La Estrella de Panamá
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18 de Oct de 2019

Edgardo Murgas Álvarez

Columnistas

La carreta como medio de transporte

‘Naraaanjas, naraaanjas, naranjas por botellas. Traigan sus botellas'. ‘Pescaoooo, Mangoooos', etc.,

‘Naraaanjas, naraaanjas, naranjas por botellas. Traigan sus botellas'. ‘Pescaoooo, Mangoooos', etc., eran algunos de los pregones de los carretilleros que recorrían las estrechas calles y avenidas de los barrios de San Felipe, Santa Ana y Calidonia, allá por las décadas de los años setenta y ochenta.

Decenas de carretillas, con los más variados productos agrícolas y hasta con carnes, se mezclaban entre el diario vivir de la gente y los diferentes elementos que integraban nuestro colorido entorno urbano.

Este tipo de transporte también era utilizado por las clases populares para trasladar electrodomésticos pesados, como refrigeradoras y estufas que se adquirían en el comercio local.

Otro uso muy frecuente que se les daba, era en mudanzas. En más de una oportunidad observé cómo los inquilinos residentes en el centro de la ciudad contrataban a los carretilleros para que les trasladaran sus enseres a otras residencias.

Cuando caía la noche, y el negocio de las mudanzas y la venta de frutas y carnes pausaba, las carretillas adquirían una nueva modalidad: eran convertidas en dormitorios rodantes. Los usuarios del Mercado Público, que provenían del interior del país o de nuestras costas, las alquilaban a razón de un peso la noche para pernoctar en ellas.

En otras ocasiones, éste tipo de transporte se utilizaba como carro fúnebre por su bajo costo y accesibilidad.

Aún recuerdo, y sonrío, al pintoresco carretillero que vendía agua de pipa por la avenida Central. Acechaba a las distraídas jovencitas que caminaban por la principal arteria comercial de la época y, cual si fuera un grito de guerra, les gritaba casi al oído: ‘Piiiiiiiipa'. Era tal el susto que causaba que salían corriendo como si el mundo se hubiese acabado. La gente disfrutaba del espectáculo.

Don José, era otro de los carretilleros que admiraba por su constancia y tenacidad. El tener más de cincuenta años no era impedimento para que todos los días trasladara su pesada carretilla, llena de productos, desde el Mercado Público, hasta el distrito de San Miguelito, donde tenía una clientela cautiva. Gracias a su esfuerzo y sacrifico, logró adquirir una vivienda propia y educar en la Universidad de Panamá a sus tres hijos.

En Panamá, no hay antecedentes de cuando llegó la carreta, pero a nivel universal se conoce que su origen se debe a la invención de la rueda hace más de 5500 años y, desde entonces, ocupó un lugar preponderante en las economías nacionales.

El parque vehicular motorizado de más de un millón de unidades, proliferación de supermercados y traslado del Mercado Público, entre otros, son algunos de los factores que han contribuido a la desaparición de éste medio de transporte popular.

Y volviendo al inicio de este artículo, no sé por qué será que cuando escucho a los políticos, autoridades o nuestros gobernantes, prometiéndonos cosas en los medios de comunicación social, recuerdo el pregón de los carretilleros de antaño que decía: ‘Naraaanjas, naraaaanjas, naranjas por botellas….

PERIODISTA Y DOCENTE UNIVERSITARIO.