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15 de Oct de 2019

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Leopoldo E. Santamaría

Columnistas

Invasión... una opinión

‘Lo lamentable, [...], es que [...], ninguno de los aspirantes a reemplazar al más obsecuente de los sirvientes, ha propuesto mejorar la educación [...]'

V eintinueve años han transcurrido desde aquella horrenda orgía de sangre, cuando el ejército más poderoso del planeta descargara, con saña, el más despiadado ataque, que jamás antes, pueblo alguno, en nuestro continente, haya sufrido; ataque devastador, ejecutado por soldados equipados con armamento sofisticado, de última generación, que la industria armamentista y la tecnología podían proveer en ese momento; lo que incluso les permitió probar algunas de ellas, en ese trágico como desigual ensayo guerrerista, como hicieron con el caza bombardero, Steahlt F-117 o caza furtivo, por ser indetectable a los radares, aunque equipados con bombas teleguiadas, ¡de 2000 libras! En 1983, fue creada la Fundación Nacional para la Democracia (NED), entidad ‘privada', encargada de canalizar fondos para desestabilizar a Panamá; dado que el agente de la CIA, quien controlaba el poder en Panamá, había perdido capacidad para seguir haciéndoles el trabajo que requerían; quien además, se había negado a colaborar en el ‘trabajo' que hacían en Nicaragua contra el régimen sandinista, enmarcado en la doctrina Reagan, decidida a hacer retroceder el ‘fantasma del comunismo'. En 1987, en Washington D. C., fue inscrita la ‘National Crusade of Panamá Inc.', presentada a la ciudadanía nacional en la Cámara de Comercio e Industrias de Panamá como la Cruzada Civilista Nacional; aunque de civilista solo tuvo el nombre, porque, a diferencia de los nacionales, a los invasores les lanzaron vítores de alabanza y gratitud.

Posteriormente, el otrora condecorado agente, por sus meritorios aportes a la lucha contra el narcotráfico, en el continente, quien incluso fue conferencista invitado en la Universidad de Harvard, comenzó a mostrar un rostro distinto; poco a poco, los medios de comunicación le observaron cualidades diametralmente opuestas, convirtiéndolo finalmente en la personificación del mal. El trabajo psicológico, científicamente programado rindió frutos, el rechazo ciudadano fue creciente, el repudio se generalizó, al grado que los estrategas de la horrenda invasión, que sembró muerte, destrucción y terror, tuvieron la desfachatez de identificarla como ‘causa justa'; y fue tal el convencimiento, que hasta un jerarca eclesial pidió llamarla liberación.

Bolívar, atinadamente, concluyó: ‘nos han dominado más por la ignorancia que por la fuerza' y efectivamente, solo que esta vez, como la mayoría del pueblo sabía que ellos lo crearon, que una vez identificado lo reclutaron en la CIA, luego lo entrenaron, lo fortalecieron y lo apoyaron, el pueblo no se prestó para sacarles al ‘monstruo' que ya no les servía; de modo que recurrieron a la fuerza, haciéndolo con tal sevicia, que no tuvieron reparo alguno en lanzar un promedio de dos bombas por minuto, durante las primeras catorce horas de la horripilante e indiscriminada masacre. Sin embargo, después de la fementida liberación, todos los Gobiernos ‘democráticos' han preferido doblar la cerviz, guardar las apariencias y seguir cumpliendo las directrices emanadas del centro del poder económico mundial, al cual parecieran servir con singular complacencia, puesto que la mayoría absoluta comparte sus intereses. Lo lamentable, sin embargo, es que a un año de que se cumplan tres décadas de aquel oprobioso crimen de lesa humanidad, en el actual escenario electoral, ninguno de los aspirantes a reemplazar al más obsecuente de los sirvientes, ha propuesto mejorar la educación, como pilar fundamental del desarrollo que es, porque únicamente a través de esa vía será factible consolidar el Estado nacional, mismo que hicieran pedazos durante aquella gesta de vergüenza hemisférica. Ignorando que solo una población educada, consciente y decidida podría reconstruirla, como paso fundamental para que, como sociedad, dispongamos nuestros recursos al servicio de las más ingentes necesidades de la mayoría.

Tengo la convicción profunda de que frente a los excesos de entes irracionales, que prefieren la imposición de la fuerza sobre la fuerza de la razón, lo único que cabe, por racional, ético y humano, es la educación. En la lucha histórica de nuestro pueblo, por consolidar el Estado nacional y ejercer, de manera efectiva el derecho a la libre determinación y exigir respeto a nuestros derechos soberanos, la educación es pieza clave e irreductible; basta revisar la gesta heroica del 9 de Enero del 64, para reconocer que la misma fue determinante en la eliminación del enclave colonial y la recuperación de nuestro principal patrimonio que es el Canal, el cual solo estará al servicio de los intereses nacionales cuando la educación recupere el protagonismo que jamás debió perder. Nelson Mandela dijo: ‘la educación es el arma más poderosa que se puede usar para cambiar el mundo'. Le conferimos prioridad a la educación o continuamos en el sendero de la democracia tutelada, aunque ello implique el riesgo de repetir la historia... ¿Usted qué opina?

MÉDICO

‘Le conferimos prioridad a la educación o continuamos en el sendero de la democracia tutelada, aunque ello implique el riesgo de repetir la historia...'