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06 de Jun de 2020

Lucrecia Herrera

Columnistas

Isla penal de Coiba

Para bien o para mal, el Gobierno panameño clausuró el lugar con sus funciones

Para bien o para mal, el Gobierno panameño clausuró el lugar con sus funciones. Dios ha sido muy generoso conmigo, porque me dio la oportunidad de conocer esa maravillosa isla. Cuatro veces estuve allí y tuve la oportunidad de llevar a varias personas que conocieran el lugar, las cuales laboraban en el Ministerio de Educación, ya que yo era la directora de Televisión Educativa en 1970.

Una persona que laboraba con el general Torrijos me proporcionó las veces que pudo el avión del general (4 veces en meses diferente).

Tenía el proyecto de llevar la Radio y Televisión Educativa hasta Coiba sin decirle nada a nadie, estaba estudiando el terreno, el personal, las condiciones, etc. En esos viajes llevaba a diferentes grupos, coros, servicios médicos, turistas, educadores periodistas y demás.

Como yo era la directora de la entidad Televisión Educativa, nadie podía decirme quién iba o no a dichas excursiones. Recuerdo que llevé un coro del Instituto Episcopal San Cristóbal con su profesor y la esposa del director, Prof. Constancia de Hayes, un médico panameño que estaba de visita en nuestro país, ya que residía en EUA, a quien después agradecí mucho, porque al llegar a Coiba el pidió visitar la sala de enfermos. Yo lo acompañe y pudimos ver a un recluso panameño arropado, temblando de frío.

El Dr. Leonel De Bernard pidió información sobre el enfermo y le dijo el guardia de la sala: ‘Está picado de culebra'. El diligente medico trajo su maletín y le aplicó los medicamentos necesarios. En el siguiente viaje pregunté por el mordido de culebra a quien conocí y me pidió saludar al Dr. que estaba bien y mil gracias.

En el penal de Coiba hicimos un censo, había más reclusos de Los Santos, Chiriquí, Colón y Panamá. Un periodista en uno de los viajes me preguntó en el avión ¿cómo me había parecido la comida? Le dije excelente y me contestó: ‘El cocinero mató a su esposa, la picó y la quemó después', yo me persigné... ambos guardamos silencio.

Allí también me encontré con un maestro egresado de la Escuela Normal Juan Demóstenes Arosemena de Santiago, estaba allí porque había violado a una niña de II grado, finalmente el educador cumplió su pena y salió de la cárcel. Me buscó en Panamá con su diploma debajo del brazo, pero no pude hacer nada por él. ¡Qué duro es delinquir!, nadie te perdona. Hasta luego...

UNIVERSIDAD DE LA PAZ.