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15 de Nov de 2019

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Ramón Fonseca Moraopinion@laestrella.com.pa

Columnistas

¿Es un crimen vender una sociedad anónima?

“El amenazar el sistema societario de un país por cambios de leyes o casos que crean precedentes es algo peligroso. Muchos izquierdistas lo buscan, porque saben que es un eslabón débil del sistema económico capitalista”

Esto es lo que parecen creer el Ministerio Público y la señora procuradora. Por eso he decidido escribir este artículo tratando de ilustrar a mis queridos lectores acerca del tema.

Las sociedades entre personas nacieron como una necesidad a principios de la era industrial, cuando con el crecimiento de la economía se empezaron a construir fábricas más grandes, empresas más temerarias –como las de conquista y negocios marítimos en ultramar, y una sola persona no tenía el capital necesario para emprenderla o no deseaba arriesgar mucho capital en la aventura. Entonces, varias personas se unían y firmaban pactos en los que se dividían las ganancias en caso de éxito. Poco a poco estos contratos comenzaron a tener vida propia y se convirtieron en sujetos de derecho por sí mismos, sin involucrar a ninguno de sus accionistas. Es decir, eran como personas físicas, con derechos y obligaciones, igual que un humano, pero sin su cuerpo. Muy pronto algunos de los accionistas desearon ser anónimos y entonces se le emitía un certificado “al portador”, el cual era suficiente su presentación para cobrar su parte. Por ello el nombre “sociedades anónimas”.

Pasó el tiempo y el mundo evolucionó y a pocos se les ocurría ya hacer negocios a nombre personal, arriesgando el resto de su patrimonio si una empresa quebraba. Esto permitió la expansión del capital y que hombres que lo poseían no lo engavetaran, sino que lo utilizaran en diferentes proyectos. Entonces el número de sociedades creció a millones, siendo utilizadas hoy en el mundo entero, incluyendo los países socialistas en donde el dueño de algunas de ellas es el Gobierno. Ese es el caso, por ejemplo de China, en donde muchas empresas que hacen negocios y proyectos en Panamá son estatales y otras son privadas. Hago un paréntesis y digo que desde que se permitieron las sociedades anónimas para las personas y su uso para la fabricación y el comercio, China ha dado un salto espectacular hacia su desarrollo económico.

Como dije, el uso de sociedades se multiplicó y su uso se expandió a otras áreas de la economía, como dueñas de bienes raíces, barcos, aviones, cuentas de banco, planificación de herencias, flotas de camiones, terrenos, y de todo lo que existe sobre la tierra. No se podría concebir un mundo sin su existencia, y por ello cada país en la Tierra tiene sus leyes que las rigen; algunas más estrictas que otras. Algunos países cobran impuestos altos, otros, bajos. Y, por supuesto, los clientes buscan sociedades que paguen lo menos posible. Es algo lógico y humano.

¿Y quienes forman las sociedades anónimas y las ponen a disposición del extenso público que las necesita en el mercado internacional? Los abogados. Entonces, por ello, ¿son los abogados responsables de las acciones, buenas o malas, que hacen las sociedades que forman? ¿Reciben dividendos en caso de éxito, y castigo en caso de usos ilegales de estos instrumentos? Por supuesto que NO, a menos que participen en las transacciones de estas personas jurídicas, lo cual casi nunca es el caso. El cliente busca al abogado por sus conocimientos jurídicos, no comerciales; aunque se dan casos esporádicos que esto puede suceder. Si alguien construye una bicicleta y esta atropella a un pobre prójimo, a ningún ser con dos dedos de frente se le ocurriría culpar al fabricante de la bicicleta.

El amenazar el sistema societario de un país por cambios de leyes o casos que crean precedentes es algo peligroso. Muchos izquierdistas lo buscan, porque saben que es un eslabón débil del sistema económico capitalista. Las sociedades anónimas menos rígidas; es decir, aquellas constituidas en jurisdicciones como Delaware (250 mil por año); Inglaterra (200 mil por año), son frágiles, pero lo son aún más aquellas constituidas en lugares como Panamá (de 25 mil a 7 mil por año) y otros lugares como Bahamas, Islas Vírgenes Británicas, etc... que no tienen un Gobierno fuerte que las defienda. Y es que existe en el mundo una competencia feroz para la venta de estos vehículos jurídicos, en donde los más débiles son atacados y muchas veces perecen.

Por eso es importante trabajar en volver a colocar a Panamá en el sitial que tenía —atraen negocios, capital, empleos, inversiones— y comprender que NO es un crimen vender una sociedad anónima, aunque algunos despistados piensen lo contrario.

Abogado y escritor.