóstenes Arosemena, en el lugar indicado (I)

Quienes escriben biografías lo definen como un hombre: firme, progresista y patriótico.

El 5 de junio de 1938 fue una fecha de mucha importancia para la provincia de Veraguas. Allí se da un acontecimiento que se combina con realidad y con la interpretación literaria de Ignacio de Jesús Valdés y otros ilustres hombres de la literatura y las artes.

Setenta y siete años después, vuelve a la memoria de los veragüenses el innovador y revolucionario Juan Demóstenes Arosemena, el hombre que en su pensamiento le da la importancia al interior de la República y convierte a Santiago de Veraguas en la capital de cultura y enseñanza en un ambiente propio.

Juan Demóstenes Arosemena, un político y escritor panameño ganó las elecciones de 1936 y no fue nada fácil consolidar su triunfo, pues el grito de siempre en los perdedores de aquellos tiempos era: ‘Fraude'.

Quienes escriben biografías lo definen como un hombre: firme, progresista y patriótico.

Nada más convincente de estas tres cualidades, es que su gestión comienza con la idea de trasladar la Escuela Normal de Institutoras, pese a los escollos con los educandos, docentes y administrativos.

Para Arosemena, un maestro formado en nuevos centros, allegados a su misma concepción, se identificaría mucho más con el ambiente y vendría a ser el principal motor en el desarrollo de una nueva concepción del concepto cambiante de la educación.

La edificación, considerada en aquellos tiempos como una locura, estuvo a cargo del ingeniero constructor Luis Caselli, cuyas primeras paladas se dieron en un llano extenso.

El área total del terreno era de 42 500 metros cuadrados, de los cuales 3921 se destinaron para dormitorios, 4123 para edificios de enseñanza, 870 para las casas del director subdirector y profesores, 518 dedicados a pasillos.

Para aquellos tiempos, los pobladores dieron como significado a esa extensión de llanos el indicativo de tesoros escondidos, que saldrían a la superficie en algún momento. De allí la leyenda de la luz del llano. Sigue mañana...

PERIODISTA