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22 de Oct de 2019

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Columnistas

Círculos

“Los de los círculos estrechos, (verbigracia: los juegavivo), amplían sus circunferencias de influencia hasta donde los puedan controlar para su beneficio personal”

La inmensa mayoría de las personas que anda sobre la Tierra: operan, estudian, trabajan, se alegran, ríen, lloran, sufren, hacen fiestas, se casan, forman una familia, se divorcian, toman decisiones, etc., y viven esa cadena de eventos y sucesos repetidamente dentro de uno o varios círculos muy particulares hasta el día que se mueren. Círculos estrechos en donde todo vale y el más vivo es quien reparte y controla los espacios existentes.

Los menos, viven la cadena mencionada, pero extienden sus alas y sus horizontes para recorrer el mundo, visitar otras esferas, conocer otras culturas y ensayar otras conductas de comportamiento, que los sensibilizan ante los espacios y los derechos de los demás. Son círculos mentales más espaciosos y creativos; prácticos en la búsqueda del bien común, en donde se albergan los sueños de otros y comparten las riquezas de cada uno a medida que cooperamos para construir mejores espacios.

Los de los círculos estrechos, (verbigracia: los juegavivo), amplían sus circunferencias de influencia hasta donde los puedan controlar para su beneficio personal.

Los de las alas y el vuelo alto y de horizontes interminables, entienden la multiplicidad de los círculos que forman parte del mundo y los espacios que en ellos se mueven. Saben y aceptan el comportamiento que ha de ser, para ser parte del círculo que se construye cada día sobre el respeto y la obligación de ser mejores. El uno para el otro, los varios para el todo y para que cada círculo siga siendo un mundo en donde la humanidad puede llegar a extenderse lo más que se pueda hacia el infinito.

No nos engañemos, el universo es tan dinámico y aún desconocemos mucho sobre las fuerzas que lo mueven (los que creemos en la ciencia y no le dejamos todo a un ser supremo). Ese ignorancia nos obliga, por el bien del desarrollo social y humano, a interactuar con círculos discordantes. Gente de todos lados y circunstancias: los vecinos, los colegas de la empresa, maestros y padres de familia de los muchachos, religiosos que están por todas partes y de todas las denominaciones; los políticos y los corruptos. Es una necesidad que, por la simple realidad de existir, no podemos soslayar. Es necesario para avanzar.

La semana pasada hice énfasis en que ni el partido gobernante, ni el presidente Cortizo se habían pronunciado decididamente sobre la ruta y la conducta de la Asamblea de Diputados, en donde sus miembros son mayoría. Ese círculo es un mundo que nos viene sorprendiendo todos los días y no para bien, a pesar de las expectativas desde el mes de mayo pasado. Y, entonces, el presidente de la Comisión de Presupuesto, el diputado Benicio Robinson, afirmó con fuerza y certera convicción, que: “… La educación no aporta nada al fisco”.

El diccionario de la Real Academia Española define vergüenza como: “turbación del animo, que suele encender el color del rostro, ocasionada por alguna falta cometida, o por alguna acción deshonrosa y humillante, propia o ajena”. La dinámica social y política en los círculos estrechos, como el de la Asamblea de Diputados, en donde, como se dice en el argot popular, “hay que tragar sapos” y “fumar debajo del agua”, no existe la vergüenza, conducta necesaria para corregir desatinos y males, con el fin de emprender vuelos más altos.

No sé si el diputado Robinson haya sentido vergüenza, porque suficientes eventos a lo largo de su presencia en el escenario público han dado pie a que lo perciba, pero al parecer, no le ha “turbado el ánimo”. Creo que a los de afuera de ese círculo tampoco nos ha dado vergüenza, más indignación que otra cosa ha producido. Molestia y rabia que un representante de un órgano tan importante del Estado no mida cuidadosamente sus planteamientos “filosóficos” sobre un asunto tan vital para el desarrollo humano y del Estado, como lo es la Educación.

En los países avanzados social y culturalmente, igual que acá, los círculos convergen, pero la diferencia es que los círculos de alas y vuelos altos han desarrollado la fortaleza suficiente para combatir decididamente cada intento de expansión de los de mente estrecha. Y es precisamente la educación, la que converge conjuntamente con un sentido de respeto al servicio público, con humildad, cultura, solidaridad social, crecimiento, desarrollo y vergüenza, lo que agrega un inmenso valor a esas sociedades.

Comunicador social.