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13 de Jul de 2020

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Eduardo Antonio Quirós B.

Columnistas

Infodemia

“[…] los ciudadanos del mundo, tenemos derecho a conocer en detalle todos los acuerdos de colaboración que la OMS está ejecutando con las empresas de motores de búsqueda y redes sociales para “filtrar los mensajes falsos y promover información exacta”, porque podría constituir censura previa […]”

A mediados de febrero pasado, cuando todavía la Organización Mundial de la Salud (OMS) no había declarado la pandemia, ya su director general mencionaba la necesidad de enfrentar otro desafío: la infodemia.

La OMS creó el neologismo, ensayó una definición y ha marcado una ruta de acción para combatirla, sobre la premisa de que “la infodemia puede empeorar la pandemia”.

“Un gran aumento del volumen de información relacionada con un tema particular, que puede volverse exponencial en un periodo corto debido a un incidente concreto como la pandemia actual”, es la forma como la OMS explica la infodemia.

Pues sí, cualquier evento global puede producir un incremento no común en informaciones, reacciones y comentarios. De hecho, las famosas tendencias (“trending topics”) son expresión de esto. Lo que no encuentro tan preciso es decir que producto de esto aparecen en escena “la desinformación y los rumores, junto con la manipulación de la información con intenciones dudosas”.

Esas prácticas están en el diario desenvolvimiento de la comunicación, con o sin pandemia, por más perniciosas que las podamos considerar. Combatirlas es algo cotidiano a lo que estamos enfrentados, independientemente de las circunstancias actuales.

Algunos han dicho que la desinformación puede haber agravado el impacto del virus. Es un elemento para tomar en cuenta, sin embargo, favorecer fuentes confiables y promover la verificación de la información es ya un comportamiento que hay que fomentar ante la normal interacción con los contenidos que nos provee el infinito mundo digital.

En el documento que a propósito de la infodemia divulgó la OMS le da importancia a que se han subido a YouTube más de 360 millones de videos, se han publicado 550 millones de tuits sobre el coronavirus y a la desinformación que “se basa en teorías de la conspiración”. Considero que la Organización desatina al darle demasiada relevancia a esas especies. Algunas propaladas hasta por Gobiernos miembros de la OMS.

Para combatir la desinformación, mal intencionada o no -porque podría haberla de buena fe-, no hay que coartar la libertad de expresión ni establecer “controles de calidad” ni demonizar las redes sociales. La desinformación se desvanece con información.

En la medida en que se divulgue información veraz y confirmada sobre el origen del virus, las causas de su propagación, los tratamientos y todo lo relacionado a cómo se enfrenta, todo lo demás irá quedando como cuentos de camino.

Fomentar la comprensión, verificación, análisis y reflexión sobre la información que se recibe es algo que siempre será necesario y también lo era antes de las redes sociales o incluso del internet.

Tan es así, que sobre el propio tema del COVID-19 la información no es definitiva ni viniendo de las fuentes oficiales. ¿Por qué? Porque estamos ante una situación inédita y su dinámica es cambiante.

Pretender que los ciudadanos solo nos informemos de fuentes oficiales es un despropósito. En este grave tema, como en todos, los ciudadanos debemos ejercer plenamente nuestro derecho de acceso a la información (constitucionalmente consignado).

Observemos, como ejemplo, lo sucedido en España. De un día para otro, las autoridades ajustaron la cifra de fallecidos en dos mil personas (a la baja), para al día siguiente conocerse que el Centro Nacional de Epidemiología registraba un 55 % de aumento en la mortalidad desde el 13 de marzo, lo cual podría significar que el total aumentaría significativamente. Evidentemente amerita una investigación, más allá de la de las fuentes oficiales, para establecer si son por la pandemia, por causas indirectas u otras.

Finalmente, a propósito de infodemia y acceso a la información, los ciudadanos del mundo, tenemos derecho a conocer en detalle todos los acuerdos de colaboración que la OMS está ejecutando con las empresas de motores de búsqueda y redes sociales para “filtrar los mensajes falsos y promover información exacta”, porque podría constituir censura previa de acuerdo con lo establecido en convenios internacionales.

Abogado, presidente del Grupo Editorial El Siglo - La Estrella de Panamá.