Temas Especiales

20 de Jan de 2021

Ana Mercedes Salazar de Alvarado

Columnistas

El adiós del exgeneral

No recuerdo la vida sin Manuel Antonio Noriega. Para aquellos que nacimos en la década de los 70 los militares estaban allí desde siempre

No recuerdo la vida sin Manuel Antonio Noriega. Para aquellos que nacimos en la década de los setenta los militares estaban allí desde siempre.

Era otro Panamá, más ordenado, no había tranques, pocos edificios altos, más vegetación y negocios tradicionales, más respeto. Un Panamá en donde te preguntaban de quién eras hijo y con la respuesta ya la persona sabía tu historia familiar. Nadie era desconocido.

Noriega se presentaba como una figura fuerte, imbatible, con machete en mano desafió a un coloso de un norte a la vuelta de la esquina.

El descontento aumentó a mediados de los ochenta. Se comenzó a hablar bajito de lo que no nos gustaba primero hasta luego convertirse en protestas, gritos de pailas, el pueblo vestido de blanco en flagrante descontento, desobediencia civil.

Un país desestabilizado por el juego de poder de unos pocos, que afectaba a los muchos, a todos, al pueblo. Panamá pedía ayuda a gritos, todo era caos constante, sostenido con tintes de una a veces muda y estática normalidad. Cobijados con un sentido de patria difícil de asimilar. Así fue mi país en los ochenta, presa de todos los caprichos.

El 20 de Diciembre de 1989 nos despertó la invasión. Más dolor duro de tragar. Inocentes caídos en el fuego cruzado, todavía no tenemos la madurez histórica de digerir la cantidad de muertos.

A los días, nos tocó ver en la televisión a un Noriega disminuido, de mirada perdida, triste presagio de los veintisiete años de cárcel que prosiguieron. El hombre que ha pagado la condena más larga en la historia del país.

Hoy, es día de reflexión, cerramos un capítulo de nuestra historia. Muchas preguntas quedaron sin responder, nos quedamos con verdades a medias y familiares en espera. Existe una deuda inmensa con el saber popular.

El exgeneral Noriega fue a su morada eterna después de largas semanas en el hospital. Su recorrido nos enseña que la vida nos encumbra y luego nos derriba en un espacio tiempo determinado. Quedan los recuerdos de un pasado que no podemos ni debemos volver a repetir. La historia se encargará de juzgar nuestras acciones.

Descanse en paz señor Noriega.

*MIEMBRO DEL CÍRCULO DE LECTURA GUILLERMO ANDREVE.