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17 de Oct de 2019

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Ricardo Arturo Ríos Torres

Columnistas

Un mayo sangriento

La democratización de la enseñanza surge como prioridad en el II Congreso Extraordinario de la Federación de Estudiantes de Panamá de 1957.

La democratización de la enseñanza surge como prioridad en el II Congreso Extraordinario de la Federación de Estudiantes de Panamá de 1957.

Mayo de 1958 inicia el año escolar ante un caos educativo, de Aguadulce sale una caminata hacia la capital de decenas de estudiantes.

Las Asociaciones Federadas del Artes y Oficios, Liceo de Señoritas, Escuela Profesional y el Instituto Nacional los reciben y marchan el viernes 16 hacia la Presidencia de la República.

Ernesto De la Guardia no los recibe, regresan en nutrida manifestación el lunes 19. Raúl Arias, edecán de Ernestito, ordena la represión contra la muchachada. Cuando llegan a la Iglesia de la Catedral, una bomba lacrimógena sin explotar impacta el corazón del estudiante artesano José Manuel Araúz. ¿Dónde estaban los asesores del presidente?

El miércoles 21 de mayo se da un encuentro con Ernestito en el Palacio de las Garzas. Jaime De la Guardia, rector de la Universidad de Panamá, toma la iniciativa del diálogo y con los decanos y los dirigentes Andrés Cantillo, Ricardo Quirós y Ricardo Arturo Ríos Torres se da una reunión en la cual la FEP expone sus demandas. Exigimos la renuncia del ministro de Educación, Víctor Juliao, y la destitución del edecán presidencial.

El diálogo es puntual, franco, respetuoso, los directivos de la Casa de Méndez Pereira proceden con entereza y respaldan las peticiones estudiantiles. Ernestito, en ese momento, tiene una actitud conciliadora, aprecié su preocupación y honestidad, se concluye con establecer un diálogo de alto nivel.

El miércoles 21 regresa al país Bolívar Vallarino, viene de Buenos Aires de una reunión con el Comando Sur y con él llegan los dioses de la muerte. Bolívar ignora el acuerdo del presidente.

El timón de mando de la República está en los cuarteles. El mandamás de turno es el comandante Bolívar Vallarino, antes lo era José Antonio Remón Cantera, el ‘quita y pon' de presidentes.

Vallarino, el jueves 22 de mayo, sitia al Instituto Nacional. Los francotiradores de la Guardia Nacional disparan a matar, varios estudiantes son asesinados.

La soldadesca de Vallarino se toma la capital, las balas ‘dum, dum' matan a más de 30 niños, estudiantes, jóvenes, adultos, ancianos. La morgue no se da abasto, los cuerpos están encima unos de otros.

Una lluvia de plomo tiñe de sangre a El Chorrillo, Calidonia, Santa Ana y El Marañón, la protesta popular es silenciada con violencia homicida.

Ernestito desaparece, es humillado por el Atila que dirige la Guardia Nacional. Vallarino anticipa los días aciagos de la dictadura militar de 1968 y los presidentes de a dedo.

Tobías Díaz Blaitry, de la Asociación de Profesores, logra en horas de la tarde realizar una reunión en el cuartel de la avenida A., sede del poder real del país. El Palacio de las Garzas solo es una caricatura.

Andrés Cantillo, Carlos Arellano y Ricardo Arturo Ríos Torres asisten por la FEP acompañados por varios profesores. Se conviene desalojar el Instituto Nacional y movilizar en buses hacia la Universidad de Panamá a centenares de estudiantes allí retenidos por la Guardia Nacional.

Una impresión imborrable es cuando llegué a la antesala de la oficina del hombre fuerte de Panamá, allí estaban los ministros de Ernestito y los dirigentes de todos los partidos plutocráticos de Panamá, los miré con desprecio por la sumisión a los cuarteles; estaban asustados, nos miraban con expectativa.

El país indignado por la Masacre del 22 de Mayo se paraliza, se da una huelga general; suspenden las garantías constitucionales, censuran los medios de comunicación y Vallarino militariza las ciudades de Panamá y Colón. El terrorismo de Estado se impone. Ernestito está perdido en su laberinto…

La Guardia Nacional sitia a más de 2000 estudiantes instalados en la Universidad de Panamá, son muchos los ciudadanos encarcelados y heridos. Los panameños asesinados son más de 30, es la historia silenciada por los historiadores y académicos que ignoran, deliberadamente, un acontecer trágico del devenir republicano.

El Pacto de la Colina del 29 de mayo de 1958 es una tregua en la lucha social. El Gobierno se compromete a solucionar el caos educativo, eliminar los negociados de la Guardia Nacional y evitar su participación en las elecciones.

El Pacto de la Colina es un testimonio de la incapacidad de gobernar del Panamá político. Ernestito con Carlos Sucre expulsa a los dirigentes estudiantiles de todos los colegios de país.

Hoy, la educación colapsa y la corrupción se institucionaliza.

A los 60 años de la Operación Soberanía, pienso que la Guardia Nacional provocó la masacre de mayo para quitarle la trascendencia a la siembra de banderas, cumplía órdenes de EUA.

Nos hace falta una Generación como la de 1958, heroica y contestataria.

Recomiendo la lectura de La épica de la Soberanía para ampliar información.

HISTORIADOR, ESCRITOR Y DOCENTE.