30 de Nov de 2021

Columnistas

Justicia para los instrumentistas

“En marzo del 2019, […], se acudió a la Asamblea Nacional, […] a la Oficina de Participación Ciudadana, a presentar un anteproyecto de ley (sobre) […] la […], regulación del ejercicio de la profesión […]”

Quizás el título de este escrito parezca desconocido para miles de personas, pero para los encargados de esta noble profesión es más que un reto, es un acto dignificante, con altas y bajas, con el amor al prójimo en los momentos más difíciles de nuestras vidas.

Y es que en todos los países están a la vanguardia de los galenos mientras se desarrolla alguna intervención quirúrgica de cualquier índole, ya que todas son importantes para el ser humano, dado el hecho de algún padecimiento físico.

Permitirme señalar que la medicina nació con el ser humano es imperante acotar que, de acuerdo con el transcurrir el tiempo, el desarrollo investigativo de la ciencia va de la mano con instrumentos de carácter legal y administrativo que estén de acorde con el nivel y la responsabilidad que merece el tratamiento de la salud.

Es por ello por lo que nuestro país no escapa de una organización fundada con el fin de ser solidarios con sus agremiados, me refiero a la Asociación de Instrumentadores Quirúrgicos, Profesionales y Técnicos de Panamá, quienes buscan ejercer con eficacia y efectividad, manejando riesgos y optimizando los recursos para brindar con excelencia una buena atención a los usuarios de los servicios de cirugía en los hospitales públicos y privados.

En marzo del 2019, por iniciativa propia, se acudió a la Asamblea Nacional, específicamente a la Oficina de Participación Ciudadana, a presentar un anteproyecto de ley para que se discuta la inclusión de la capacitación, regulación del ejercicio de la profesión, incluyendo a los comercializadores de instrumentos e insumos médicos y, lo más importante, el reconocimiento de la idoneidad, que ha sido una incesante batalla que se ha trazado, pero que, en la práctica, no se llega a cristalizar.

Es increíble que, en este nuevo siglo que evoluciona inexorablemente a pasos agigantados, aún existan ambivalencias en cuanto a temas de la desigualdad y desconocimiento de la importancia de sectores de tal envergadura, como es el que señalo, aun cuando no debe tratarse de voluntad política, sino de un acto de justicia social y profesional.

Si, por lo menos, soñáramos que exista el interés de los diputados que ejercen la medicina, le dieran un toque de elegancia a este anteproyecto número 156, se dejara de existir la desigualdad, ya que la condición actual de estos gremios no se apega a las leyes regulatorias, código ético de la OMS, OPS y a los parámetros establecidos por la Universidad de Panamá en la Facultad de Medicina.

Esperamos, pues, que, por el bien de la salud, se retome esta iniciativa que llega en un momento muy oportuno luego de la reciente crisis de la pandemia de la COVID-19, que hizo apostar al mundo entero, del que nuestro país aún no escapa, a escoger entre la vida y la muerte, cumpliendo con rigurosos estándares y el significativo cambio de hábitos en la vida de cada uno de los habitantes.

Así mismo, igual a lo arriba descrito buscara la regulación de la profesión que, a mi juicio, otorgándoles sus respectivas idoneidades a quienes realmente se lo merecen se logrará optimizar los procedimientos de manera congruente sin recurrir a accidentes, como hemos vistos recientemente de fallecidos en salas de operaciones por la forma desordenada e irresponsable como se está manejando este delicado tema.

Comunicador social.

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