La Estrella de Panamá
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22 de Oct de 2019

Juan Carlos Mas C.

Columnistas

Del poder, sus compañeros y su orfandad

En realidad, es inimaginable la capacidad táctica y la fuerza moral de un objetivo estratégico correctamente fijado

En un libro de pronta aparición alguien a quien conozco comparaba el poder ejercido por el desaparecido Omar Torrijos con un poste untado de miel y clavado en medio de una pradera, el cual pronto sería cubierto por todo tipo de alimañas, insectos y cuanta cosa viva, volante o caminante, se nos ocurra, las que disfrutarán aproximándose al poste y lamiendo las mieles del poder.

En realidad, es inimaginable la capacidad táctica y la fuerza moral de un objetivo estratégico correctamente fijado, como lo era la recuperación del canal y la habilidad de maniobra de Omar apoyándose en todo tipo de alimaña para lograr su objetivo.

En otro libro, de anterior lectura, dedicado a la figura de Filipo II de Macedonia, el padre del famoso Alejandro Magno, se trazaba un esbozo de los trabajos de Filipo para consolidar su reino como base para lo que sería la gran campaña de su hijo. Siendo aún muy joven y todavía en carrera para heredar el trono de su padre, Filipo debía sortear las conspiraciones de aspirantes rivales. De manera que se le asignó un fiel soldado que lo acompañaba a todas partes para protegerlo de un posible atentado. Filipo tuvo la suerte de hacer una atinada visita a un oráculo, quien, en ese lenguaje oscuro que usaban, le advirtió: ‘llegarás lejos hijo mío, pero cuida siempre de que el sol te dé en las espaldas'.

El joven heredero despreocupadamente prosiguió sus correrías para conocer su reino y un día, después de una fatigosa subida con el sol a cuestas, para contemplar desde lo alto y desde el borde de un precipicio, el bello panorama del río que zigzagueaba abajo, notó que una sombra crecía a sus espaldas, se agachó y pudo ver por encima de su cabeza que su ‘fiel custodio' se precipitaba al abismo.

Trasladándonos a nuestros tiempos, ¿qué habría de pensar Dilma cuando su vicepresidente, elegido para acompañarla en un afán tacticista de fortalecer la fórmula presidencial del PT, la empujaba hacia el abismo del juicio político; qué habría de pensar Correa cuando la persona conocida por él, en su carácter de ‘fiel acompañante' del trabajo gubernamental, y que fuera ungida como su sucesor y continuador resultara ser el que, después de muchas sonrisas y agradecimientos, aprovechaba su ausencia para vedarle el regreso al poder y aprovechar su desguazamiento político para devolver el poder a la oligarquía? Bien estará pensando Correa en esa sentencia de la sabiduría popular que dice que el poder es como un potro cimarrón del cual no es conveniente bajarse porque te puede patear en el suelo. Y ¿qué decir de los retornos que se ejecutan pensando en un caudal de aprobaciones que el volátil sentimiento popular ya ha dilapidado? El atentado contra su gira por las localidades del país profundo, realizada sin ningún apoyo de los organismos electorales y sin acceso a la radio ni a la prensa, hace recordar el odio oligárquico que incentivó a aquella turba que asesinara en el pasado a Eloy Alfaro, uno de los presidentes ecuatorianos con mayor voluntad de cambios progresistas.

Bien lo afirmaba Marx, cuando sentenciaba que, en la sociedad dividida en clases, el poder expresa siempre la voluntad de la clase hegemónica, la cual tiene una larga experiencia en las contiendas electorales. Estas se realizan no para cambiar su poder sino para legitimarlo. Con toda razón Fidel Castro, cuando asumió el poder, después de la triunfante guerra revolucionaria, ante las demandas de que organizara elecciones, respondió que solo se harían elecciones cuando el pueblo fuera liberado del analfabetismo y cuando poseyera las armas de una ilustración suficiente para ejercer la discrecionalidad de una elección.

¿Y qué podría sentir Cristina cuando, desde el seno de sus propias organizaciones que compartían la tendencia política peronista, se asomaba la traición y la componenda?

El poder no se suelta y no se entrega a quien te ayuda a bajar sino a quien lo merece, aunque no sea visible.

MÉDICO