25 de Sep de 2021

Chiara Fong Morales

Columnistas

De percepción citadina y otros tormentos diarios…

“Nuestras ciudades no se reducen a edificaciones y configuraciones físicas, son un todo. En muchos aspectos enmarcan distintas realidades […]”

“… deseamos aquella tranquilidad que muchas veces cedimos por un desarrollo que nos dio la espalda, quitándonos hasta donde poder caminar”.

Ya es tema diario ver en distintos escenarios cómo los reclamos ciudadanos se manifiestan sobre la difícil tarea de coexistir en un medio que tiene tantas contradicciones no solo en la configuración “per se”, sino también en la normativa que ha sido aprobada y las decisiones que las autoridades toman indistintamente si sus votantes están de acuerdo o no.

En las redes sociales, por el alcance que conllevan, se aprecia una cantidad de temas que se convierten en debates e interacciones, pero que no terminan de calar en los agentes que toman decisiones.

Hoy en día, el Gobierno local no termina de comprender la importancia de una acera, tampoco ha logrado solucionar la apropiación ilegal sobre el espacio público por parte de los conocidos “bien cuida'os” y también, persiste la situación con edificaciones privadas (condominios) y comercios que se hacen del espacio público en beneficio propio, desconociendo que el origen y uso de ese bien, es público. El derecho que tenemos todos sobre nuestra ciudad, no se limita a una elección, como dijo un concejal semanas pasadas, “que para eso estaba el representante”, errado. Va más allá de una representatividad, se trata de la acción y el involucramiento ciudadano constante.

De hecho, el “Derecho a la Ciudad”, no es un concepto nuevo, el francés Henri Lefebvre (1968), escribió un libro bajo el mismo nombre y relata el impacto negativo que sufren las ciudades que solo están destinadas (y han sido destinadas) para acumular capital, y es donde propone que la gente vuelva a apropiarse de la ciudad utilizando todas las herramientas posibles.

En la actualidad, se aprecia un interés genuino de saber y estar pendiente sobre las decisiones de los concejales de la comuna capitalina, reconociendo también que los ciudadanos están más sensibles a la información disponible, si basamos este interés ciudadano en la escalera de participación de Sherry Arnstein (1969), de su famosa publicación “A Ladder of Citizen participation”, nuestro nivel de participación difícilmente alcanza más allá del peldaño número cuatro (4) al que ella denomina “Consulta”.

Que es la forma que utilizan los tomadores de decisión para que las personas crean que están participando, pero la conclusión y el involucramiento en las decisiones finales estarán condicionadas, siempre y cuando en la “consulta” se vea reflejada una participación alta, es decir, se valora en términos cuantitativos. Si al final, no resultó tener el alcance cuantitativo deseado según los tomadores de decisión, siguen a otro tema pensando que “ya cumplieron”.

Así se pasa de tema en tema, surge uno nuevo cada semana y se van acumulando en una vorágine de insatisfacción. Si a esto sumamos factores intangibles, pero que inciden en el colectivo y se ve reflejado en el comportamiento social, como la incertidumbre de varios ciudadanos sobre su futuro laboral, económico, la falta de tolerancia en las calles, la inseguridad que ya no respeta día ni hora y por supuesto, la ansiedad de muchos por estar sanos a la espera de una vacuna. Es obvio que el ciudadano “priorice” sus preocupaciones, dejando atrás temas igual de importantes y exigibles ante las autoridades. Al final, dicha falta de exigencia se va diluyendo en un mar de conflictos y viene la “anestesia colectiva”, de la que muchos tomadores de decisión se valen para obviar el trabajo que deben hacer.

Nuestras ciudades no se reducen a edificaciones y configuraciones físicas, son un todo. En muchos aspectos enmarcan distintas realidades y, aunque por mucho tiempo y por varios Gobiernos se pensó que mostrar torres altísimas, vidrio y calles de tres vías era sinónimo de desarrollo, esta pandemia nos ha obligado a repasar lo básico, lo medular, la gente.

Ahora se considera la importancia de crear vínculos fuertes dentro de nuestras comunidades, de estar informados de lo que hace aquel vecino al cual le dimos el voto para que nos representara ante un concejo municipal y lo más importante, deseamos aquella tranquilidad que muchas veces cedimos por un desarrollo que nos dio la espalda, quitándonos hasta donde poder caminar.

¿Acaso nos olvidamos de quienes habitan y de sus necesidades más apremiantes?

Abogada y docente universitaria.