La Estrella de Panamá
Panamá,25º

13 de Oct de 2019

Guillermo Eduardo Ledezma Bradley

Columnistas

Un clic, 30 años después; Ron Haviv y Lauren Walsh

Vinieron a auscultar la verdad sobre aquella foto icónica de la preinvasión a Panamá, donde aparece Billy Ford con la camisa ensangrentada

Vinieron a auscultar la verdad sobre aquella foto icónica de la preinvasión a Panamá, donde aparece Billy Ford con la camisa ensangrentada, frente a un hombre amenazándolo con una vara. La tomó Ron Haviv, cuando era ayudante para fotorreportajes; así son las cosas, como se dice: estar en el lugar correcto, en el momento correcto.

Este fotógrafo tiene otras imágenes dantescas tomadas en distintos escenarios de violencia, conflictos internacionales, hambrunas y catástrofes naturales; estuvo allí, donde ocurren esos hechos que atemorizan y avergüenzan a la especie humana, pero que son parte de su devenir de angustias, desenfrenos, abusos de poder, inequidad y maltrato social.

Lo primero que les dije a Ron y a Lauren, es que hay un antes y un después del clic que abre el obturador y capta, en el caso de estos sucesos, alrededor de cuatro o cinco imágenes por segundo, dependiendo del tipo de cámara y del fotógrafo. Ron asiente, como coincidiendo con mi advertencia de que una imagen no puede publicarse sin una explicación, sin el testimonio de sus protagonistas. Aquella foto de Ford apareció en la revista Time y no recuerdo en cuántos otros medios impresos, y fue uno de los detonantes de la invasión a Panamá, el 20 de Diciembre de 1989; hoy busca su verdad biográfica.

Para cumplir histórica y responsablemente con la solicitud de estos periodistas, llamé a Chachi De Gracia y a Chalo González, por considerarlos patriotas que nunca han abandonado la lucha antiimperialista. Brindaron sus testimonios valientes, veraces y me pareció que 30 años es un lapso que pierde su temporalidad, cuando se trata de temas que gravitan de manera tan angustiante sobre nuestras vidas. Chachi dejó claro que los batalloneros llegaron a Santa Ana cuando ya habían sonado los disparos, que los guardaespaldas de Billy eran gringos, y que aquella encerrona para los candidatos de la ADO Civilista fue un montaje de quienes estaban interesados en desvirtuar una lucha centenaria, convirtiéndola en un asalto de delincuentes comunes.

También vino Lissette Carrasco, periodista que reportaba para la agencia española ACAN-EFE, y corroboró ante las cámaras de Ron y Lauren que los disparos sonaron antes de que llegaran los batalloneros, y que había efectivos del G2 identificados con suéteres del Batallón de la Dignidad de Barraza.

Quizás estos periodistas abran la urna histórica donde se depositó la verdad que nadie quiere oír, porque quienes han sido inmisericordemente vejados con las más inauditas mentiras somos los batalloneros. Pero los verdaderos autores de las desventuras nacionales de aquella época fueron otros, con propósitos inconfesables; lo que sucede con la verdad, es que para todos es más cómodo aceptar la mentira que se ha instalado, que reconstruir los hechos y señalar a los verdaderos culpables.

Se acepta que 30 años es el lapso adecuado para cierto tipo de desclasificaciones. Ojalá que el documental que vinieron a filmar Ron y Lauren motive a otros, que saben qué fue lo que realmente sucedió aquel 10 de mayo de 1989. Porque, sin dudas, la historia que se ha escrito sobre la invasión está llena de mentiras; manipulaciones de nuestra oligarquía, protagonista de quién sabe cuánto más de lo que ya sabemos; de clics, sin un antes y un después.

Mucho antes de los Ron y Lauren, vivimos vergüenzas sociales durante 302 años, cuando los virreinatos españoles; luego, padecimos las ambiciones de las oligarquías criollas colombianas e ístmicas durante 82 años, soñando el sueño bolivariano de una gran Patria latinoamericana; después, 96 años como República sin soberanía, subyugada por los gringos y sus compinches adinerados; y finalmente, 19 años como nación supuestamente soberana, secuestrada otra vez por la plutocracia.

Puede decirse que durante los 21 años de dictadura la oligarquía panameña disfrutó un sabático que utilizó para acrecentar su acervo de opulencias, afinar su maléfico arbitrio social y deformar a sus descendencias con nuevas maneras de sostenerse en el vergonzoso ápice de la pirámide capitalista criolla.

500 años de guerras imperiales y clasistas que se ocultaron detrás de la política y traiciones a la Patria para agradar a los españoles, colombianos y gringos; inequidades inconfesables diseñadas y aplicadas para conformar nuestras clases sociales; alianzas escandalosas del capital extranjero con las opulencias nacionales; las religiones en inmorales pactos con los poderes, y un etcétera que horrorizaría el estrecho espacio de cualquier confesionario.

Después que el Times publicó la foto tomada por Ron Haviv, acudimos a la triste convocatoria del espectáculo sociohistórico panameño, montado desde que Balboa descubrió el Mar del Sur... el epílogo de esta tragedia histórica empezó cuando Torrijos desapareció en el cerro Marta. La invasión no fue más que la manera de borrar de un tajo mortal, sanguinario e injusto, lo que podría haber sucedido si un proyecto de reivindicación social pacífico hubiera triunfado en Panamá.

ESCRITOR