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19 de Sep de 2019

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Guillermo A. Cochez

Columnistas

Amor por el béisbol

La visita a Panamá de los Yankees de Nueva York, durante 1945, desató entre los panameños la pasión por ese deporte

La visita a Panamá de los Yankees de Nueva York, durante 1945, desató entre los panameños la pasión por ese deporte y la gran afición que ese equipo tiene dentro de la población, acrecentado con los panameños que han jugado en ese equipo como Héctor López, Roberto Kelly, Ramiro Mendoza y Rubén Rivera, pero sobre todo por el mejor relevista de todos los tiempos, Mariano Rivera, recién ensalzado al Salón de la Fama en Cooperstown, Nueva York.

Durante las series del Caribe de 1952 y 1956, donde solo participaban Cuba, Venezuela, Puerto Rico y Panamá, muchos grandes ligas de esas naciones, reforzados con norteamericanos, jugaron aquí, dándole brillo al torneo beisbolero más importante de la época después de las Grandes Ligas. Recuerdo el ‘staff' de lanzadores de Cuba en 1956: Camilo Pascual, Pedro Ramos, Héctor Maestri y Orlando Peña, todos grandes ligas. Fueron imbatibles, aunque Panamá, con Humberto Robinson en la lomita, casi le gana a Cuba.

En 1957 vinieron a Panamá las Estrellas Negras de Willie Mays y en 1972 llegaron a serie de tres juegos los Piratas de Pittsburgh, quienes alternaron con la selección nacional. En esos Piratas, Panamá tuvo tres regulares: el ‘catcher' Manny Sanguillén, el segunda base Reinaldo Stennett y el veloz jardinero Omar Moreno. En el equipo también estuvo Eduardo ‘Coca-Cola' Acosta, apodado así por su tamaño, nunca llegó a pegar.

Con la inducción de Mariano al Salón de la Fama, serán dos los panameños allí. Rod Carew, el gran bateador de los Mellizos de Minnesota y los Angelinos de California que, al igual que Mariano, nunca jugó en la Liga Profesional de Béisbol, tal como se concebía en esos tiempos, que se suspendió luego de los sucesos del 9 de Enero de 1964.

Nos supera en el salón de la gloria del deporte Puerto Rico con la inducción este año de Edgar Ramírez, aunque este nació en Nueva York. De allá vienen el gran Roberto Clemente, que jugó aquí con los Piratas en 1972, Orlando Cepeda que estuvo aquí en una Serie del Caribe, Iván Pudge Rodríguez y Roberto Alomar. República Dominicana tiene dos lanzadores con Juan Marichal y Pedro Martínez, y en unos años se sumarán David Ortiz y Albert Pujols. Venezuela con Luis Aparicio, que también jugó aquí. Pronto tendrá a Miguel Cabrera. México no tiene a nadie en el Salón de la Fama. Con el desarrollo que el béisbol tiene en Curazao y Aruba así como en Colombia, pronto nos saldrá una estrella que deslumbrará.

Antes del fútbol y el boxeo, la joya del deporte era el béisbol. Si se ha ido apagando esa afición ha sido por la falta de apoyo gubernamental, al no construir más estadios en las comunidades para promover ligas infantiles e intermedias. Cuando lo ha hecho, en papel, como en los anteriores Gobiernos, es triste ver el resultado y a donde han ido a parar los bates, los útiles y las pelotas: al bolsillo de algún diputado.

• Podemos atraer al país a algún equipo de Grandes Ligas para que construya su escuela para noveles jugadores, tal como en República Dominicana, criadero de nuevos grandes ligas, como era en Venezuela donde esa escuela se ha ido. ¿Se imaginan lo que significaría traer a una escuela de un equipo grande aquí? Piensen en la cantidad de jóvenes deportistas que podrían tener un mejor futuro en el béisbol organizado del mundo, hoy desarrollado también en Japón, Taiwán y Corea del Sur.

• La pelota está en el terrenos del nuevo Gobierno. Para impulsar el deporte, al igual que para levantar todo de nivel, se requiere de creatividad e ingenio. Pero, sobre todo, el manejo transparente de los fondos que se dediquen al deporte, que tanto se han dilapidado en los últimos Gobiernos.

ABOGADO