• 25/02/2026 00:00

Escuchar a tiempo: una decisión que impacta toda la vida

Cada año, el Día Mundial de la Audición nos recuerda que la salud auditiva es un tema de bienestar individual, pero también de responsabilidad colectiva. La pérdida auditiva puede presentarse en cualquier etapa de la vida y, cuando no se detecta o atiende oportunamente, afecta la comunicación, la educación, el empleo y la participación social.

Según la Organización Mundial de la Salud, más de 1,500 millones de personas viven con algún grado de pérdida auditiva en el mundo. En Panamá, la Encuesta Nacional de Discapacidad reporta más de 118,000 personas con deficiencia auditiva. Detrás de estas cifras hay realidades diversas que requieren información clara, diagnóstico oportuno y acceso equitativo a servicios especializados.

En la infancia, la detección temprana es determinante. Los primeros años de vida son fundamentales para el desarrollo del lenguaje y la comunicación. Cuando un bebé no reacciona a sonidos fuertes, no balbucea o no desarrolla palabras en la etapa esperada, puede tratarse de señales de alerta. La evaluación profesional y la intervención oportuna pueden influir significativamente en el desarrollo lingüístico y social del niño.

Existen distintas alternativas médicas para abordar la pérdida auditiva, desde audífonos hasta soluciones implantables en casos específicos, siempre bajo indicación especializada. Sin embargo, el mayor desafío no siempre es la disponibilidad de tecnología, sino el acceso a la información adecuada en el momento correcto. Muchas familias desconocen las rutas de atención o retrasan una consulta por falta de orientación.

La pérdida auditiva tampoco es un fenómeno exclusivo de la niñez. En adultos, las señales suelen normalizarse. Dificultad para entender conversaciones en ambientes ruidosos, necesidad de aumentar el volumen del televisor, pedir que repitan lo dicho o evitar encuentros sociales pueden ser indicios tempranos. Con frecuencia se atribuyen al cansancio o a la edad, lo que retrasa la búsqueda de evaluación.

Diversas investigaciones han señalado que la pérdida auditiva no tratada puede asociarse con aislamiento social, disminución del desempeño laboral y afectaciones en la calidad de vida. Por ello, el Día del Implante Coclear (25 de febrero) y el Día Mundial de la Audición (3 de marzo) deben ser también una invitación a que los adultos reconozcan estas señales y consulten oportunamente a un profesional. Desde una perspectiva de salud pública, la detección temprana no solo mejora resultados individuales; también contribuye a reducir brechas sociales y educativas. Fortalecer los programas de tamizaje auditivo neonatal, ampliar la cobertura de evaluaciones especializadas y promover campañas de información son pasos esenciales para garantizar mayor equidad.

La salud auditiva debe formar parte de las conversaciones sobre prevención y acceso, al mismo nivel que otras condiciones de alto impacto. Crear una cultura donde hablar de audición sea natural y donde buscar ayuda no genere estigma es una tarea compartida entre autoridades, profesionales de la salud, organizaciones y sociedad civil. Escuchar no es únicamente percibir sonidos; es participar activamente en la vida social, educativa y laboral. Es mantener vínculos, aprender, tomar decisiones y ejercer derechos.

Este Día del Implante Coclear (25 de febrero) y el Día Mundial de la Audición (3 de marzo) es una oportunidad para recordar que la información oportuna y la intervención temprana pueden cambiar trayectorias de vida. A veces, el primer paso hacia una mayor inclusión no es tecnológico, sino informativo: reconocer las señales y actuar sin demora. Porque cuando hablamos de audición, hablamos de conexión. Y garantizar esa conexión, en todas las etapas de la vida, es un compromiso que nos involucra a todos.

*La autora es asesora audiológica
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