05 de Oct de 2022

  • Berna D. Calvit

Columnistas

Como para preocuparnos

‘[...] ¿qué tal si nuestros diputados dejan los matraqueos politiqueros y legislan para prohibir la publicidad de bebidas alcohólicas, tal como se hizo con el cigarrillo?'

A lo largo de los años he escrito sobre la ludopatía, el embarazo en niñas y adolescentes, la ancianidad, el consumismo y la drogadicción entre otros problemas sociales. Esta vez, sobre el consumo de alcohol motivada por un e-mail que pregunta con gran tino, que si se muestran imágenes de muerte y enfermedades en las cajetillas de cigarrillos, ¿por qué no ponen fotos de víctimas de conductores ebrios en botellas de cerveza, ron, vino, etc.? La pregunta y las noticias en las últimas dos o tres semanas, que señalan que el consumo excesivo de alcohol fue factor en accidentes automovilísticos, riñas callejeras, asesinatos y violencia intrafamiliar me llevaron a buscar información sobre la historia del alcohol e información actualizada sobre el consumo de bebidas alcohólicas en Panamá.

Los investigadores han logrado determinar que el alcohol ha estado presente, según algunos, desde el año 3000 antes de Cristo (a. C.); otros han encontrado evidencias de una bebida alcohólica en China, alrededor del año 7000 (a. C.); en India, entre los años 2000-3000 (a. C.). Es decir, que los hallazgos confirman que la historia del ser humano y las bebidas alcohólicas están enlazadas y son parte de todas las culturas y sociedades. Un amigo me dijo hace muchos años, que fueron los animales los que, al mostrar señales de euforia y comportamiento extraño, llevaron a los humanos a darse cuenta de que las frutas fermentadas eran la causa de que los animalitos estuvieran tan contentos; y según él fue así que el hombre empezó a consumir alcohol. La confirmación de los animalitos borrachos se encuentra en el sitio web de National Geographic en español.

¿Cómo anda nuestro país en producción y consumo de alcohol? ¡Muy bien, viento en popa para fabricantes y comerciantes! Pero andan mal muchas familias que sufren los estragos del consumo excesivo de alcohol; no escapan del daño sectores de la sociedad que indirectamente pagan los platos rotos. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), en 2016 Panamá era el segundo país de Centroamérica con mayor consumo de alcohol per cápita. Un dato tan alarmante que recibió amplia divulgación en los medios, no parece haber despertado el sentido de urgencia para atender las recomendaciones de las autoridades de salud nacionales e internacionales que también resaltan que el alcohol es puerta de entrada para otras adicciones (cocaína, metanfetaminas, etc.); ni siquiera existen datos sobre las personas que sufren la dependencia alcohólica, lo que impide mostrar el verdadero impacto de esta adicción en Panamá. Datos del Instituto Nacional de Estadística y Censo de la Contraloría General de la República (CGR) registran que en los últimos 10 años se ha incrementado la producción de bebidas alcohólicas. En 2017 creció 40.2 % en comparación con marzo 2016; la cerveza va a la cabeza en consumo, seguida del seco, la ginebra y de último el ron. Como para preocuparnos. Con razón veo las six pack (cerveza) pasar que es un contento por las cajas de los supermercados.

La asesora principal de la OMS en abuso de sustancias señala que ‘no es desdeñable la presión que la industria sabe ejercer sobre los Gobiernos para que los precios del alcohol estén bajos y no haya regulaciones'. De frontera a frontera se ven letreros que anuncian bebidas alcohólicas que se venden hasta en los rincones más remotos del país; el alto consumo de alcohol entre la población indígena es tema recurrente, solo recurrente. En los medios de comunicación de los que por ley se eliminó la propaganda de cigarrillos, los comerciales mercadean el alcohol como sinónimo de alegría, inseparable de chicas lindas y hombres guapos, sol, playa, música; la violencia intrafamiliar, riñas, accidentes automovilísticos y crímenes solo sirven para alimentar la diaria truculencia en los noticieros. Un amigo alcohólico que gracias a Alcohólicos Anónimos lleva ocho años ‘limpio', sin probar alcohol, dice que los comerciales de licor en televisión le causan ansiedad, que son terriblemente dañinos para la voluntad del que batalla contra el alcoholismo.

Hay suficientes elementos para considerar que el alcoholismo es problema de salud pública en Panamá y como tal, el Gobierno debería establecer políticas públicas de prevención, educación, rehabilitación. En los centros educativos deberían poner en ejecución programas de prevención (no faltarán algunos que dirán, ‘no señor, nada de hablarle de alcohol a mis hijos; de eso les hablo yo'). Pero para empezar, ¿qué tal si nuestros diputados dejan los matraqueos politiqueros y legislan para prohibir la publicidad de bebidas alcohólicas, tal como se hizo con el cigarrillo?

COMUNICADORA SOCIAL.