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22 de Jan de 2021

Dorindo Jayan Cortez

Columnistas

2017: la felicidad en el nuevo año

2016: un año ‘viejo' llega a su final. 2017: un nuevo año que, como en todos los casos, revive esperanzas de una vida mejor

2016: un año ‘viejo' llega a su final. 2017: un nuevo año que, como en todos los casos, revive esperanzas de una vida mejor. Es cierto que convivir en un ambiente saludable no es posible donde imperan las frustraciones. Cierto también es que para hacer realidad las aspiraciones, se necesita un Panamá de oportunidades, no de promesas incumplidas que siempre debilitan la credibilidad. Lo que ha de imperar es una población que viva en felicidad, no en la ‘frustración cotidiana'.

Y para que la felicidad se haga presente, requerimos un Panamá con una economía más humana, con distribución menos egoísta. Un país en el que se haga saneamiento de la corruptela y en donde la ley funcione de verdad. Estos ideales, que parecen difícil de alcanzar, deben estar en el tímpano de los gobernantes y ojalá que para el NUEVO AÑO no hayan oídos sordos ni vistas distraídas.

La verdad es que el bienestar social, como lo merece la población, sigue a la espera. Si las políticas de Gobierno, por ineficaces, no logran superar los males sociales como la inseguridad, la pobreza, el encarecimiento de la vida, para citar algunos males, entonces lo probable es la repetición de lo mismo. Esto es, un Panamá con alta taza de desigualdad e intranquilidad. Los índice de frustración serán elevados, los de felicidad ínfimos.

Esa desesperanza ha llevado a la población, y es lo correcto, a dar amplitud al compartir familiar. Así, el ambiente navideño, las emociones de final de año y el inicio de uno nuevo, los eventos de ir y venir en familia y de compras, de poner en la mesa un buen festín de pavo y jamón, son estas las manifestaciones que al final buscan reunir un aspecto esencial de la vida humana: la felicidad.

Siendo la felicidad un derecho, ella depende, en muchos casos, de que las condiciones de vida la faciliten, y esto no es ajeno a las políticas públicas de quienes nos administran. De un buen Gobierno. Claro que para ser feliz, siempre haremos frente a los obstáculos incrustados en las paredes de la felicidad. Uno de los obstáculos principales viene de los malos Gobiernos, del político ‘engañagente'.

Quizá por ello no hay que renunciar a lo que sí está bajo nuestro dominio: superar las incomprensiones. Hay quienes, p. ej., acostumbran cuestionar las acciones ajenas. Puede que sean bien o malintencionadas las críticas. Tratan dichas actuaciones como locas, infantiles, desquiciadas, pasando por alto que esas cosas, consideradas como fuera de orden, dan placer a quienes las realizan y sirven para aliviar las penas que se desbordan de los Gobiernos que no dan soluciones.

Siendo actuaciones que nos dan algo de felicidad, no hay justificación suficiente para que no las llevemos acabo. Para alcanzarla, le fueron dadas al hombre facultades paralelas. Una de ella es la facultad de OLVIDAR. De olvidar el sufrimiento y las penas ante la pérdida del ser querido, de olvidar los resentimientos, de pasar por alto los horrores de los malos Gobiernos, que el dolor se extinga y la sonrisa renazca.

Pero así mismo, también la facultad de RECORDAR, y con está la posibilidad de devolvernos en el tiempo para celebrar las cosas placenteras, las que conmemoran los buenos resultados y que por tanto nos dan alegría. En el juego de esta realidad se hace presente el 2017. Ojalá que se haga realidad el clamor que reza: ‘Feliz Año Nuevo'.

DIPUTADO DEL PARLACEN.