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18 de Oct de 2019

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Julio César Caicedo Mendieta

Columnistas

Coclé en contra del desconcierto

La dos tienen su base en las noticias y comentarios de radio, prensa y TV de la capital y del interior

Las desesperanzas y temores que uno nota en todos los estratos de Panamá, tienen su génesis en dos dimensiones con órbitas diferentes de lo que estamos viviendo. Las dos líneas pueda que sean reales, pero amarradas con una escuálida majagua al presente. La dos tienen su base en las noticias y comentarios de radio, prensa y TV de la capital y del interior. Y por supuesto en las alocuciones increíbles del Gobierno, de la Asamblea, de la Corte y de la oposición, todo ello sustentado con el mayor desparpajo de millones de dólares en publicidad.

Con estas premisas tan tétricas, ningún cristiano debería salir de su casa después de ciertas horas; pero sepan lo que frecuentemente ocurre en las montañas de Coclé. El jueves 8 de junio, a las 10 p. m., de regreso de la capital a Piedras Blancas de La Pintada, escuchaba la narración del juego entre Panamá y Costa Rica, superando la estrecha vía de los empinados entre Toro Bravo y La Madera, conduciendo con toda la pasmosidad del mundo, cuando de pronto se atrofiaron los embragues y por ende los cambios, el pick up de detuvo frente a la entrada de la comunidad de Las Cuestas y entonces... ni para atrás ni para delante.

En un segundo me di cuenta de que estaba acompañado únicamente por el cerro Guacamaya, iluminado hasta sus faldas por la Luna. Como le debo tanto a DS, no me ofusqué, puse las luces intermitentes y continué escuchando la narración de RPC, cuando se escuchó a lo lejos el ronroneo de un carro subiendo y bajando lomas, el auto se detuvo y para mi sorpresa era el director del IPT del Copé, Eladio Martínez, quien se detuvo al reconocerme y para ver en qué me ayudaba

‘No se preocupe profesor que en cuanto acabe el juego llamaré al servicio de grúas ... Gracias'. El tope terminó y entonces no había señal para llamar a la grúa. Llegó la neblina y una banda de cornetillas que usan los mosquitos en Pakistán, prendí la pipa con un pedazo de tabaco partagas y se fueron. De once la noche hasta las seis de la mañana no pasó un solo carro, allí me despertó el transportista don Titi, de la comunidad de cerro Colorado, le conté y respondió: ‘Tranquilo, yo le resuelvo', y en una hora trajo la grúa, dos michas de pan y café y miren que no pude agradecerle, porque, cuando don Titi se retiraba, yo estaba atorado de pan y el café estaba muy caliente.

ESCRITOR COSTUMBRISTA.