La Estrella de Panamá
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15 de Oct de 2019

Roberto Díaz Herrera

Columnistas

El presidente Cortizo y la parábola del taburete

‘El estilo es el hombre', [...]. Nito ha marcado ya como presidente una semilla de humildad. ¿La mantendrá? Creemos que sí'

‘Si observas bien los pequeños detalles, vislumbrarás las grandes obras', filosofía sufí.

De los actos protocolares, llenos de mensajes visuales o auditivos, al final nos queda un cúmulo de imágenes, de palabras, recuerdos, que pronto dejaremos de grabar. La memoria, si bien es una cámara fotográfica en un momento de tiempo, pronto, a fin de grabar otros, tiene que soltar muchos anteriores. Si nos concentramos en los tres últimos mandatarios, Cortizo incluido, tal vez recordemos la impulsividad de Martinelli con un mazo en la mano dirigiendo él —sin orden judicial alguna además— el derribo de un aviso en un lote de Amador perteneciente a un empresario. Es decir, la impulsividad irreflexiva. Si para mi óptica pienso hoy en Juan Carlos Varela, traigo a mi lente de la psiquis a un hombre que hablaba apurado siempre, sin pararse, a los periodistas. Es decir, un mensaje como ‘pregunta rápido que estoy apurado y tú no estás en mi nivel'. Vanidad...

Los actos recién ocurridos en la toma de posesión presidencial de Nito Cortizo nos dejan otro sabor, más allá de lo puramente formal. Aunque tal vez para muchos no fue más que un ‘flash' sin profundidad, yo rescato un valor de profundidad emocional y filosófica en lo que el nuevo presidente contó de manera jocosa: ‘Hace unos diez años un viejo en Olá, mientras yo le hacía una visita a un grupo, me dijo ‘mire Nito, si alguna vez usted llega a la Presidencia, yo no sé qué tiene esa silla que usan allí, algo tiene que no salen bien las cosas. Por eso yo le voy a regalar un taburete para que, de llegar a ese sitio, usted se siente'. Ese viejo del obsequio probablemente no sabía —¡cuidado sí!— la sabia sentencia que le transmitía a nuestro recién estrenado mandatario. El taburete vs la silla aterciopelada tiene, en mi opinión, una enorme carga de sabiduría y mensaje: ‘Nito, si acaso usted llegara a presidente, no se vaya a marear, siga siendo del pueblo'. El hecho de que llevara el taburete y lo mostrara en el salón lujoso en medio de los nombramientos de sus ministros y asesores debe indicarnos que Cortizo captó el mensaje, y no solo lo captó, lo quiere tomar en cuenta.

Es casi imposible que un mandatario nuestro se vuelva un Pepe Mujica; tendría que pasar mínimo por ser guerrillero urbano y aguantar 12 años de prisión incomunicado; y encima ser un ideólogo filosófico. Ya eso no se estila en tiempos de globalización y mercadeo. Sin irnos tan lejos, Omar Torrijos grabó su marca con tinta indeleble: un hombre profundamente humano, que pese a ser dictador (‘confeso y converso, pero un fenómeno irrepetible en América Latina', según Felipe González) que viajó por el planeta y fue recibido en palacios de distintas simbologías, se fue yendo más bien cada vez más lejos en las montañas huyéndole a los banquetes diplomáticos y protocolos, como nos consta. Por ello, pese a que hace casi cuatro décadas no está entre nosotros, su recuerdo quedó vivo y vívido en miles de hogares, altos, medianos y los que aún encienden una vela, porque no tienen electricidad.

Nito Cortizo nos ha traído una oratoria sencilla, llena de matices variopintos, pero esencialmente descomplicado. Llano, festivo, serio y duro en mensajes necesarios, sonriente para acercar sus palabras al pueblo de a pie.

‘El asunto no es cómo uno entra, sino cómo uno sale'. Esa, su propia sentencia, se volverá a favor o en contra, según cumpla o no sus promesas de cambios serios, ‘sin mentir, sin hacer trampas, sin robar'. Le toca la caja fuerte fiscal con el candado roto, igual que las finanzas. No es muy atractivo iniciar labores así, en medio del aguacero de esperanzas, luego de lo que muy bien definió como ‘la década perdida'.

‘El estilo es el hombre', dijo con fuerza y síntesis el filósofo. Nito ha marcado ya como presidente una semilla de humildad. ¿La mantendrá? Creemos que sí. ¿Por qué? Porque no tuvo la grata desdicha de nacer como bebé millonario, lo que sí ocurrió con algunos de sus predecesores, obvio que sin culpa de ellos. Pero quien nace en cuna millonaria jamás puede saber realmente cómo se siente un pobre. Y, además, la insistencia de ser humilde, y pedirlo reiteradamente a sus altos funcionarios, nos hace creer francamente que él desea que se le mire y recuerde de ese modo.

Al final, si deja el taburete en el salón presidencial, el viejo que se lo regaló lo estará observando.

CORONEL RETIRADO Y ABOGADO.