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21 de Jan de 2020

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Julio Yao Villalaz

Columnistas

Estados Unidos e Irán, ¿al borde de la destrucción mundial?

La verdad sea dicha: antes de dicho ataque, Estados Unidos hostigaba y aplicaba sanciones a Japón en toda Asia en apoyo a Inglaterra e igualmente regaló barcos de guerra y portaaviones al Imperio Británico mientras se declaraba hipócritamente como “neutral”.

Con los ataques en legítima defensa a tres bases militares de Estados Unidos en Irak, por parte de Irán, es necesario recordar cuál es el origen del actual conflicto entre ambos Estados.

Hace muchos años, Estados Unidos decidió reconfigurar completamente el Medio Oriente y también el resto del mundo para que no sobreviviera ninguna nación-Estado y sus pueblos –ahora sin soberanía– no fueran capaces de administrar o disponer de sus recursos y riquezas, de tal forma que se vieran obligados a entregárselas a Estados Unidos y sus corporaciones.

En el Medio Oriente se trata de destruir todos los Estados (árabes y no árabes) para crear el Gran Israel a costa de países vecinos, amén de mordisquear sus despojos. Es lo que se conoce como la teoría del Caos Constructivo, la cual está fracasando gracias a Siria, Irán y Rusia y en especial a Soleimani, el más grande estratega del mundo según la Revista Foreign Policy de Estados Unidos. El tradicional desprecio por otras culturas, ha hecho que Estados Unidos subestime la figura de Soleimaní, visto como un Soldado de Dios.

Por supuesto, el Caos Constructivo también se aplica a la América Latina y el Caribe, y tiene el objetivo ya señalado; particularmente con miras a apropiarse de las riquezas de Venezuela, especialmente su petróleo, y el litio de Bolivia, Argentina y México. Suenan con esto después de “acabar” supuestamente con Irán, lo que está en duda.

Estados Unidos asesinó a Qasem Soleimani, tendiéndole una trampa, como lo dijo el Primer Ministro de Irán. Estados Unidos invitó al jefe de la Guardia Revolucionaria a una negociación en Bagdad.

Los aliados de Irán como Rusia y China deben ejercer presión para que Estados Unidos no se le ocurra apretar el fatídico botón...

Soleimani estaba acostumbrado a tratar con las fuerzas de Estados Unidos en el curso de la guerra y posiblemente se confió de buena fe en su iniciativa.

Obviamente –como sostienen 27 psiquiatras de Estados Unidos en reciente libro– el presidente Donald Trump no debe ejercer el cargo por muchas razones que lo convierten en el hombre más peligroso del mundo.

De la misma manera, como Trump decidió asesinar (fue la palabra que usó) al general Soleimani, como si fuera lo más natural del mundo, con esa misma irresponsabilidad e inconciencia, el presidente de Estados Unidos es capaz de cumplir con lo que ha afirmado: borrar del mapa completamente a Irán, lo cual solo es posible con una destrucción nuclear.

Al ser comandante de las fuerzas armadas de Estados Unidos, Trump podría apretar el botón fatídico de la misma forma como el presidente Harry Truman arrojó tranquilamente las bombas sobre Hiroshima y Nagasaki y se fue a tomar una cerveza.

A pesar de que Trump inició la actual pesadilla por razones completamente frívolas como lo puede ser su posible reelección, lo cierto es que sus asesores militares están utilizando el mismo argumento de Pearl Harbor como pretexto en 1941, cuando Japón supuestamente atacó de sorpresa a Hawaii.

La verdad sea dicha: antes de dicho ataque, Estados Unidos hostigaba y aplicaba sanciones a Japón en toda Asia en apoyo a Inglaterra e igualmente regaló barcos de guerra y portaaviones al Imperio Británico mientras se declaraba hipócritamente como “neutral”. Las personas mayores de 70 años recordarán en este sentido la película “El Puente sobre el Río Kwai” (Birmania), en cuya construcción los japoneses impusieron trabajo forzado a los ingleses.

Los ataques de Irán a las tres bases de Estados Unidos en Irak le servirán a Trump igualmente de pretexto para azuzar el chauvinismo y el racismo inculcados en la cultura del pueblo norteamericano, condicionado para creer en su supremacía sobre el resto del mundo.

La actual situación puede poner el mundo y a la humanidad al borde de la destrucción. Como nos los ha recordado el presidente Putin de Rusia, Albert Einstein dijo que ignoraba con qué armas se pelearía la Tercera Guerra Mundial, pero que sí sabía que la Cuarta Guerra Mundial se pelearía con piedras y palos. Einstein y el presidente Putin reconocen que una guerra nuclear no es opción, pues será la última.

La paridad nuclear entre las grandes potencias (Estados Unidos, Rusia y China) las inhabilita para lanzar armas atómicas entre sí. A esto se le conoce como Destrucción Recíproca (Mutual Destruction). Por este motivo, es una irresponsabilidad de marca mayor sugerir que Rusia y China ataquen a Estados Unidos con armas nucleares en defensa de Irán, como sugieren algunos analistas.

Los aliados de Irán como Rusia y China deben ejercer presión para que Estados Unidos no se le ocurra apretar el fatídico botón o chantajear a países débiles con su poderío nuclear, como a la RPD de Corea. Sin embargo, las Naciones Unidas (ONU), controladas por Estados Unidos, son incapaces de mediar entre Estados Unidos e Irán y asegurar la paz y la seguridad mundial.

Estados Unidos, abusando de que la ONU opera en territorio suyo, están impidiendo que la agresión a Irán e Irák sea debatida en el Consejo de Seguridad, órgano responsable de la paz y la seguridad internacionales. El gobierno estadounidense le ha negado visa al canciller o ministro de Asuntos Exteriores de Irán para impedirle presentarse ante el Consejo de Seguridad.

Estados Unidos le ha negado la visa a diplomáticos rusos que deben tratar asuntos en las Naciones Unidas, y China no es una excepción. La ONU es completamente incapaz de detener la locura del presidente Trump.

La comunidad internacional debe remediar esta anomalía moviendo su sede transitoriamente a otros países, de la misma manera como antes se hizo, a petición de Panamá, la Reunión del Consejo de Seguridad para tratar el problema del Canal y la soberanía en marzo de 1973 en Isla Contadora.

Mientras tanto, como auténtico truhán y gánster, Trump juega a ser Dios pero arroja sus dados como Satanás sobre la túnica de nuestra humanidad.

Internacionalista y ex asesor de política exterior